• Ambiental News-Miguel Á.

El cambio social


¡Qué hay de nuevo… Viejo!


México se estremeció en 1993. ¡Los narcos habían matado a un Cardenal! ¿Cómo? Un representante de la iglesia católica asesinado a plena luz del día en el aeropuerto de Guadalajara… ¿Qué está pasando? ¡Hay que poner a los narcos en su lugar! La sociedad lo pedía, desde años atrás, desde el asesinato de Enrique Camarena, un agente de la DEA.

En 1992 se estableció en México el premio “Don Sergio Méndez Arceo”, el cual se otorga como reconocimiento a organismos y activistas que luchan en favor de la paz, la autodeterminación de los pueblos y el respeto a los derechos humanos.

El 26 de marzo de 2018 se entregó el premio “Don Sergio Méndez Arceo”, en su XXVI edición, a Irinea Buendía Cortés, defensora de los Derechos Humanos, madre de Mariana Lima Buendía, víctima de feminicidio en el Estado de México

Don Sergio Méndez Arceo fue nombrado obispo de la Diócesis de Cuernavaca, estado de Morelos, en 1952.

Ese mismo año publicó el libro “Historia de la Real y Pontificia Universidad de México”. Desde El Vaticano se prohibió a los religiosos seguir los cursos del Centro de Información y Documentación Católica (CIDOC); sin embargo, Méndez Arceo siguió con su transformación y promovió la difusión de textos sobe ideologías socialistas como “El cambio social”, el fenómeno religioso y su influencia.

Causo polémica por su apoyo hacia las corrientes renovadoras de la Iglesia Católica, pero sus ideales sociales y su apoyo a grupos marginados continuó presente. En su lucha por los derechos humanos, denunció la intervención norteamericana en Vietnam e impulsó el proyecto “Va por Cuba”, por el bloqueo norteamericano a la isla.

A dos familias de Michoacán los une un lazo consanguíneo, un parentesco. Lázaro Cárdenas del Río, el presidente que dio asilo político a los exiliados españoles, es primo de Sergio Méndez Arceo, Obispo de Cuernavaca. Uno admirado y otro juzgado, pero los dos en apoyo a las causas humanitarias.

La derecha mexicana de la época lo llamaría el “Obispo Rojo”. A su regreso de Roma, trabajó como profesor de Historia y de Filosofía en el Centro Cultural Hidalgo, que habría de convertirse en la Universidad Iberoamericana .

El “Obispo Rojo” fue, durante décadas, una gran molestia para la Iglesia Católica, para el Gobierno Federal, para ciertos grupos de poder, por su inclinación a los pobres desamparados y su apoyo a las causas sociales.

De hecho, los grupos que no simpatizaban con el obispo habían solicitado se le adelantara su retiro, lo que nunca aceptó Juan Pablo II. Como no hay fecha que no se cumpla, el 28 de diciembre de 1982 le fue aceptada la renuncia. Falleció el 5 de febrero de 1992 y fue sepultado entre reclamos: ¡Queremos más obispos al lado de los pobres!

El sucesor fue Juan Jesús Posadas Ocampo, el obispo asesinado en el aeropuerto de Guadalajara, justo cuando iba a recibir al Nuncio Apostólico Girolamo Prigione.

El Cardenal Posadas fue víctima de fuego cruzado entre narcotraficantes rivales que intentaban matar a Joaquín “El Chapo” Guzmán. En 1999, la Procuraduría General de la República, el Gobierno del estado de Jalisco y la Iglesia Católica mexicana concluyeron: No fue víctima de confusión; lo acribillaron al bajar de su auto y fue fácilmente identificable por su asesino. La Arquidiócesis lo consideró un crimen de estado, y no se practicó la autopsia al cadáver, por orden escrita de Carlos Salinas de Gortari.

Para Salinas, fue momento para reanudar las relaciones con El Vaticano, con la Santa Sede, rotas desde 1858.

Después de todos esos años, llega a México Girolamo Prigione como ave de mal agüero. Resultó ser lo más despreciable y llegó para ocasionar conflictos, discordia, politizar a la iglesia y sentirse el Todopoderoso, al grado de recibir en la Nunciatura Apostólica a los hermanos Arellano Félix, líderes del cártel de Tijuana, acto que fue censurado por la sociedad, pero como estaba tan empoderado, mandó un boletín de prensa para acallar las criticas.

“Manifiesto que no podría revelar lo hablado con los narcos por secreto profesional; es estrictamente privado”. Pero no sólo protegía a los narcos, sino que también era “tapadera” de Marcial Maciel, un tipo que escondió la honestidad, el respeto, debajo de la sotana. ¡Qué clase de individuo nos mando la Santa Sede!

No conforme con lo hecho en la Nunciatura, Prigione convocó a todos los obispos de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) para apoyarlo a sacar el registro número uno ante la Secretaría de Gobernación, pero Ernesto Corripio Ahumada, de la Arquidiócesis de la Ciudad de México, ya había solicitado el registro bajo la denominación de Iglesia Católica Particular, en lo que los medios llamaron “madruguete”.

Pero el secretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios, contrario a la reforma legal, vio venir el registro y dijo: “perfecto, aquí controlo a todos” y le dio entrada a Prigione. Todo quedó en un solo registro.

El problema ocasionado por el Nuncio Prigione ocasionó el retraso y suspensión de entrega de registros a otras organizaciones religiosas.

Con todo esto, debe quedar claro que el artículo 40 de la Constitución siempre firma como laico. Hoy, hay partidos a los que no les queda claro y buscan cualquier denominación o credo religioso para sumar votos.

Habría que recordar a José López Portillo cuando preguntó: “¿de cuánto es la multa, para que mi invitado oficie una misa en Los Pinos?”.

Vemos a la Luz del Mundo en el Palacio de Bellas Artes; hablamos de hombres con proyectos socialistas: uno, acribillado, y el otro, recibiendo en la Nunciatura Apostólica a narcotraficantes. ¡Pero México es un país laico!

quehaydenuevoviejo760@yahoo.com.mx

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