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¡Ay, qué tiempos, San Valentín!


Por Deborah Buiza


Desde aquellos días en los que San Valentín se opuso a la orden de prohibir los matrimonios para los jóvenes y continúo celebrando matrimonios en secreto, o de aquellos en los que se inició la comercialización de la celebración del amor, a este febrero en medio de una pandemia, muchas cosas han ido cambiando en torno a las relaciones amorosas, y es que el ser humano es así, dinámico. Hoy resulta importante plantearnos qué tipo de interacciones queremos en nuestra vida e ir construyendo relaciones más sanas.

En nuestro beneficio, por nuestra salud mental y emocional, valdría la pena revisar las creencias que tenemos respecto al amor y a las relaciones de pareja, sobre todo aquellas que han dado pie a normalizar y romantizar el maltrato y que se convierten en una especie de telaraña de la cual en muchas ocasiones es muy complicado salir, una vez atrapado en ella.

Quizá es radical pensar en eliminar de tajo y sin miramientos aquellas relaciones que no aportan y que generan intranquilidad, pesar, inestabilidad, incertidumbre, tristezas y más dudas que alegrías, simplemente porque roban energía, tiempo, espacio y recursos que son limitados, y porque influyen en la calidad de vida que tenemos. Una mala relación puede impactar brutalmente en la vida de una persona, hasta dejarlo devastado.

Pero, ¿cómo saber que la relación en la que estamos puede no sólo no ser positiva sino ponernos en riesgo?

¡Banderas rojas!

Sería pretencioso tratar de abarcarlas todas, sobre todo porque existen muchas publicaciones e investigaciones especializadas en el tema, sin embargo me gustaría nombrar algunos “detalles” que podrían ser señales de que algo no camina del todo bien:

Si de la nada surge una relación maravillosa, en la que parece que el otro es tu alma gemela, y todo parece ir muy rápidamente, muy pronto ya eres muy especial, ya te ama, no puede vivir sin ti, es más quiere vivir contigo lo más pronto posible … Si las cosas empiezan a parecer ambiguas, está interesado pero al instante siguiente no, pero luego si y luego se convierte en fantasma, se desaparece sin motivo y aparece como si nada después de un tiempo … Si en algún momento te dice algo como “es que no te convengo”, “no soy bueno para ti” … Si aplica el calor y el frío (primero mucho amor, atenciones y tiempo, y luego desinterés y frialdad de su parte) … Si te promete un futuro maravilloso pero en el presente no está, no hay acciones claras de su aprecio e interés por ti… ¡OJO!

Si todo lo que va mal en la relación es culpa tuya, se victimiza haciéndote responsable de su conducta hacia ti, si la fidelidad es sólo un asunto para ti, te triangula con otras personas, hay berrinches, te oculta información, fácilmente pierde los estribos, te hace la ley del hielo, no hay forma de llegar a acuerdos o de establecer el desacuerdo sin represalias, se burla de ti y te acusa de ser muy sensible y de no entender su sentido del humor… ¡CUIDADO!

Si no es empático, ni solidario, tuerce las cosas a su favor, te manipula y además hasta parece disfrutar lo mal que la pasas, te roba la energía, la alegría, el sueño… ¡CORRE!

Si bien, cada pareja es mundo, en el que se establecen formas de comunicación, interacción y acuerdos muy particulares, en lo general hay elementos que hacen las relaciones no sólo más sanas sino más placenteras, la propuesta de estos días es que sea recíproco, sano, consentido, con respeto, empatía, aprecio y con responsabilidad afectiva, que sea un espacio de crecimiento, apoyo y libertad, y si no es así, mejor que no sea.

¿Aceptas?

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