• Ambiental News-Miguel Á.

Después de ti ¿quién?


Isaac Gómez-Mercado


“Me cansé. Ahí la dejamos mejor“ fue el primer mensaje que leí un jueves por la mañana. Mi relación había terminado. En ese momento ni lo pensaba, pero decenas o cientos de personas alrededor del mundo estaban pasando por lo mismo.

Un rompimiento a mediados de los 20 parecía el fin del mundo, el tener que quitar esa “foto feliz” de la repisa dolía más que la fractura de costilla de unos años atrás. Mi relación había fracasado.

El fracaso no era algo de lo que me gustara hablar. Ni siquiera pensar. Si siempre me habían dicho que podía lograr cualquier cosa… ¿por qué no había tenido éxito en ninguna de estas?

Con el paso de los años a este fracaso se le sumaron otros: un sueldo no alcanzado, un puesto no obtenido, un emprendimiento quebrado, etc, etc, etc.

“Acumula, acumula, acumula… que para ser feliz hay que tener mucho (dinero)”, pero cuando no lo tengas escóndete y mejor que ni te vean, por que un fracasado no es bien visto por la sociedad.

En la cultura mexicana hemos etiquetado al fracaso como algo malo, algo negativo, destinado a causar un malestar a quien lo “padece”. Esto no es necesariamente cierto, pero la realidad es que es algo incómodo. Un trago amargo difícil de pasar.

¿Qué es el fracaso después de todo? Sino esa sacudida que nos saca de la zona de confort, tira nuestra esperanza y abre la puerta a la frustración. Nos muestra vulnerables, tristes y perdidos. Nos aísla, nos avergüenza y hasta nos minimiza.

Pero por encima de todo hay algo de más valor. El fracaso nos enseña. El fracaso tiene un lado positivo: la resiliencia. Sin aprendizaje no hay adaptación. Sin fracaso no hay resiliencia.

El fracaso es humano, es subjetivo, y por eso lo medimos con la vara que hemos puesto a nuestras expectativas, con la que medimos cuánto hemos acumulado. Fallar es necesario, pero sufrir eternamente por ello, eso sí es completamente opcional.

La clave está en la habilidad para llorar, reflexionar y darle a lo que sigue. No soy el único, esto ya le pasó y le pasará a alguien más.

Tómalo con calma, pero tómalo. Hacer como si nada pasara sólo es dejar que se acumule, como el bote de ropa sucia que se vuelve montaña pasados varios días. De la misma forma hazte cargo de tus pensamientos, sepáralos, atiéndelos y déjalos impecables.

Nunca olvides que después del fracaso, viene la calma.

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