• Ambiental News-Miguel Á.

El miedo


¡Qué hay de nuevo… Viejo!

Araceli Mendoza

Ciento cincuenta despensas para los afectados por las lluvias en Macuspana; familias viviendo bajo el agua; campesinos que perdieron su trabajo al echarse a perder los cultivos… La presa Peñitas y las constantes lluvias afectaron al poblado de José Colomo, en Macuspana, Tabasco, enclavado junto al río Chilapa, a 30 kilómetros de la cabecera municipal, pasando Ciudad Pemex, donde se elevó el número de damnificados.

Las despensas solicitadas el 5 de octubre nunca llegaron. El delegado envió otro oficio el 17 de noviembre, aumentando el número de despensas a 572, el número de familias que viven en el pueblo de mil 114 habitantes. En esta solicitud también se incluyen medicamentos, colchones y productos de limpieza para evitar contagios de la COVID-19. No hay albergues, las escuelas se inundaron. Las autoridades informaron que las despensas son entregadas por la Secretaría de la Defensa Nacional, y no pueden llegar de golpe, sino racionadas.

Gran parte de Tabasco está cubierto de agua; las poblaciones más pobres, más desprotegidas, luchan por defender lo suyo, lo que con tanto trabajo y esfuerzo han logrado tener… hoy perdieron todo, no hay sino el techo de su humilde casa… algunos lograron poner a salvo a unos cuantos guajolotes o gallinas, pero el ganado no se salvó: lo arrastró la corriente.

Es terrible ver cómo las familias han perdido su patrimonio, en este poblado donde habitan niños y niñas, sí, una niñez que con su rostro de tristeza todo lo observa o escucha de los adultos; sus oídos y ojos están atentos, y las percepciones de cada uno son diferentes.

La vivencia en la niñez de esta terrible experiencia tendrá gran influencia en su vida, en la cual sembrará odio, rencor, deseo de venganza, sentimientos muy profundos porque han visto llorar a sus padres por la desesperación y la desesperanza.

Para un niño, ver derrotados a sus padres es terrible, porque su apoyo, su fuerza y su protección, se ha doblegado ante el desastre causado por las lluvias y el desbordamiento de los ríos. ¿Dónde está su protección?

Otros tal vez se han percatado de la delincuencia que quiere llevarse lo poco que ha quedado en sus viviendas, y al ser capturados por los mismos pobladores, han escuchado las consignas de “¡mátenlo, mátenlo!”… Tal vez es la primera vez que un niño escucha estas palabras, pero sus ojos observan cómo señalan con odio, con desprecio, a esa persona. Son imágenes que será difícil borrar.

Pero esto ocurre durante el día. Por la noche llega el sentimiento más aterrador para cualquier persona: el miedo. En cuanto empieza a oscurecer, el miedo hace su aparición. Todo queda totalmente a oscuras; no están las camas donde dormían los niños, ese lugar seguro donde su cuerpo solía descansar a sabiendas de que todo está bien. Como niño, sabes cuál es el lugar para descansar, por más humilde que sea tu hogar.

El miedo de saber que tu casa está rodeada de agua en la que te puedes ahogar; no tienes tus cobijas para protegerte. El agua huele mal. Las fantasías infantiles ante el miedo son, de verdad, inimaginables: “¿…y si me caigo al agua y nadie se da cuenta?, ¿y si sale un animal del agua y nos come?”.

Los sueños, ante todo lo que han visto y vivido, serán parte de esa gran secuela que dejara todo lo vivido, a lo cual hay que añadir el hambre. ¿Cómo decir a la niñez que “tenemos nada qué comer”? Han pasado muchos días y las historias de cómo han tenido que sobrevivir estas personas son desgarradoras”.

Ya son casi 50 días y siguen inundados. Viven entre el agua, sin trabajo, con los cultivos perdidos; sus muebles, sus juguetes, su mesa donde tomaban café o atole… ¡todo desapareció!, una gran pérdida. ¿Qué necesitarán estas personas para resarcir las perdidas?

Generaciones de niños y jóvenes sumamente afectadas en todos los sentidos: sin escuelas, sin comunicaciones, por los desastres naturales; por la pérdida de estabilidad emocional en las familias, o las pérdidas del padre, de la madre o de ambos. Se abre una gran interrogante: Esta niñez y juventud, sean citadinos, indígenas o de Tabasco ¿cómo serán en su vida futura?

Los dejo con esta frase: “San Isidro Labrador, quita el agua y pon el sol”, en referencia al patrono de los agricultores del mundo.

quehaydenuevoviejo760@yahoo.com.mx

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