• Ambiental News-Miguel Á.

Dejar atrás, seguir andando


Por Déborah Buiza


Hay lugares, relaciones y proyectos que pierden vigencia y aunque al principio no siempre sabemos cuándo se terminarán, la fecha de caducidad llega de manera inevitable y es necesario soltar, caminar y dejar atrás.

Dicen que nada es para siempre, que todo tiene un ciclo y en algún momento tiene que terminar, pero en muchas ocasiones, aunque estamos conscientes de ello, nos resulta difícil -e incluso doloroso- dejar ir, cerrar esa etapa.

Para algunas personas, cerrar ciclos puede ser algo natural y con mucha facilidad se “despiden” de lo que se ha acabado y con muy buena disposición se encaminan a nuevos proyectos, llevando consigo la satisfacción de lo realizado y el aprendizaje de la etapa vivida.

Para otras personas no es tan “fácil” y puede ser que el proceso se atore un poquito; es como si tuviéramos una cuerda en las manos y no lográramos soltarla, aunque eso limite tomar la otra cuerda que nos ofrecen delante.

¿Has notado cómo hay cosas que es más fácil decir “muy bien, esto se ha acabado, vamos a lo que sigue” y otras que se sienten como “no puedo creer que esto se acabe; por favor un poco más”?

¿De qué dependerá el cerrar los ciclos con mayor facilidad?

Con la idea de dar un “cierre” que nos permita continuar y llevarnos la experiencia, podríamos sentarnos y, con mucha tranquilidad, desmenuzar poco a poco lo sucedido. Quizá podríamos revisar en qué momento se inició esa etapa y preguntar quiénes éramos en ese momento y quiénes somos ahora; revisar cómo se desarrollaron las cosas, qué papel jugamos en ellas, reconocer lo que salió bien, el esfuerzo que hicimos, las lecciones aprendidas y los errores cometidos; darnos la oportunidad de reflexionar por qué terminó y preguntarnos si quedó algo pendiente de resolver.

Una vez revisada la experiencia, toma la decisión de no aferrarte, de quedarte con lo aprendido y, si es posible, agradece lo sucedido. Sé que es más fácil decirlo que hacerlo, por lo que es necesario tomarse tiempo y ser paciente con uno mismo durante el proceso y, por supuesto, si sientes que en algo te atoras, es válido buscar ayuda especializada.

Aceptar que todos tenemos un ritmo distinto para dejar ir las cosas y una manera muy personal de “despedirnos”, puede quitarnos el peso de la crítica o la “urgencia” por cerrarlo, cuando tal vez aún no estamos preparados para dejar la habitación, cerrar la puerta y echar la llave. Cada quién a su tiempo y forma.

Dejar ir nos permite seguir adelante más ligeros; comenzar nuevos ciclos, abrir nuevas temporadas, mirar con ilusión al futuro y confiar que lo que viene es aún mejor que lo terminado.

Y tú ¿estás listo para soltar y continuar?

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