• Ambiental News-Miguel Á.

En busca del Mesías


Por Miguel Ángel Méndez Rojas

@nanoprofe


Muchos piensan que en nuestro país, la ciencia y la tecnología tienen como origen de sus problemas el que los gobernantes no la vean como un área estratégica. Pareciera que con darle recursos se llevará a cabo de forma satisfactoria y competitiva.

Sin embargo, un análisis objetivo nos hace ver que la CyT mexicana se encuentra en varios rubros como líder mundial o altamente competitiva, lo que no nos puede cegar ante la existencia, también, de áreas en donde hay aun espacio para mejorar y competir.

Existen laboratorios mexicanos mejor equipados que sus análogos europeos o estadunidenses, y aun así lo anterior no significa que publiquen más y mejor que laboratorios con menor infraestructura. La ciencia no es la infraestructura ni la inversión que en ésta se hace. Recuerdo un laboratorio en La Habana con mesas de cemento cubiertas de azulejos, un horno construido a mano con resistencias eléctricas y ladrillos de adobe, así como equipos reparados empleando piezas de aparatos electrónicos caseros.

Con esta infraestructura simple fabricaban óxidos inorgánicos fotoemisores ¡de la misma calidad de los que se podrían hacer en laboratorios de otros países, mucho mejor equipados! No, el problema no está en los recursos, sino en quienes hacen uso de éstos.

El problema es una falta de cultura científica que haga evidente para qué necesitamos CyT. Somos analfabetos científicos funcionales. No sirve de nada tener CyT si en lugar de resolver problemas a través de éstas preferimos el uso de alternativas anacrónicas e ineficientes. Igual pasa con nuestros recursos naturales (petróleo, gas, minerales, productos agrícolas o ganaderos). Los exportamos en bruto a otros países por centavos (pobres, no tienen nuestra riqueza natural) y recomprarlos procesados en cientos o miles de veces su valor inicial.

Aquí el problema no es que no tengamos CyT y por eso estemos limitados a exportar materia prima. Es la visión retrógrada que prefiere la ganancia inmediata, y no se interesa en algo que requiere esfuerzo y trabajo. La maldición idiosincrática que compromete nuestro desarrollo.

Cada 6 años nos creemos el cuento de que “ya casi estamos del otro lado”, y ponemos nuestras esperanzas en un Mesías que encumbramos y llenamos, primero de elogios, luego de maldiciones; nuestro Quetzalcóatl mestizo nos llevará por sendas de justicia y progreso hacia el futuro.

Pero al final, como en la fábula de la oveja negra de Monterroso, lo aniquilamos y luego guardamos su ingrata memoria en la historia oficial, en un ejercicio político-social que mantenemos como una especie de deporte nacional. ¡Viva el rey, muera el rey y que venga el próximo!

Además del futbol, nuestra otra afición es la espera paciente, en cada pueblo del país, a que uno de sus hijos escale la montaña (r)evolucionaria, política, y luego vuelva su mirada y su poder hacia su terruño natal. Añoranza de que el Mesías sea local y nos haga compadres.

Es una regla general que la mayoría cumple cabalmente: solo así es como llegan las carreteras esperadas, se construyen las presas por tantos años pedidas, se conecta la energía eléctrica o se inaugura la maquiladora, hospital, escuela (o estadio de beisbol) tan necesitados.

Como el compromiso es de solo 4 o 6 años, hay que apurarlo. Y, por supuesto, no hay espacio ni tiempo para reflexionar sobre la CyT: “No moleste, investigador o investigadora, ¿Qué no ve que tenemos urgencias más importantes que atender? No sea egoísta. Fórmese allá.”

Y como la ciencia no urge (¿para qué?, sí de todas maneras tenemos un atraso de 20 años. Despacio que no hay prisa), pues que espere. Por eso, la batalla final por el avance de la CyT nacional debe ocurrir en otros frentes, no nada más en el académico o de la denuncia.

La batalla principal está en las aulas, de universidades, y las de preescolar, primaria, secundaria, preparatoria y bachiller. Está en las calles, en los lugares que habita la sociedad. Tenemos que generar una conciencia social donde la CyT importe y tenga un significado.

Si no nos sensibilizamos al respecto, seguiremos con el retraso científico y tecnológico. Sin importar que seamos usuarios de alta tecnología, si no la comprendemos, si no la producimos, seremos simples espectadores y compradores. Como hoy con las vacunas.

Mientras tanto, así como los pueblos esperan su Mesías político, nosotros esperamos por una reforma educativa y leyes de ciencia, tecnología e innovación que incluyan una perspectiva incluyente, no discriminante, con libertad de investigación. Pero parecemos cangrejos en cubeta.

33 vistas0 comentarios