• Ambiental News-Miguel Á.

Confirman expertos la relación entre el agravamiento de la COVID-19 y la contaminación

+ Analizan hallazgos científicos sobre calidad del aire durante contingencia sanitaria por la COVID-19 para prevenir escenarios futuros

+ El conocimiento científico es una brújula para tomar mejores decisiones a favor de la población: Albores González.

Hay evidencia de la relación directa entre la mala calidad de aire y su impacto en la salud de la población; en especial, al incrementar la susceptibilidad ante la pandemia por COVID-19. Horacio Riojas Rodríguez, director de Salud Ambiental del Instituto Nacional de Salud Pública, señaló que la contaminación del aire, además de afectar el tracto respiratorio, incide en algunas enfermedades del sistema neurológico, el corazón, la piel, e incluso el sistema reproductivo. 

Riojas Rodríguez afirmó lo anterior durante el taller virtual “Hallazgos científicos sobre la calidad del aire durante COVID-19”, organizado ante el incremento de las actividades económicas y sociales y las próximas temporadas de invierno y primavera, caracterizadas por un clima seco e inversiones térmicas que favorecen la elevación de niveles de contaminación, así como la ocurrencia de la influenza estacional.

Con el fin de adoptar oportunamente medidas que protejan la salud de la población, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) y la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe) convocaron a este evento, el cual fue inaugurado por la secretaría de Medio Ambiente, María Luisa Albores González.

Albores dijo que se busca conformar una agenda en materia de calidad del aire y salud, la cual permitirá al Gobierno estar preparado para identificar y prevenir escenarios en los que, debido al incremento de las actividades económicas y sociales, se eleven de manera simultánea los contaminantes del aire, la influenza estacional y la COVID-19.                  Consideró que el conocimiento científico se convierte en una brújula para tomar mejores decisiones a favor de la población, por lo que exhortó a que las herramientas se utilicen para responder mejor a la emergencia sanitaria y sus desafíos en materia ambiental, poniendo a las personas en el centro.

Por su parte, Amparo Martínez Arroyo, directora del INECC, resaltó que estamos en una nueva era en donde la academia, las organizaciones de la sociedad civil y las dependencias de gobierno deben trabajar en conjunto para encontrar soluciones basadas en el conocimiento y compartirlo con la sociedad, para tener una participación más informada.

“En el aire se reflejan todas nuestras actividades, pero durante la pandemia también se ha reflejado la ausencia de actividades y se pudo dar registro y medición de procesos relacionados con la calidad del aire. En México, la pandemia ocurrió en la temporada de generación de ozono y de incendios, lo que fue otra oportunidad de dar seguimiento”.

Destacó que “con el cambio climático se esperan muchos eventos regionales y globales y esto es un ensayo de búsqueda de respuestas y de medidas de prevención. Es momento de demostrar que los estudios de calidad del aire deben ser integrales".

En el taller, moderado por Víctor Hugo Páramo Figueroa, coordinador ejecutivo de la CAMe, y Luis Gerardo Ruiz Suárez, coordinador general de Contaminación y Salud Ambiental del INECC, participaron científicos e investigadores del Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), del Instituto Nacional de Salud Pública y de la Secretaría de Medio Ambiente de la Ciudad de México (Sedema).

Luisa Tan Molina, del Molina Center for Energy and Environment, MCE2, presentó una serie de preguntas científicas sobre la relación entre los procesos atmosféricos, calidad del aire y la emergencia sanitaria por la COVID-19.

Una de las conclusiones fue que existe evidencia de la relación directa entre la mala calidad de aire y su impacto en la salud de la población y, en especial, al incrementar la susceptibilidad ante la pandemia por la COVID-19.

Horacio Riojas Rodríguez, director de Salud Ambiental del Instituto Nacional de Salud Pública, señaló que la contaminación del aire, además de afectar el tracto respiratorio, incide en algunas enfermedades del sistema neurológico, el corazón, la piel, e incluso el sistema reproductivo. 

Oscar Augusto Peralta Rosales, del Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA-UNAM), resaltó que pese al menor consumo de gasolinas por la disminución del uso de vehículos privados y de transporte público, el ozono no disminuyó en igual proporción, por lo que se debe poner mayor atención en otras fuentes contaminantes no móviles.

Iván Yassmany Hernández, también investigador del CCA-UNAM, comentó que pese a la reducción de actividades, durante la segunda fase de la pandemia, del 17 de marzo al 20 de abril, en términos generales la disminución de los principales contaminantes (NO2, PM2.5, PM10, SO2) fue del 16 por ciento y durante la tercera fase, del 21 de abril al 31 de mayo, mostró una disminución mayor del 30 por ciento en algunos de ellos.

Víctor Hugo Páramo indicó que el taller abre la puerta a la investigación de variables y escenarios para “prepararnos ante lo que se ha descubierto” y para redoblar esfuerzos en la mejora de la calidad del aire, ante la llegada de un escenario de alta contaminación por ambiente seco y frío, lo que incrementará la presencia de partículas suspendidas y la coincidencia con la influenza estacional.

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