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Cavilar colectivamente en favor de un probo futuro


Por: Fernando Silva


Desde el concepto griego de la ciudad estado «Polis» y de la civilización romana «Civitas» la evolución en la defensa activa y responsable de una democracia representativa —en la mayoría de las sociedades— ha sido razonada como la conciencia, la valoración positiva, la capacidad y la voluntad de cada ciudadano para poder gozar de los derechos que determinan la moral de su entorno político-social, además, de ponderar los compromisos que corresponden a la categoría ciudadana.

Así, la cultura cívica nos remite a la subjetividad política necesaria para la constitución y el adecuado funcionamiento de normas y procedimientos que legalizan la función que le es propia a cada persona. En consecuencia, la definición de ciudadanía involucra una formalidad jurídico-política entre los derechos y responsabilidades de los individuos en su intervención y aportación en la vida pública; un orden moral en la aceptación voluntaria, el respeto y el cultivo de los valores éticos relacionados con la paz, la concordia y el entendimiento entre dos o más residentes, además de una orientación histórico-social de los sentidos de identidad y pertenencia a una sociedad o nación constituida en estado, a partir de un origen y rasgos comunes que identifican a sus integrantes. En consecuencia, toda cultura cívica abarca un conjunto de compromisos, valores y códigos que, si son asumidos en equilibrio entre eficacia y eficiencia, beneficia la cohesión social y la sana vinculación de todos los que conformamos cada sociedad.

En la iniciativa mundial encaminada a idear y diseñar la manera en que el aprendizaje y el conocimiento pueden determinar el destino ético-cívico de la humanidad en bien común y del planeta, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) determinó —en el documento «Los futuros de la educación. Aprender a convertirse»— tener como resultado deseado y el compromiso de alcanzar, el replantear los modos de la enseñanza y configurar el porvenir, propiciando un debate mundial sobre cómo generar los procesos que tengan las características transformadoras para el conocimiento, la educación y el desarrollo de las personas a través de como adquirir habilidades, destrezas, cultura, conductas y valores​ en un mundo de creciente complejidad, incertidumbre y precariedad.

La mencionada iniciativa pretende movilizar las formas de ser y de saber para aprovechar la inteligencia colectiva, basándose en métodos consultivos amplios y abiertos en el que participen los jóvenes, los educadores, la sociedad civil, los gobiernos, las empresas y organizaciones no gubernamentales. Y para orientar los trabajos, se integró una comisión internacional de alto grado compuesta por figuras intelectuales de diversos ámbitos y diferentes regiones del mundo, para que en noviembre de 2021, la comisión publique un informe destinado a compartir una visión de futuro sobre el modo en que la educación y el aprendizaje nos ayudan a convertirnos en personas con mayor calidad humana.

En esa dirección, el concepto de «ciudadanía mundial» cobra prominencia en favor de las acciones sociales, políticas, ambientales y económicas de parte de individuos y comunidades con pensamiento global. De esta manera, la educación cívica debe continuar su centralidad en la labor de coadyuvar para forjar sociedades más justas, pacíficas, tolerantes e integradoras, dotando a toda persona del entendimiento, las aptitudes y los valores necesarios para cooperar en la resolución de por lo menos los diez principales problemas mundiales más preocupantes de la generación «Y» también conocida como «La generación del milenio​​​»:

  1. Cambio climático / destrucción de la biodiversidad

  2. Conflictos / guerras a gran escala

  3. Desigualdad (discriminación y equidad de género)

  4. Pobreza y salud

  5. Violencia familiar y de género

  6. Responsabilidad de gobiernos y transparencia / corrupción

  7. Seguridad alimentaria y del agua

  8. Calidad en la formación profesional

  9. Seguridad y bienestar social

  10. Mejores oportunidades económicas y de empleo

Al observar la breve lista y los inconvenientes concernientes al futuro de la humanidad y del planeta, se acentúa el objetivo fundamental de sentar las bases de un desarrollo sostenible que atienda las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para atender a sus propias insuficiencias, por lo que habrá que distinguir entre crecimiento y desarrollo, el primero, es el incremento cuantitativo de la escala física y, el segundo, la mejora cualitativa de potencialidades. Entonces, para conseguir la sostenibilidad de la sociedad humana no basta con referirnos a la contaminación ambiental o al agotamiento de los recursos naturales, es preciso denunciar por todas las vías legales -como origen del nefando proceso de degradación- el ambicioso crecimiento económico de una minoría de capitalistas que se guían por intereses mezquinos y corruptos.

De esta manera, también, huir de la falacia de las soluciones únicas y encabezar las acciones desde reformas democráticas; fortalecer el estado de derecho; exigir la transparencia en los asuntos públicos; generar inspecciones sociales independientes y fuertes; instaurar la autoridad de la sociedad civil; pensar que es un fenómeno que debe verse en perspectiva global; mejorar la administración y el servicio civil de carrera; establecer órganos especializados y confiables en el combate a la corrupción y la coordinación entre ellos y, finalmente, integrar una reformada cultura cívica y jurídica.

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