• Ambiental News-Miguel Á.

De bicicletero a promotor de la movilidad sustentable


Por Jorge Messeguer

@jorgemesseguer


La semana pasada estuve en la ciudad de México y me dio mucho gusto observar que el uso de la bicicleta se extiende con mucha rapidez. Las autoridades de movilidad de la capital del país dan un gran impulso al transporte no motorizado a través de la construcción de la infraestructura vial adecuada para facilitar el uso de la bicicleta como medio de transporte para ir a trabajar, a la escuela o cualquier otra actividad cotidiana.

Vino a la memoria cuando iba en bicicleta a la preparatoria, allá por 1975-78, de Taxqueña a Mixcoac. Entonces no había infraestructura vial para ciclistas, ningún respeto de parte de los automovilistas ni se asomaba siquiera la idea de una política de movilidad sustentable. Entonces era yo un simple bicicletero en un mundo dominado por los autos.

La bicicleta es uno de los grandes inventos de la humanidad. Sus antecedentes datan de finales del Siglo XVIII, pero fue hasta finales del Siglo XIX cuando su uso se extendió en el mundo, incluyendo la ciudad de México.

La bicicleta se puso de moda primero entre las clases pudientes; más tarde, gracias a la fabricación masiva llegó, a las clases trabajadoras. Sin embargo, para el siglo XX el uso del automóvil comenzó a ganar terreno y desplazar a cualquier otro medio de transporte. Las ciudades empezaron a crecer y sus calles y avenidas se adaptaron para facilitar la circulación de automóviles. Cuando fueron insuficientes se diseñaron viaductos y periféricos, ejes viales y segundos pisos. El XX fue, sin duda, el siglo del automóvil.

En los pueblos y comunidades se siguió usando la bicicleta y se asoció a un supuesto atraso. De ahí el calificativo despectivo de“pueblo bicicletero”.

La bicicleta como medio de transporte tiene beneficios para el usuario en términos de salud física y mental, de economía familiar y de cuidado al medio ambiente, entre otros.

Las ciudades sacrificaron espacios públicos, parques, jardines, camellones y banquetas para cederlos al automóvil. Esto hizo que las ciudades se convirtieran en espacios menos humanos, más inseguros, más desiguales y menos democráticos. El automóvil se convirtió en un tema de estatus, aspiracional.

Afortunadamente, las cosas en el mundo comienzan a cambiar. Hoy las principales ciudades modifican sus prioridades y establecen una nueva jerarquía en la repartición del espacio público: primero los peatones, seguidos de la bicicleta, el transporte público y, por último, el automóvil particular. La tendencia es recuperar el espacio público para la gente: tomar la calle, caminarla, vivirla.

La tendencia mundial es hacer de los centros históricos sitios más humanos; convertir calles congestionadas de vehículos en espacios peatonales. Un buen ejemplo es la calle Madero, en la CDMX que, además de ser peatonal, es la primera libre de humo del país. Fumar en la calle Madero es hoy causa de infracción.

Desgraciadamente está nueva política de repartición del espacio público no ha llegado a Morelos. En todos sus municipios aún prevalece el culto al automóvil. Las autoridades estatales y municipales no se atreven a quitarle privilegios.

En el centro de Cuernavaca se implementó por un tiempo la “ecozona”, en la cual se limitaba la circulación de automotores para convertirla en una zona de bajas emisiones de contaminantes. Incluso la calle Guerrero se convirtió en peatonal. Durante unos meses los peatones nos apropiamos de ese espacio sin tener que cuidarnos de autos y rutas. Fue una gran experiencia y un éxito en todos los aspectos.

Los alcaldes morelenses que iniciarán sus gestiones en enero de 2022 deben actualizarse en los temas de modernización y democratización del espacio público y darse una vuelta por las ciudad de México, Guadalajara, León, Monterrey, San Luis Potosí, Querétaro, Puebla, etcétera. Y si de plano quieren abrir su mente a la nueva concepción urbana mundial, pueden visitar algunas de las principales ciudades europeas, como Barcelona, París, Ámsterdam, Londres… les cambiaría su visión:

Las ciudades que priorizan el uso de la bicicleta son las más avanzadas, las más democráticas y las más saludables. La bicicleta redefine a las ciudades.

Hoy ser bicicletero es un honor; es sinónimo de cuidado ambiental, de salud, de bienestar y de conciencia colectiva. Apoyemos estas iniciativas ya.

7 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo