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Cuiticaname Huautla: de curanderos y chamanes


¡Qué hay de nuevo… Viejo!

Por Araceli Mendoza

Los médicos alcanzaron un alto reconocimiento profesional y prestigio social en el México del siglo XIX. Parte de esta reputación la obtuvieron gracias a que contrapusieron su saber académico a las prácticas de aquellos a quienes denominaron como “personas sin estudios y sin práctica científica” que invadían el ejercicio de una profesión y fueron tachados, despectivamente, como ignorantes, curanderos, yerberos o charlatanes.

Para los médicos, estos individuos eran nocivos para la población, pues sostenían supersticiones y “consejos ridículos” sin una explicación científica. Eran una gran plaga que explotaba la ignorancia del vulgo administrándole multitud de preparaciones, panaceas y parches “cuyas supuestas propiedades anuncian con voz ronca y destemplada, por calles y plazas gritando: “remedios pa’l aigre, pa’ las riumas, p’al dolor de costado, p’al hígado, p’al bazo”.

Las parteras empíricas o comadronas fueron, desde el virreinato, un blanco ideal para este tipo de ataques. En primer lugar, siempre estuvieron vigiladas de cerca por las autoridades, por lo cual -ya fuera en el siglo XVI o en el XIX- cuando atendían algún parto que terminaba en tragedia, los médicos no dudaban en acusarlas de inexpertas, hechiceras o brujas.

Hoy se ha visto la gran demanda de partos programados por los ginecólogos, sin dejar llegar a su tiempo al parto natural. Programan la cesárea -se dan el lujo de decir fecha y hora-, cuando la naturaleza habla por sí sola del nacimiento o alumbramiento. Los ginecólogos han abusado de las cesáreas, por lo que, de hecho, muchas mujeres buscan actualmente a las parteras.

Estos curanderos-hechiceros siguen vigentes en el Siglo XXI. Para muestra, un botón: en la campaña de Andrés Manuel López Obrador, en varios lugares las curanderas le hicieron “limpias”, entre ellos en la celebración como presidente electo y últimamente en el “Día de muertos”, en Palacio Nacional.

El presidente Andrés Manuel López Obrador y su esposa participaron en un ritual con una chamana, quien les hizo una “limpia con hierbas y copal”. ¿De dónde son estas curanderas?

Cómo no recordar y mencionar a una curandera mexicana -la más grande del mundo-, nativa del Estado de Oaxaca: María Sabina, de Huautla. Es quizá la curandera con más influencia en el misticismo mexicano y fue quien enseñó al mundo sobre las propiedades milagrosas de los hongos alucinógenos, pues el regalo que le dieron los dioses fue el de saber guiar a quienes se aventuran en “el viaje interior”.

Sabina nació en Huautla de Jiménez, el 22 de julio de 1894, y abandonó este mundo el 23 de noviembre de 1985.

El banquero Robert Gordon Wasson y su esposa, Valentina Pavlovna, considerados los padres del estudio de los hongos. En 1955, Gordon Wasson experimentó por primera vez la sabiduría de María Sabina y ahí comenzó la leyenda, la cual comenzó a publicarse en libros, revistas y hasta un disco que contenía sus cantos llamado “Mushroom Ceremony of the Mazatec Indians of México” (1957).

En su libro “The Wondrous Mushroom”, Gordon Wasson registró, por primera vez, al “hongo sagrado”, que nunca antes había sido clasificado. Lo llamó psilocibe wasanni.

“In celebration of its fiftieth anniversary, we present Wasson's groundbreaking classic, The Wondrous Mushroom, an illustrated, in-depth exploration of the history and cultural meanings of the shamanic use of psychedelic mushrooms in contemporary and ancient Mesoamerican culture”.

María Sabina descubrió, siendo niña, el poder espiritual de los pequeños hongos llamados «teonanacatl» (carne de Dios), «angelitos» o «niños santos». Los comió por hambre, junto con su hermana, pero sólo a ella le fueron revelados «los secretos del Gran Libro», según contaba.

Toda la información, investigación sobre los hongos, tenía que haber sido hecha por especialistas mexicanos, para conocer más sobre todo lo que María Sabina sabía, porque no eran sólo los hongos; había otras sabidurías, pero se colocaron etiquetas prohibidas en el entorno de esta curandera y solo sirvió para “el viaje interior”, de la época sicodélica, con los llamados “hippies”, y no se tuvo un conocimiento a fondo de todo lo que Sabina podía aportar para la ciencia, como curandera en México.

«Otra contradicción fue que gente de Nueva York y San Francisco, dos de las urbes más desarrolladas del mundo a mediados del siglo pasado, vinieran a México buscando tradiciones chamánicas, con un ser casi primitivo. Los “beatniks” buscaban lo beatífico y ella lo sagrado. Los “beatniks” fueron hijos de María Sabina», dice el escritor Homero Aridjis, quién la llamó “la más grande poeta visionaria de América Latina en el siglo XX”. Además, tuvo una aparición en la novela “La piel del cielo”, de Elena Poniatowska, y también en “Caramelo”, de Sandra Cisneros.

El nombre de «beatnik» se usó para miembros de una generación que se opuso al intervencionismo militar, al consumismo y a las buenas costumbres de la sociedad estadounidense de mediados del siglo XX. Sus consignas fueron las drogas, el amor libre y la libertad sin límites, plasmadas en libros y poemas.

María Sabina era descendiente de una larga línea de chamanes mazatecos que conocían muy bien el arte de la curación con medicina tradicional, no sólo el “viaje interior”.

“Poetas por el Milenio”, la serie de libros publicada por la Universidad de California, destaca la obra “Poetas que han estado a la vanguardia de la poesía innovadora y visionaria desde principios del siglo XX al día presente”, de la cual el segundo libro está dedicado a María Sabina.

María Sabina murió en la pobreza, dejando su legado para que nosotros podamos apreciarlo y recordar que la curandera más grande del mundo vivió en México.

Los rituales de María Sabina eran sencillos. En la intimidad de su recinto, lejos de la contaminación auditiva y las presencias incómodas, María Sabina procedía -una vez que el sol se había ocultado- a lavar a los “niños santos”, separándolos después en pares, como la tradición lo dicta. María Sabina llamaba a los hongos “los niños santos” y los consideraba como ayudantes y guías.

Para el ritual, la habitación de María Sabina se encontraba a oscuras, sin colores o formas que pudieran viciar el viaje que se aproximaba.

Finalmente, en la cumbre del ritual, los “niños santos” hacían su trabajo, modificando la percepción del tiempo y del espacio. María Sabina acompañaba durante toda la noche aquel viaje hacia el interior, palmando con sus manos algunas partes de su cuerpo y con cantos en legua mazateca.

El profesor James A. Moore, de la Universidad de Delaware, y el antropólogo Guy Stresser-Péan, de la Universidad de la Sorbona, en 1956, desarrollaron la disciplina llamada etnomicología, que abordaba los efectos de los hongos alucinógenos.

Algunos consejos de María Sabina, curandera mexicana y poeta.

“Cúrate con la luz del sol y los rayos de la luna; con el sonido del río y la cascada; con el vaivén del mar y el aleteo de los pájaros; cúrate con menta y eucalipto.

Endulce con lavanda, romero y manzanilla.

Abrázate con el grano de cacao y un toque de canela.

Pon amor en el té, en lugar del azúcar, y tómalo mirando las estrellas.

Cúrate con los besos que te da el viento y los abrazos de la lluvia.

Ponte fuerte con los pies descalzos en la tierra y con todo lo que de ella nace.

Sé más inteligente cada día escuchando tu intuición, mirando el mundo con el ojo de tu frente.

Salta, baila, canta, para que vivas más feliz.

Cúrate a ti mismo con hermoso amor y recuerda siempre: ”tú eres la medicina”.

Tal fue la fama de María Sabina, que llegó a ser visitada por personalidades de todos los ámbitos, desde el político hasta la farándula: Walt Disney y John Lennon, entre otros.

La palabra Huautla proviene del vocablo náhuatl que, en el esplendor del señorío azteca, Cuitláhuac denominara Cuiticaname Huautla, que significa “Lugar de Águilas”. Fue una región habitada por mazatecos, quienes fueron sometidos por los nonoalca-chichimecas, con quienes después lograron coexistir en armonía. En 1927 fue clasificada como “Ciudad Indígena”.

¿Que desconocemos de los chamanes o curanderas, tradiciones vigentes de nuestras culturas, considerados ignorantes, “personas sin estudios y sin práctica científica”? Tal vez tengan la respuesta a muchos males, pero los intereses científicos, no permiten la apertura a su conocimiento.

quehaydenuevoviejo760@yahoo.com.mx

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