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Congo, o cuando pocos lo quieren todo, terminan pobres y divididos todos


Por Omar Garfias


Las sociedades en las cuales una minoría desarrolla proyectos excluyentes donde solo ellos se benefician y la mayoría soporta condiciones de pobreza e injusticia son ejemplos de fracaso donde priva la violencia, los conflictos y las economías de baja productividad.

Si bien alcanzan momentos de lujo y poder extremo, esas mismas minorías acaban en derrumbes estrepitosos pues los modelos sociales excluyentes son inviables económicamente ya que no se sostienen en la eficacia y la innovación sino en el abuso y generan una continua tensión y confrontación.

“Fue la rivalidad entre los estados nación de Europa lo que los impulsó, a partir de 1850, a abalanzarse apresurados sobre el resto del mundo. El amor por la patria provocó un hambre de poder que a su vez despertó la voracidad territorial. Italia y Alemania acababan de unificarse y en ultramar encontraron posesiones que se adaptaban a su estatus recién adquirido. Francia, que había sufrido una humillante derrota ante Prusia en 1870, intentaba recuperar su reputación con aventuras coloniales en tierras extrañas, sobre todo en Asia y el África occidental. Reino Unido se pavoneaba de su armada, que llevaba décadas dominando, invencible, los mares del mundo, y de su Imperio, que se extendía por todo el globo, desde las Indias Occidentales hasta Nueva Zelanda. La orgullosa Rusia zarista aspiraba también a la expansión y echó el ojo a los Balcanes, a Persia, a Afganistán, a Manchuria y a Corea.”

Susana Gaviña opina que en «Congo. Una historia épica», publicado originalmente en 2010, David Van Reybrouck expone y analiza las causas de las miserias de este país. A lo largo de más de 600 páginas, el autor teje un monumental relato, a caballo entre el ensayo y el reportaje periodístico, exhaustivamente documentado, que enriquece con brutales testimonios de testigos y protagonistas de la historia. Van Reybrouck, cuyo padre trabajó en el ferrocarril de Katanga, se ocupa en el texto tanto de la etnografía del país como del lugar que ocupó en la geopolítica mundial. Con un territorio cinco veces el tamaño de España, el Congo resultó fundamental en el devenir del siglo XX -fue uno de los actores en la Guerra Fría-. Hoy vive bajo la intestabilidad política y el horror del ébola.

“Tuve que recoger todos los pedazos mientras ellos apoyaban un fusil contra mi cabeza. Yo lloraba. Todos los pedazos de mi marido. Tuve que recogerlos. Me hicieron un corte con un machete, por eso tengo esta cicatriz. Tengo otras en el muslo. Me dijeron que me tumbara sobre los restos de su cuerpo para dormir. Lo hice, había sangre por todas partes. Yo lloré y empezaron a violarme. Eran doce. Y después a mis dos hijas en la habitación de al lado. Perdí el conocimiento y acabé en el hospital. Después de seis meses todavía no estaba curada. Seguía sangrando y desprendía unos olores nauseabundos. Mis hijas estaban embarazadas. Nacieron un niño y una niña, pero mis hijas no los aceptaron. Yo me hice cargo de los bebés. Cuando regresé, me enteré de que la familia de mi marido lo había vendido todo, la casa, la tierra, todo. Decían que era culpa mía que hubiese muerto mi marido. Yo no tenía hijos varones y, por tanto, no tenía derecho a quedarme. La familia me repudió. Cuando mis nietos me preguntan por esa cicatriz, no les puedo decir nada. Me la hicieron sus padres.”

David Grégoire Van Reybrouck es un historiador, arqueólogo y autor cultural belga. Escribe ficción histórica, no ficción literaria, novelas, poesía, obras de teatro y textos académicos. Ha recibido varios premios literarios holandeses, incluido el Premio de Literatura AKO y el Premio de Historia Libris según Wikipedia.

“El libre comercio internacional de Leopoldo devoró la vieja red comercial en un abrir y cerrar de ojos. Se construyeron factorías y almacenes europeos. En Matadi atracaban transatlánticos que utilizaban grúas para izar el marfil a bordo. En Amberes había almacenes llenos de colmillos de elefante.”

La independencia del Congo tuvo lugar el 30 de junio de 1960, después de 75 años de colonialismo, primero bajo los intereses particulares del rey Leopoldo II y después los del Estado de Bélgica. Lograrla fue «una lucha de lágrimas, fuego y sangre», dijo aquel día el primer ministro del primer gobierno democrático del Congo, Patrice Lumumba, en uno de los discursos más celébres del siglo XX. Una arenga que, más que reconciliar, agitó los sentimientos de un país que contaba por millones las víctimas de los excesos del colonialismo y del capitalismo, que expoliaron sus riquezas -marfil, caucho, uranio (de allí procedía el de la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima), cobalto, diamantes...- durante décadas. Lumumba denunció el pasado, pero también predijo, por desgracia, el futuro del país, que durante tres décadas estaría en manos de una «cleptocracia», liderada por el dictador Mobutu. Mientras que en 1998, el presidente Kabila lo llevaría a una segunda guerra civil, que desangró el país. Sintetiza el periódico español ABC.

“La rivalidad étnica en las grandes ciudades desempeñó un papel tan importante en la descolonización como el rechazo hacia la dominación extranjera, pese a lo artificiales que eran muchas de aquellas «tribus». Los «bangala» que tanto exasperaban a Kasavubu eran, como tribu homogénea, un constructo del Bureau International d’Ethnographie (se trataba de un mosaico de culturas de la selva ecuatorial, nunca había existido un vínculo tribal global). Sin embargo, gracias a las escuelas misioneras, aquella invención de los etnógrafos de la década de 1910 acabó siendo muy real en la Kinsasa de la de 1950.[7] Los bakongo no querían ser menos que los bangala.”

El libro es un monumental reportaje, escrito en forma amena. Es uno de los libros que recomienda el prestigiado sociólogo Yuval Noah Harari para entender el mundo.

“El índice de desarrollo humano (IDH), que calculan anualmente las Naciones Unidas para todos los países, ofrece una visión más real del bienestar de los ciudadanos que el PNB per cápita de la población, porque tiene en cuenta el grado de alfabetización, la escolarización, la atención sanitaria y la esperanza de vida. Pues bien, en 2006 el Congo acabó en la décima posición más baja del mundo; en 2009, se encontraba en la sexta más baja. No es un desarrollo esperanzador.[20]

La revista Foreign Policy publica anualmente, junto con The Fund for Peace, el Failed States Index, una lista de los sesenta estados más deficientes. En 2009 el Congo acabó en quinto lugar, antes de Irak, y bajó dos posiciones con respecto a 2007.[21] Tras una leve mejora, el Congo amenaza de nuevo con escorarse hacia un estado de caos y mala administración. El Doing Business Index de 2010 colocaba al Congo en el número ciento ochenta y dos de ciento ochenta y tres países, solo «superado» por la República Centroafricana.”

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