• Ambiental News-Miguel Á.

El poeta y el desprecio


¡Qué Hay de Nuevo… Viejo!


+ La caravana organizada por Javier Sicilia vale por sí misma y forma ya parte de la historia social de nuestro país


No hay nada nuevo, todo sigue como antes, en este dolor por tantos muertos en las masacres en nuestro país; masacres olvidadas, no resueltas; feminicidios, bandas del narco, desapariciones forzadas, secuestros, extorsión que intimida a los comerciantes y no los deja trabajar tranquilos.

La compasión, la empatía, la humanización, totalmente perdidas. ¿Qué nos pasó; por qué se acrecentaron estas matanzas?

Recuerdo a Javier Sicilia, quien se convirtió en emblema al fundir el duelo por la pérdida de su hijo en él y de quienes les ha golpeado la brutal guerra; y tuvo el enorme acierto de colocar la mirada en las víctimas y sus familias. El movimiento por la paz y las víctimas de la violencia.

El recorrido que emprendió en 2011 ha sido largo. No ha encontrado la fórmula para reparar el daño. Hoy, el tema está más vigente que nunca ante la burla del presidente Andrés Manuel López Obrador al leer las cifras de muertos en el periódico Reforma. Me pareció ver al “Jocker”, personaje de la película del mismo nombre que no podía contener la risa presenciando o ejecutando actos o situaciones terribles. No paraba de reír.

No hay nada nuevo. Las voces de los sin voz que se escucharon en la ruta con Javier Sicilia hacia Ciudad Juárez, el epicentro del dolor. La caravana organizada por Javier Sicilia vale por sí misma y forma ya parte de la historia social de nuestro país.

La Marcha Nacional por la Paz y la Justicia fue un grito que se manifestó por el hartazgo de la gente. El “estamos hasta la madre” tal vez se vuelva a escuchar -más bien ya se escucha y cada vez más fuerte-, y es la traducción mexicana de que si no pueden que se vayan.

A dos años de la 4T, en el segundo informe de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, nulos resultados en seguridad. La Guardia Nacional no ha resuelto nada. Alfonso Durazo, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, le arrebató al Ejército Mexicano, a la Policía Federal, hombres y mujeres para conformar la Guardia Nacional, violentando sus derechos laborales.

Sin instalaciones dignas, estos seres humanos tienen necesidad de trabajar, porque pertenecer a una institución con un jefe mediocre que no apoya a su gente con mejores condiciones humanas, tal vez dé como resultado un “me vale madres”, porque no voy a arriesgar mi vida a cambio de nada.

¿Cómo los puede apoyar si jamás ha estado en la refriega ni en los balazos? Es un jefe de escritorio, que no tiene idea de cómo combatir a la delincuencia.

Desde el operativo fallido en Sinaloa debió renunciar por vergüenza, y no cínicamente quedarse sentado en una silla que le queda grande.

La Guardia Nacional, por instrucciones y para contener el grave conflicto en Chihuahua, en “La Boquilla”, incendió el conflicto. Carece de estrategia y logística. El presidente ha dicho no represión, “abrazos, no balazos”, con lo cual crea una confusión terrible… y los delincuentes, aplaudiendo.

Lo lógico es que, por poco eficientes que sean nuestros gobernantes, nos dirijamos a ellos por ser representantes legalmente establecidos. Todos sabemos la diferencia entre escuchar y gobernar, pero si te mueves usando la emoción colectiva, manipular la rabia, aprovechar como nadie la indignación, como lo hace el presidente, no puede decirse que sea un político con empatía. Por eso no es capaz de sentir el dolor de las víctimas, de los niños con cáncer ni de los sobrevivientes de la COVID-19.

Desde que Sicilia se plantó en el centro de Cuernavaca, poco después del asesinato de su hijo, el diálogo, el protagonismo de las víctimas y de los deudos es uno de los principales rasgos de este movimiento.

Como ocurrió a lo largo de sus caminatas y caravanas, su dolor, su indignación, su protesta, han servido de imanes para atraer la exposición de tragedias como la de la familia Le Barón, aún sin resolver. Y no se trata de ver cuál es peor-

Javier Sicilia recuerda, en la carta que dirigió al Presidente que no piensa rebajarse y escuchar a los dolientes, a quienes ha dicho que le dan flojera, que no piensa perder el tiempo oyéndolos y que no les permitirá montar un espectáculo. Sería indigno de un Presidente reunirse con ustedes.

El poeta Sicilia dice con razón que el desprecio es el sello de la Presidencia de Andrés Manuel López Obrador. Desprecio por la verdad y los datos. Desprecio por el diálogo auténtico. Desprecio por el mundo y los avisos del futuro. Desprecio por el sufrimiento de los otros. Y en la base de todo ese desprecio, la soberbia.

El que ríe al último, ríe mejor. Una frase que no cabe ante el dolor, ante las masacres, las fosas clandestinas, la sociedad unida buscando a sus familiares para que no terminen en una fosa común. ¿Realmente el presidente conoce lo que significa “Amor y paz” o es su eslogan distractor “Abrazos no balazos”? El lema de la sociedad es “Estamos hasta la madre” de tantos muertos.

Es difícil llegar a la normalización de todo aquello que da cabida a una realidad lacerada; hacer como que no oyes ni ves y continuar viviendo como si nada pasara, en un momento terrible ante esta guerra sin fin, a la que se suma la pandemia de COVID-19.

quehaydenuevoviejo760@yahoo.com.mx

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