• Ambiental News-Miguel Á.

COP26: La traición más anunciada


+ A final de cuentas, pudieron más los "lobbystas" del gas y del petróleo


Estados Unidos y la Unión Europea finalmente se unieron para impedir la creación de un fondo para que los países con menos recursos afronten la crisis climática.

En el último momento, India -apoyada por China- descafeína el texto para acabar con el carbón y los subsidios a los combustibles fósiles.

En tiempo extras, pero por fin acabó la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26), en Glasgow, Escocia, tras 13 días de negociaciones. Uno más de lo previsto.

Con el llanto contenido apenas, el presidente dela Cumbre, Alok Sharma, califica el acuerdo final como “imperfecto”, el cual insiste una vez más en la necesidad de acelerar la acción climática y menciona -por primera vez en 27 años- a los combustibles fósiles, pese a los intentos de varias naciones y de más de 500 “lobbystas” de eliminar cualquier referencia en el texto final.

Otra vez quienes más pierden son los países vulnerables y con menos recursos, que otra vez reclamaban más apoyo financiero y ayuda directa para enfrentar una crisis climática que está presente en sus territorios y que ellos no han generado.

Según algunos, la cumbre estaba llamada a ser la definitiva y marcaría el camino para afrontar una década crítica, pero desde el principio se vio que no lograría concretar un acuerdo a la altura del reto que enfrenta la humanidad.

Los idealistas esperaban que los casi 200 países que firmaron el Acuerdo de París sellaran un pacto que recogiera, con lujo de detalles y sin escatimar recursos, lo necesario para que los llamados países en desarrollo y vulnerables pudieran mitigar y adaptarse a los efectos del cambio climático de inmediato, así como el protocolo a seguir para afrontar los daños y pérdidas de las naciones que menos recursos tienen y que menos contribuyen a la crisis climática.

Pero si esto no había ocurrido en las últimas 25 cumbres climáticas, hasta cierto punto era natural que en ésta tampoco se lograra.

Sin llegar a considerarse un fracaso como la COP de Copenhague, la de Glasgow será recordada por haberse aplazado un año a causa de una pandemia.

Pudo ser la COP donde se firmara el Acuerdo de París 2.0., con compromisos renovados y acordes a los descubrimientos científicos, pero la reticencia de muchos países a dejar atrás un sistema que se derrumba a cámara lenta no lo ha hecho posible. Ganaron los intereses creados y resguardados durante muchos años. Por algo una de las delegaciones más numerosas era la de los “lobbystas” del gas y el petróleo.


Sufrido… pero Acuerdo al fin y al cabo

Aunque quedó muy lejos de lo que se esperaba, el Acuerdo no estuvo exento de sangre, sudor y lágrimas, para poder sacarlo adelante. La cumbre estaba prevista para acabar el viernes 12 de noviembre a las 18:00 horas locales, pero todo se complicó y fue imposible cumplir por las diferencias entre los negociadores.

El sábado inició con un tercer borrador del llamado Documento Final que, en términos generales, mantenía lo expuesto en las versiones anteriores. Eso era un avance, pero ni siquiera se asomaba el controvertido Artículo 6, uno de los grandes puntos que debieron quedar cerrados desde la cumbre de Madrid / Chile. Al final, sí se incluyó y hubo acuerdo para este Artículo del Acuerdo de París que regula, entre otras cosas, los mercados de carbono.

Pese a los desvelos de los días y noches anteriores, el sábado las negociaciones avanzaron más de lo esperado y se vislumbraba un acuerdo inminente… tal y como había sucedido en las más recientes cumbres.

Mientras tanto, se realizaba un plenario de balance que se retrasaba cada vez más. Finalmente, el presidente de la COP26, Alok Sharma, anunció que la sesión final y el acuerdo definitivo serían en la tarde-noche. Y así fue, a pesar de las muchas reticencias.


Descafeínan el fin de los combustibles fósiles

El plenario de cierre comenzó alrededor de las 19:30 horas locales. Hubo discursos de varios países, y entre los primeros estuvo India, que pidió modificar el texto de referencia a los combustibles fósiles.

Apoyada por China, instó a la Presidencia a cambiar la expresión “phase out” por “phase down", es decir, se pasó de “eliminar gradualmente” a “reducir gradualmente” el uso de energía del carbón no mejorado [el llamado unabated coal, no tratado previamente para contaminar menos o no capturado y almacenado por procedimientos tecnológicos] y de “los subsidios ineficientes a los combustibles fósiles", a la par que se reconoce “la necesidad de apoyo para una transición justa”. No se menciona poner fin al gas ni al petróleo, los otros combustibles fósiles responsables del calentamiento de la atmósfera.

El argumento de ambas naciones se basa en el “…y tú más…”. Se ven con el derecho de usar unos años más estos combustibles para prosperar, como han hecho otros países durante décadas.

A pesar de que muchos Estados y la Unión Europea mostraron molestias por este cambio, se aceptó con el objetivo que no se colapsara todo el acuerdo.

Alok Sharma, visiblemente emocionado, se quiso disculpar ante los delegados, que le aplaudían: “Comprendo la profunda decepción, pero es vital proteger este paquete".

Al final de cuentas, se logró mantener aun con las presiones de Rusia, Australia y Arabia Saudí, y se consideró como un avance incluir por primera vez en la historia de las cumbres climáticas tal referencia, así haya sido con un lenguaje muy lejano al inicialmente propuesto.

El texto, bautizado como Pacto Climático de Glasgow, pide a los países actualizar, para finales de 2022, sus contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC por sus siglas en inglés), es decir, sus planes para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Hasta ahora, el Acuerdo de París obligaba a una actualización quinquenal (la siguiente sería en 2025), pero con este llamado la Presidencia quiere acelerar el proceso en vista de la urgencia.

Además, para 2024 todas las naciones suscritas al Acuerdo de París deben informar con un plan detallado sobre sus emisiones en base a criterios comunes, con vistas a que siga vivo el objetivo de mantener la temperatura por debajo de 1.5 grados de calentamiento para 2100.

El propio acuerdo reconoce que limitar el calentamiento global al grado y medio “requiere reducciones rápidas, profundas y sostenidas de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, incluyendo la de las emisiones globales de dióxido de carbono en un 45 por ciento para 2030, en relación con el nivel de 2010, y a cero neto a mediados de siglo, así como reducciones profundas de otros gases de efecto invernadero".

Una meta sumamente ambiciosa que cada vez se ve más complicada. Los termómetros ya subieron 1.2 grados desde la época preindustrial, y los recientes estudios coinciden en que el planeta avanza hacia un calentamiento de entre 2.4 y 2.7 grados Celsius para 2030, de continuar con los compromisos actuales.

Además, hay que tener en cuenta que todos estos compromisos no son vinculantes. Eso es, no son obligatorios para los países.

Los planes climáticos actuales sólo reducirían 7.5 por ciento las emisiones previstas para 2030. En 2020, debido a la pandemia, las emisiones descendieron 5.4 por ciento, en un espejismo que poco duró, pues para 2021 se prevé suban 4.9 por ciento, con lo cual prácticamente se volvería a la normalidad.

El mensaje es desalentador y así continuará mientras se sigan posponiendo las decisiones importantes. Los autores del IPCC publicamos una declaración sobre la importancia de limitar en 1.5 grados Celsius el aumento de la temperatura y resaltamos la urgencia. Las pruebas están ahí y el mensaje es claro y contundente”, afirma Inés Camilloni, integrante del IPCC.


Ni rastro de la financiación a los más vulnerables

Las Estados más vulnerables rechazan considerar el acuerdo como un éxito, porque los países ricos, encabezados por Estados Unidos y la Unión Europea, han impedido destinar ayudas económicas para enfrentar los destrozos causados por la crisis climática.

No habrá, por ahora, un financiamiento específico para resarcir pérdidas y daños -pagar a las naciones más vulnerables por los destrozos causados por eventos extremos-. Muchos pequeños países e islas están en riesgo de desaparecer por los efectos del calentamiento global.

Lo que sí recoge el Pacto Climático de Glasgow es que los países ricos se comprometen a sacar adelante -dicen que ahora sí va en serio-, la promesa incumplida desde 2009 de destinar 100 mil millones de dólares anuales, a partir de 2020 y hasta 2025m para que los países con menos recursos enfrenten al cambio climático, en materia de mitigación y adaptación.

Además, a partir de ese año la cifra destinada a adaptación deberá ser el doble (unos 40 mil millones de dólares). Una noticia positiva que se empaña al no quedar claro cómo se recaudará el financiamiento ni cómo se entregaría.

También se acordó la creación de un mecanismo para aterrizar esas ayudas, gestionadas a través de la llamada Red de Santiago. Sin embargo, no se ha logrado concretar una cifra concreta, en otro golpe de los países del norte global a los del sur global.

Una vez más se establece que “la próxima cumbre buscará cerrar de una vez por todas este tema”. Tocará el turno a la COP27, en Egipto.


Artículo 6: por fin hubo acuerdo

Otra tarea que tenía esta cumbre climática era cerrar el reglamento del Artículo 6 del Acuerdo de París, relativo a los mercados de carbono, una herramienta por la cual los países y empresas que han emitido más de lo que debían, pueden comprar a terceros países derechos sobrantes, realizar proyectos para reducir emisiones o para mejorar los sumideros.

El apartado tenía ciertas lagunas, como la doble contabilidad, una triquiñuela por medio de la cual el país emisor y el receptor podían apuntarse las mismas reducciones de emisiones.

Tras el acuerdo de Glasgow, esta trampa ha quedado prohibida, a pesar de las presiones de países como Brasil, aunque hay vía libre para incluir créditos antiguos procedentes del Protocolo de Kyoto (reducciones ya logradas hasta 2013).

Aún así, lograr cerrar este artículo ha sido un alivio y motivo de celebración para los artífices del pacto, al punto de tomarse una foto todos juntos antes de comenzar el plenario final.

Más allá del texto de decisión final, la COP26 deja un sinfín de acuerdos, compromisos, pactos y alianzas, en su mayoría no vinculantes, por lo que nadie puede asegurar se vayan a cumplir, sobre el metano, sobre deforestación, combustibles fósiles, sobre coches contaminantes… Hasta las dos mayores potencias del mundo y que más contaminan, presentaron un acuerdo sorpresa para avanzar en la lucha contra el cambio climático.

El Acuerdo Final de Glasgow “es manso, débil, y el objetivo de 1.5 grados Celsius apenas logró sobrevivir, pero se ha enviado ya la señal de que la era del carbón está terminando”, mencionó la veterana de las COP, Jennifer Morgan, directora de Greenpeace internacional.

Para Laurence Tubiana, una de las responsables del Acuerdo de París, “greenwashing es la nueva negación del clima, y hemos visto demasiado en juego en esta COP. Debemos reforzar los mecanismos de responsabilidad para el cero neto en el futuro, porque, además, el sistema financiero internacional no está a la altura del desafío”.

Al término de la COP26, la sensación es que la brecha entre las demandas ciudadanas y científicas y lo que finalmente hacen los gobiernos es enorme.

Mohamed Adow, director del think tank Power Shift Africa, señala: “Esta cumbre ha sido un triunfo de la diplomacia sobre la sustancia real. El resultado refleja una COP celebrada en el mundo rico y el resultado contiene las prioridades del mundo rico”.

La próxima estación será en la COP27, en Egipto. Otra vez hay todo un año para que la lucha contra el cambio climático ocupe realmente un lugar prioritario en las políticas de todos los gobiernos… Sin dejar a nadie atrás. ¿Será que ahora sí se cumpla?


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