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De cubrebocas y su funcionamiento, ante la escalada de contagios por COVID-19


Por Miguel Ángel Méndez-Rojas

@nanoprofe


Justo a la mitad de la tercera ola de contagios en México, vemos cómo la cresta supera el máximo de la segunda ola (más de 20 mil nuevos contagios diarios).

Considerando que la población vacunada en todo el país no rebasa al 22 por ciento del total, el uso de cubrebocas como medida de prevención de contagios se vuelve esencial.




Los cubrebocas son sometidos a diferentes pruebas para determinar su efectividad: de Eficiencia de Filtración Bacteriana, de Eficiencia de Filtración de Partículas, de Eficiencia de Filtración Viral, de Presión Diferencial, de Hidrofilicidad y de Hidrofobicidad.

La prueba de eficiencia de filtración bacteriana mide cómo detiene gotículas conteniendo agentes biológicos (bacterias o virus). Al toser, gotas de entre 5 a 20 μm son expelidas. Deben atraparse gotas de hasta 3 μm sin problema (un cabello mide en promedio 70-100 μm de ancho).

Entre mejor EFB, más eficiente para evitar que las gotículas lleguen a quien lo usa. Un cubrebocas con EFB de 95 por ciento (mascarilla quirúrgica o médica, que cumple la norma ASTM F2100-19, barrera de protección nivel 1), bloquea cerca del 95 por ciento de las gotículas a las que se expone.

En la prueba de eficiencia de filtración de partículas, se evalúa la capacidad de detener partículas (polen o polvo). Esto se consigue evitando el paso de partículas < 0.1 μm. A mayor EFP, más partículas se filtran. Un EFP de 95 por ciento bloquea al 95 por ciento de las partículas en el ambiente.

La prueba de presión diferencial determina qué tan respirable es al medir la facilidad con que el aire pasa de un lado al otro, calculando la diferencia en presión sobre la superficie a una velocidad de flujo de 8 L/min. A menor PD, más respirable.

La eficiencia de filtración viral evalúa como la mascarilla evita el paso de gotículas de cerca de 3 μm. Se parece a la prueba de EFB, pero usa bacteriófagos como material de prueba. A mayor EFV, mejor barrera contra virus, incluyendo coronavirus.

La prueba de hidrofilicidad (o absorción de agua) muestra la facilidad con que la máscara absorbe agua, atrapando gotículas emitidas por quien la porta. Entre mejor absorba agua –mejor hidrofilicidad- más efectiva es para prevenir dispersión hacia otras personas.

La prueba de hidrofobicidad determina cómo la capa exterior del cubrebocas repele agua. Entre más hidrofóbico, mejor protegerá de que gotículas emitidas por otras personas se adhieran a la superficie, contaminándola. Normalmente correlaciona con altos niveles de EFB y EFV.

Las capas de un cubrebocas tienen funciones distintas. Filtran de acuerdo al tipo de fibra, estructura, manufactura y sección de entrecruzamiento. La capa media es clave para detener partículas virales. Las partículas se adhieren a las fibras, por afinidad o por cargas.

En ese sentido, las fibras del cubrebocas emulan la manera en que partículas virales se adhieren a las células fibrosas pulmonares (azul y púrpura en la foto), evitando que lleguen a nuestro sistema respiratorio y nos infecten.

Por lo anterior, aunque ya estés vacunado (y más si no te has vacunado), usa un cubrebocas de buena calidad, buena eficiencia de filtración (N95 o en su defecto, mascarilla quirúrgica) para evitar contagiarte. Cuídate, cuida a los que te rodean.

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