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¿Está la ciencia exenta de influencias ideológicas?

+ Políticos democráticamente elegidos han puesto a prueba la autonomía de las instituciones de investigación, así como la autoridad, integridad y validez de los científicos en la sociedad. La democracia puede no garantizar buena ciencia, pero el totalitarismo la hace imposible.


Por Miguel Ángel de Alba


Existe una discusión sobre si la ciencia debe tener ideología (política, ética e incluso religiosa) o no debe traslaparse con ésta, porque debe ser abstracta y apolítica, pero Miguel A. Méndez-Rojas @nanoprofe, doctor en Química por la Texas Christian University y Licenciado en Química, con especialidad en Fisicoquímica por la Universidad de las Américas Puebla, considera que eso podría volverla vulnerable.

En un hilo publicado en su cuenta de Twitter, @nanoprofe menciona que se considera que la ciencia debe estar libre de toda ideología; que su función es generar conocimiento, independientemente de la estructura sociopolítica en que se inserta, sin opinar ni inmiscuirse en asuntos políticos. Una ciencia "política", es cuestionable, incluso despreciada.

"Pero los científicos son seres políticos, con filias y fobias. Hay científicos muy religiosos, como los hay ateos o guadalupanos; también los hay liberales, conservadores, anárquicos, de centro, izquierda, derecha, capitalistas o socialistas", explica el investigador.

Menciona que "algo que todos deberían tener en común es una ética que les permita mirar al mundo de forma objetiva y neutral, por encima de sus propios intereses y filias o fobias, para poder generar juicios morales, éticos y políticos libres de subjetividad, de beneficio social".

Hoy en día -añade- los científicos somos más conscientes de las implicaciones sociales, éticas y ambientales de los productos de la investigación y debatimos de forma abierta con la comunidad de pares y con la sociedad, de forma inclusiva y participativa.

La participación de científicos en la política es necesaria, para proteger una actividad crítica esencial para la vida democrática de cualquier país, así como para asegurar la existencia de herramientas basadas en el conocimiento y la evidencia que permitan resolver problemas.

Especifica que una sociedad que no protege a sus científicos o que politiza la actividad científica sin respetar o consultar la opinión de la comunidad de investigadores, se acerca a absolutismos que la historia nos ha mostrado, una y otra vez, son peligrosos.

Hace referencia a que "entre 1930 y mediados de 1960, el Lysenkoismo afectó trágicamente la agricultura soviética y el desarrollo de la Biología en la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Trofim Lysenko se oponía a las ideas modernas de la genética y la selección natural, con un trasfondo político en su posición.

Más de 3 mil científicos -biólogos la mayoría- fueron perseguidos o mandados a campos de concentración e incluso ejecutados por oponerse a la "biología de estado" de Lysenko, incluyendo investigadores en campos como la neurofisiología, la biología celular y otras disciplinas.

Para el gobierno soviético de Stalin, el Lysenkoismo fue conveniente para empujar una "ciencia nacionalista", lista para competir contra la "ciencia occidental", mostrando así la superioridad de su ideología. Con el respaldo del gobierno, Lysenko tenía poder casi ilimitado.

Bajo el Lysenkoismo, además de la ejecución de genetistas como Solomon Levit, Georgi Karpechenko o Nikolai Vavilov, la genética fue etiquetada como "pseudociencia burguesa" y la infraestructura de investigación en el campo fue prácticamente destruida.

Mientras tanto, la producción agrícola soviética (que practicaba las ideas de Lysenko para "incrementar rendimiento de las cosechas, reducir tiempos de maduración y generar productos de mejor calidad nutritiva) cayó a niveles que incluso afectaron el autoabasto.

En países de la órbita soviética, como China, la aplicación del Lysenkoismo contribuyó a la gran hambruna que condenó a la muerte a entre 30 y 40 millones de personas. Con la muerte de Stalin y la llegada de Nikita Khrushchev, el Lysenkoismo empezó su decaimiento.

Algunos periódicos empezaron a criticar el Lysenkoismo. Científicos como Andrei Sajarov se expresaron públicamente en su contra. En 1964 fue depuesto de su cargo y terminó confinado en una granja experimental en las afueras de Moscú. El fin del Lysenkoismo había llegado.

Refiere el investigador mexicano que "historias similares pueden escribirse sobre la física aria que el nazismo impulsó y condujo a la expulsión (o muerte) de científicos judíos. La intromisión de la política en la ciencia no ocurre solo en las dictaduras.

Para concluir su hilo, @Nanoprofe expresa que:

Políticos democráticamente elegidos han puesto a prueba la autonomía de las instituciones de investigación, así como la autoridad, integridad y validez de los científicos en la sociedad. La democracia puede no garantizar buena ciencia, pero el totalitarismo la hace imposible.


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