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¿Cómo prepararnos para el segundo invierno de pandemia?


Por Carol Perelman

@carol_perelman


Hemos superado las 10 mil horas de pandemia que, según propuso el autor Malcolm Gladwell en su libro “Outliers”, son las que se requieren para adquirir maestría sobre alguna habilidad. La destreza que buscamos en este caso es la de cuidarnos para sobrevivir este episodio histórico con éxito. Ya el día de hoy, todos los que estamos aquí sabemos cómo se propaga el virus, cuáles son las mejores estrategias para evitarlo, tenemos herramientas como las vacunas para darnos mayor seguridad y la experiencia que más de 20 meses nos han dado para atesorar grandes aprendizajes para que el manejo sea cada vez más diestro. Esopo, en su grandiosa fábula de “La cigarra y la hormiga”, nos advierte de la importancia de prepararnos durante el verano para la ardua temporada de invierno. Ya fuimos testigos de un invierno pandémico, doloroso y difícil; vamos por el segundo, que esperamos sea mucho más leve. Pero, por ello, no podemos ser como la cigarra y disfrutar del buen clima para preocuparnos “hasta después”. Debemos ser hormigas y no perder de vista el enfoque, nuestro objetivo. Pero, ¿cómo destinar nuestras energías y recursos de la mejor manera? Es importante resaltar que el escenario de este invierno es muy distinto. En el anterior no teníamos vacunas ni tantas horas de vuelo. Tampoco contábamos con una amplia proporción de personas ya inmunes al virus por haber tenido la infección o por haberse vacunado.

Sin embargo, también hay factores en contra. No sabemos si la variante Delta permanecerá como la dominante o tendremos alguna otra más contagiosa o que logre evadir la inmunidad adquirida. Además, según especialistas, en esta temporada invernal se espera una concomitancia con la influenza, que el año pasado fue prácticamente inexistente por las medidas de prevención que manteníamos por la COVID-19, las cuales hemos relajado ante las aperturas.

En el invierno de 2020-2021, menos del 0.2 por ciento de las muestras respiratorias eran por influenza, mientras que -según la Organización Mundial de la Salud- en los tres años anteriores 17 por ciento generalmente lo eran por influenza, por lo que podríamos ver el retorno de este virus estacional en mayores proporciones por la falta de presencia en la temporada anterior. Pero es de observar que se reportan casos de virus respiratorio sincicial, que también pueden complicar cuadros respiratorios y saturar los sistemas hospitalarios en la temporada invernal.

Ante este escenario, que no podemos ni debemos ignorar, más vale tomar la actitud de la hormiga y prepararnos lo mejor posible como personas, como comunidades y países, para pasar un mejor invierno que el anterior. Lo cierto es que los sistemas de salud usarán el otoño para cargar baterías, resurtirse y planificar sus recursos hacia una posible, latente, cuarta ola. Propongo, entonces, tres ejes principales con la idea de abrir esta conversación tan necesaria, ¿por dónde empezar?

1. Vacunación COVID-19 El ritmo de vacunación no debe reducirse. Por el contrario, es cuando más debe acelerarse y llegar a las poblaciones aún susceptibles, a los grupos etarios que aún no se han vacunado, y que sí podríamos proteger, e incluso pensar en refuerzos para las personas de alto riesgo por su edad, enfermedades subyacentes o actividad laboral. Importantísimo. Ya fue claro cómo las vacunas contra la COVID-19 son una especie de seguro de vida. Por eso, tener a la mitad de la población mexicana con al menos una vacuna no es suficiente. Requerimos más, ampliar la cobertura y no dejar regiones descubiertas ni grupos sociales desprotegidos. Incluso, eso debemos procurarlo aquí y en el resto del mundo, para evitar el surgimiento de nuevas variantes y poner un alto a la expansión del virus. Esperemos ver el fin de este episodio hacia la primavera, pero debemos hacer un esfuerzo mayor en este otoño que procure una próxima ola más sencilla, esperemos inexistente, hacia el invierno. 2. Prevención Cuando los hospitales se saturan es cuando menos queremos estar ahí. Los servicios de salud están enfocados en la emergencia y por ello dejamos algunas revisiones anuales y seguimientos necesarios de lado. Es en este intervalo entre olas cuando debemos dar mantenimiento a nuestra salud y hacer todo aquello que no es urgente pero es importantísimo. Debemos mantener nuestro cuerpo saludable con la estrategia de prevención. Dentistas, ginecólogos, urólogos, pediatras, operaciones electivas… poner vacunas rezagadas, hacer mamografías olvidadas, estudios habituales que hemos pausado por la pandemia. Es el momento de retomarlos. 3. Vacunación contra la influenza Para prevenir una sindemia -el encuentro de dos epidemias simultáneas- es importante vacunarse también contra la influenza, ya que algunos cuadros de la COVID-19 e influenza pueden confundirse entre sí y, según lo hallado en otros países, incluso pueden darse a la vez y complicar los cuadros. Sería ideal vacunarse contra la influenza que, según los CDC, se puede hacer el mismo día que la de COVID-19. Claro que, de todas maneras, nuestro arsenal de medidas protectoras como el cubrebocas, la distancia, la ventilación, el seguir vigilantes, debe continuar. Todo lo que hemos aprendido en las más de 10 mil horas de pandemia es lo que nos mantiene vivos y aquí hoy.

Debemos prepararnos y armarnos con estos tres elementos para llegar al invierno con mayor robustez y seguridad. Con mejor blindaje. No hay nada 100 por ciento seguro, pero en esta pandemia hemos aprendido a buscar las formas de minimizar nuestros riesgos. Todo por conservar la salud, nuestra integridad, nuestra vida. Feliz inicio de otoño.


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