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Despenalización del aborto


Por Jorge Messeguer

@jorgemesseguer


El 7 de septiembre de 2021 pasará a la historia de México como el día en que se hizo justicia a las mujeres y se les otorgó el derecho a decidir sobre su vida, su destino y su cuerpo. La Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó, de manera unánime, NO penalizar más a aquellas mujeres que deciden interrumpir voluntariamente el embarazo. El debate fue muy rico e intenso. El ministro presidente de la SCJN señaló con toda claridad que penalizar con cárcel a la mujer que decide abortar es profundamente injusto; es condenar a la mujer a la clandestinidad; es negarle sus derechos a tener una vida digna, sin violencia, con derecho a la salud y a determinar su destino.

Hace algunos años se inició la despenalización del aborto voluntario en la ciudad de México hasta antes de las primeras doce semanas de gestación. Esto se debe a razones científicas: según los estudios neurológicos realizados, antes de ese tiempo el producto de la gestación no presenta actividad cerebral. Se considera que a partir del inicio de la misma es cuando se puede afirmar que el feto adquiere la calidad de ser humano; con la actividad cerebral inicia progresivamente la protección de sus derechos como tal, antes no. Esto es fundamental. Hemos comentado en este espacio el caso de la muerte cerebral, en donde un cuerpo está vivo, su corazón late y sus órganos trabajan, sin embargo, no presenta ninguna interacción con el mundo exterior. En estos casos se decide donar los órganos y dar vida a otros seres humanos sin que esto represente un asesinato; el ser humano que era simplemente ya no está, ya no es. Pues bien, se presenta una situación similar en el caso del producto de la concepción en las primeras semanas de gestación. Es decir, se trata de un organismo sin duda vivo, pero que no responde todavía a la condición de ser humano. ¿Por qué entonces criminalizar la interrupción voluntaria de ese embarazo? Midamos con la misma vara. Penalizar a la mujer que decide interrumpir un embarazo no deseado tipificándolo como un delito, sobre todo en aquellas que tienen condiciones de vida muy precarias, vulnerables, que no tienen forma de acceder a los servicios de salud es, en realidad, la aplicación de un delito que castiga a la pobreza. Nada podría ser más injusto. Es muy satisfactorio que la Corte haya decidido proteger los derechos de las mujeres por encima de valoraciones morales, muy respetables y válidas sin duda, pero en este caso prevaleció el criterio jurídico y la protección de los derechos de las mujeres. Esa es la función de la SCJN. Si se habla de proteger derechos humanos como el derecho a una vida digna, a la salud, a vivir sin violencia, a decidir sobre su cuerpo, a planear su proyecto de vida, a definir su destino, no puede prevalecer simultáneamente el delito que criminaliza estos derechos. Es un contrasentido. Despenalizar el aborto voluntario no implica tampoco promoverlo. Ninguna mujer aborta por gusto. La mayoría de las veces lo hace en condiciones clandestinas e insalubres. En estos casos la mujer es una víctima, así se debe considerar, no una delincuente. Si lo que se quiere evitar son los abortos, el único camino es prevenir embarazos no deseados mediante la educación sexual y facilitar el acceso a métodos anticonceptivos a todos los jóvenes. Desde la secundaria si es posible. Los mismos que están en contra de la despenalización del aborto creen que la abstinencia es la mejor manera de prevenir embarazos; además de castigar a la mujer quieren castigar el sexo. En muchos casos son los representantes de la doble moral. Por lo pronto, los diputados del Congreso de Morelos, recién investidos, tienen la gran oportunidad de legislar a favor de los derechos de la mujer en los términos que determinó la SCJN; deberán resistir la embestida de la Iglesia y de los grupos más conservadores. Ya veremos de qué están hechos los diputados morelenses. Recuerden que es un tema de salud pública y de reconocimiento de derechos, no de moral. Ser madre a partir de una decisión y del deseo de serlo es la mejor garantía de una buena crianza de la niñez de México. Ser mujer con el pleno derecho a determinar su vida es un gran avance en el camino de la libertad como sociedad. Enhorabuena.


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