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Caminito de la escuela...


¡Qué hay de nuevo… Viejo!


El olfato y la memoria


Por Araceli Mendoza


Caminito de la escuela… Aquella canción de Francisco Gabilondo Soler (Cri - Cri) con la que muchos salíamos rumbo a la escuela. ¡Quién diría que hoy los niños van con miedo, a pesar de que quizá sus padres les dan palabras de aliento para regresar a la escuela.

Tienen miedo, porque escuchan y ven demasiada información, no siempre la correcta. ¿Cuál es el camino a la educación? ¿Cuál es el correcto? Los padres de familia también están desconcertados, carentes de información. Les preocupa el futuro de sus hijos, en lo que se refiere a la educación académica, y tal vez sería conveniente hacer un cambio para hacer de la escuela algo no tan tradicional.

Ante la variante Delta de la COVID-19, tan preocupante porque afecta a la niñez y a la juventud y los hospitales pediátricos están ocupados y al borde de la saturación, especialmente por ellos.

Sabemos la importancia de la convivencia social, porque el salón de clases es un gran laboratorio donde se experimentan muchas emociones: los reconocimientos, las burlas (bullying), los reconocimientos, la complicidad de una mirada o de una sonrisa.

Hoy todas esas expresiones faciales están ocultas, encubiertas; la mitad de su cara se esconde detrás de un cubrebocas.

El caminito de la escuela es recorrido por muchos en el transporte público, dónde pueden contagiarse y contagiar, sobre todo si son los abuelos quienes acercan a los nietos a la escuela, ya que los padres deben trabajar y no pueden acompañar a los hijos hasta la puerta de la escuela.

Los adultos mayores, en su mayoría, han sido vacunados, pero eso no quiere decir que estén exentos de contagiarse, como ya ha sucedido.

Los niños son desafiados constantemente por patógenos que son nuevos para sus cuerpos. Las nuevas variantes del coronavirus podrían complicar el panorama.

Muchos extrañan a sus compañeros, la tiendita de la escuela, la hora del recreo, donde platican temas importantes para su edad o comparten su refrigero (el lunch), algo tan común entre los compañeros de clase… Hoy nada de eso se podrá hacer, con tantas limitantes, empezando por el cubrebocas y la sana distancia. ¡Vamos, hasta copiar será tarea imposible!

Para los niños ha sido una situación muy complicada, a su entender. El olfato, ese disco duro de la memoria, les recordará a futuro la pandemia. Serán olores difíciles de borrar. Sí, el olor a gel, al cubrebocas, al cloro y a otras tantas sustancias desinfectantes utilizadas contra el virus desde 2019. Aún no sabemos la reacción de estos pequeños ni las consecuencias que tendrán.

La orfandad está cada vez más presente en los pensamientos de la niñez. Las escuelas y sus directivos necesitarán apoyo para dar salida a las emociones provocadas por la pérdida del padre, de la madre o de ambos, de sus familias. La niñez es el sector menos escuchado por los adultos. Desconocen sus sentimientos y sus pensamientos, y a pesar de eso, deciden por ellos.

El caminito de la escuela será, para muchos, triste, desolador y complicado. Se perdió la motivación de los años anteriores.

Es importante el apoyo psicológico en las escuelas y la comunicación con los padres de familia para explicar a la niñez por qué deben usar cubrebocas, gel y respetar la distancia social, además de las medidas de sanitización. Si no se hace así, tendremos niños preocupados por su estancia en la escuela y sin escuchar a la maestra en clase.

¿Tienen las escuelas todo lo que se necesita para garantizar un regreso a clases seguro? Recordemos que un problema recurrente es la falta de agua y las ventanas que no pueden abrirse, por lo que la ventilación podría ser deficiente.

Habrá niños que estarán al pendiente, vigilando a sus compañeros para ver quién se pone mal el cubrebocas, se lo quita o lo intercambia. Estarán más pendientes de eso que de sus clases; serán vigilantes, no estudiantes.

Ante esto, quiero compartir un interesante comentario de una educadora española:

¿Y qué pasa si los niños “Pierden” el año escolar?

¿Y si en lugar de aprender matemáticas aprenden a cocinar?

¿A coser su ropa? ¿A limpiar?

¿A cultivar un huerto, una planta?

¿Y si aprenden a cantarle canciones a sus abuelos o a sus hermanos más pequeños?

¿Y si aprenden a cuidar a sus mascotas y a bañarlas?

¿Y si desarrollan su imaginación y pintan un cuadro?

¿Y si aprenden a ser más responsables y estar más conectados con toda la familia en la casa?

¿Y si nosotros, los padres, les enseñamos a ser buenas personas? ¿Y si nosotros, padres, aprendemos lo mismo?

¿Y si aprenden y saben que estar juntos y sanos es mucho mejor que tener el último móvil, de moda?

A lo mejor eso nos falta. Y si ellos aprenden, a lo mejor no perdimos un año. A lo mejor ganamos un tremendo futuro.

quehaydenuevoviejo760@yahoo.com.mx

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