• Ambiental News-Miguel Á.

¡Entérate! La CIA llegó a estar al servicio del clima

+ Linda Zall es una científica destacada que

ha velado por la salud del planeta desde la agencia de inteligencia más famosa del mundo


Linda Zall es una de las personas más relevantes de la ciencia estadounidense de las últimas décadas pero el secretismo y el anonimato que cubren su vida esconden una razón: en 1985 entró a formar parte del equipo de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), dejando atrás cualquier posibilidad de reconocimiento público.



A sus 70 años -y después de varios jubilada del espionaje- Linda Zall decidió dar a conocer su historia y revelar al New York Times algunos detalles de su lucha por poner al servicio del clima los satélites de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), escribe Raquel Nogueira (@rnogueira89) para Ethic

Así lo hizo con Medea, el programa que instauró en 1992 y que revolucionó a la CIA. Este grupo de trabajo científico echó la vista de los satélites atrás, hasta los años 60, para proporcionar una nueva base de referencia que sirviese para estudiar y evaluar los ritmos de los cambios planetarios.

Seis décadas de datos e información sobre las modificaciones en los patrones de las nevadas, las tormentas, los niveles del mar y los glaciares, culminaron en cientos de investigaciones y estudios de toda índole: algunos púbicos y unos cuantos clasificados como alto secreto.

Lo más revolucionario del trabajo de Zall fue desafiar el sistema establecido y conseguir que los satélites espías y las imágenes que tomaban en secreto –y que se acumulaban en almacenes con poca utilidad– sirviesen para sentar las bases de la lucha climática actual.


El ecologismo se cuela en Langley

Aunque la pasión de Zall por la naturaleza le venía de la infancia, fue el vicepresidente Al Gore quien sembró la semilla de la ecología en el cuartel general de la CIA.

El autor de Una verdad incómoda escribió en 1990 una carta a la agencia en la que pedía utilizar los satélites espía patrios para algo más productivo. A su misiva le sucedieron peticiones similares de un senador demócrata y varios líderes ecologistas.

En un momento en el que la Guerra Fría estaba llegando a su fin, era necesario repensar el uso de toda esa tecnología en la que se había gastado el dinero de los contribuyentes. Para Gore, recabar pruebas absolutas del calentamiento global y el cambio climático era la misión más noble que se podía encomendar a la CIA y sus satélites espías.

Linda Zall puso manos a la obra para confirmar las sospechas del vicepresidente de Estados Unidos: la misión que le habían encomendado era viable, necesaria y daría muchos frutos. En un informe clasificado del que se hizo eco The Associated Press en mayo de 1992 -sin mencionar su nombre-, la científica describía cómo el reconocimiento secreto podía ayudar a que las ciencias de la Tierra avanzaran a pasos agigantados.

Para octubre de ese mismo año, gracias a ese informe, la CIA decidió crear un amplio grupo de trabajo llamado Medea, compuesto esencialmente, por científicos especialistas en clima. Su misión era clara: entender el funcionamiento de la naturaleza y su degradación.

Los satélites más preciados de Washington son precisamente los que utilizó Zall para sus investigaciones. Estos podían fotografiar tanto armas de destrucción masiva de naciones enemigas como matrículas de autos que cometían infracciones. Entre barrido y barrido, muchos de los cientos que fueron puestos en órbita desde 1960 capturaban imágenes de cómo el hielo de Ártico y de la Antártida desaparecían lentamente, instantáneas que cayeron en el olvido hasta que los polos se convirtieron en zonas calientes del deshielo y el equipo liderado por Zall decidió comenzar con su investigación.

Si su trabajo hubiese sido normal, el nombre de Linda Zall se hubiese repetido a lo largo de los años como colaboradora, asesora o investigadora principal en los cientos de publicaciones que se realizaron a partir de sus descubrimientos. Pero cuando tu investigación se mueve en las sombras, entre lo oficial y lo secreto, es sencillo acabar relegado a esos claroscuros de la historia que, ahora, se empiezan a descubrir.

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