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Espera, hay un nuevo día... No siempre es de noche


Por Déborah Buiza

Te tiras en la cama (o en el sillón, en el piso, en la acera... en realidad no importa, da igual), cierras tus ojos y aparece ese pensamiento que te ha acompañado desde hace días: ¿qué sentido tiene seguir con vida? ¿Y si un día no despierto?

Con dificultad (o no), te quedas dormido y, al paso de las horas, abres los ojos en un nuevo día, un día que sientes que no tiene nada nuevo ni bueno para ti…

- ¡Carajo, para qué amanecí!

Desolación, apatía, indiferencia, tristeza… Sin fuerzas, sin sueños, sin motivos… Demasiado, todo pesa demasiado; todo cansa demasiado; todo harta demasiado… Diría Jaime Sabines: la gotera de los días y la vida yéndose sin sentido.

Pero, un momento, no es que un día ya no quieras levantarte o te encuentres en un cuarto piso mirando por el cubo de las escaleras.

De un día para otro no te encuentras al filo del precipicio escuchando una voz que te dice “salta”; en un abrir y cerrar de ojos no tienes el cuchillo o las pastillas en la mano.

Es que a veces los días se nos escurren de los dedos, como el agua o la arena; se vacían de significado; la realidad golpea tan fuerte que rompe los sueños, la voluntad y la motivación; enturbia el pensamiento, nubla los sentidos, magnifica lo gris, lo insípido y todo huele o sabe a fracaso, y cada momento que pasa te jala hacía el fondo, casi sin percibirlo, pero cada vez más al fondo.

Sin embargo, tu corazón sigue latiendo. Aunque no puedas “percibirlo”, ahí está, latiendo para ti, bombeando vida (tu vida); aún estás vivo y, si estás vivo, hay algo que se puede hacer.

Se dice que las personas que se quitan la vida en realidad lo que deseaban era terminar, en ese aquí y ahora, con esa realidad que los abrumaba. Sólo eso. Lamentablemente, no somos gatos con siete vidas y el día que decidimos terminar con nuestra existencia y lo hacemos, ahí acaba. Es nuestra característica, por muy obvio (y cantinflesco) que suene. Esto es así: el día que dejamos de estar ya no estamos.

Pero, ¿y si sólo era un mal momento? ¿Una mala racha que se extendió? ¿Y si en un año las cosas fueran diferentes, y por un momento de desolación, desesperación y frustración ya no estás aquí?

A veces conviene esperar. Sólo espera, un poco ¿sí? No hagas nada más, sólo espera.

Busca ayuda o déjate ayudar. Déjate abrazar, déjate consolar, déjate llorar; sal, respira aire fresco, deja que te acaricie el sol, camina entre los árboles, camina… no dejes de caminar….

Si tú estás del otro lado, ayuda. Busca ayuda, abraza, acompaña… No dejes de acompañar. Es posible, aunque ahora no lo creas, que mañana sí sea un nuevo día.

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