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Decir adiós


Por Deborah Buiza

Desconozco si en otro tiempo, en tan pequeño lapso, se habían dicho tantas condolencias, tantas palabras tratando de brindar algo de consuelo ante la pérdida de un ser amado, un amigo, un familiar, un compañero de trabajo; no sé si antes se han hecho tantas oraciones, se han pedido tantas bendiciones, y se han elevado tantos pensamientos por aquellos que han partido y más, por aquellos que se han quedado en el desamparo y la soledad.

¿Qué hacer ante la pérdida de las personas que han compartido con nosotros el camino? ¿Cómo acompañarnos en un momento en el que pareciera que todos van teniendo una ausencia? ¿Qué hacemos con ese “vacío” que deja la pérdida?

Acompañar desde la empatía, desde la escucha amorosa de esa tristeza, sin juzgar, ni comparar, ni intentar bloquear o animar para “sacar” lo más rápido posible a la persona de ese momento puede ser un principio que siente las bases para un caminar más ligero y en confianza, sin importar el tiempo que lleve el proceso, no es fácil estar ahí como nos necesitan y no como a veces nos es más cómodo, pero vale la pena.

Darnos espacio para abrazarnos a nosotros mismos (si, así de redundante) a través de las cosas, las personas o las experiencias que sabemos que nos reconfortan y nos apapachan el corazón y el alma, todos sabemos qué nos reinicia la vida, y si no es así, tal vez este es el momento para encontrarlo.

Hacer el ejercicio de agradecer el momento compartido cuando llegue a la memoria el recuerdo y dejar ir, encontrar alguna forma de honrar su memoria y darse la oportunidad de sentir la tristeza, de llorar, de querer estar solos en ocasiones, pero también dejarse sostener y ayudar si fuera necesario.

Cada duelo es tan personal que no hay fórmulas exactas y perfectas para salir de él, sólo queda ir aprendiendo sobre la marcha a transitar el momento, a acomodar la ausencia, a permitir que poco a poco se vaya cerrando el espacio que quedó con la partida de la persona para que ninguna otra cosa (ni más trabajo, ni cursos, ni actividad frenética, etc.) pueda ocuparlo y con ello se “atore” el proceso.

Ante todas estas pérdidas, es mi deseo, que este doloroso y triste momento nos permita recogernos en nosotros de tal forma que podamos encontrarnos nuevamente en lo básico, así, sin filtros ni adornos, en toda nuestra humanidad y como hermanos, que encontremos sabiduría para transitar el duelo y honrar a nuestros muertos.

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