• Ambiental News-Miguel Á.

Eunice Foote, la mujer que identificó el efecto invernadero y cayó en olvido

+Además, fue una activista en pro de los derechos de las mujeres, hace dos siglos


Todos hemos escuchado hablar de los gases de efecto invernadero y de que son los causantes del calentamiento global y del cambio climático, pero pocos saben que fue una mujer quien primero identificó este efecto en la atmósfera, y a quien no se ha dado el crédito por ello.


Los estudios sobre el efecto invernadero y su impacto potencial en el clima del planeta comenzaron a tener repercusión política y social a partir de mediados del siglo XX, cuando quedó patente su relación causa-efecto.


En las últimas décadas, el incremento del dióxido de carbono (CO2) de origen humano puso sobre aviso a la comunidad científica. El funcionamiento del efecto invernadero se basa en la presencia de ciertos gases en la atmósfera (CO2, vapor de agua, metano y otros similares) que absorben la radiación de la superficie de la Tierra y aumentan la temperatura de la atmósfera, al “guardar” parte del calor reemitido por la Tierra cuando es calentada por el sol.

Pero ¿quién descubrió el efecto invernadero? A pesar de que es al físico John Tyndall a quien se atribuye históricamente el descubrimiento del llamado “efecto invernadero”, lo cierto es que una mujer ya había hablado de las propiedades del dióxido de carbono en la atmósfera tres años antes: Eunice Foote, en el Décimo Encuentro Anual de la AAAS (Asociación Americana para los Avances de la Ciencia).


Foote comprobó por primera vez, de forma empírica, que la presencia de ciertos gases carbónicos generaba un calentamiento adicional del aire cuando los exponía al sol. Empleó tres campanas de vidrio llenas de vapor de agua, dióxido de carbono y aire, respectivamente, y comparó cuánto se calentaba su interior al recibir radiación solar.

“El mayor efecto de los rayos solares se da en el gas carbónico”, escribió Foote, empleando la descripción de entonces para el CO2. “El receptor que contenía el gas se calentó considerablemente más que los otros, y una vez eliminado el gas carbónico el enfriamiento fue importante”.


Además, especuló sobre el impacto que la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera podría causar sobre las temperaturas globales, ofreciendo información cuantitativa sencilla.


El ensayo, titulado “Circunstancias que afectan a los rayos del sol”, leído por un profesor del Instituto Smithsoniano porque no sería bien visto que una mujer presentara un artículo científico, solo obtuvo una mención en la revista Scientific American, donde los editores elogiaron que apoyase sus opiniones con experimentos prácticos. Más allá de eso, su artículo pasó ni siquiera se incluyó en el tomo de recopilación de artículos de la AAAS ese año. La única copia del artículo de Foote se encuentra en la American Journal of Science and Arts, una publicación externa a la AAAS.


Tres años después de la lectura del artículo en la Asociación, el físico irlandés John Tyndall publicó resultados similares que demostraban el efecto invernadero de ciertos gases, incluido el ácido carbónico. Hasta hoy, el trabajo de Tyndall es aceptado como el fundamento de la ciencia climática moderna, mientras que el nombre de Eunice Foote cayó en el olvido, hasta que en Madrid, durante los trabajos de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP25) fue mencionado en la sesión inaugural.


Aunque el trabajo de Foote no reemplaza al de Tyndall, sí demuestra que uno de los primeros pasos hacia el entendimiento del clima y su funcionamiento fue tomado por una mujer.

Ese primer paso fue ignorado por la historia, y rescatado por un investigador independiente llamado Raymond Sorenson que publicó su descubrimiento en 2011, dando a conocer el nombre de Eunice Footer. Y de ahí hasta Madrid 2019.


Pero Eunice Footer y su marido también participaron activamente en numerosos movimientos a favor de la igualdad de la mujer en el siglo XIX.


La Convención de Seneca Falls fue la primera convención sobre los derechos de la mujer en Estados Unidos, realizada del 19 al 20 de julio de 1848 en Seneca Falls, Nueva York, organizada por Lucretia Mott y Elizabeth Cady Stanton.


El resultado fue la publicación de la Declaración de Seneca Falls (o Declaración de Sentimientos, como ellas la llamaron), un documento basado en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos en el que denunciaban las restricciones, sobre todo políticas, a las que estaban sometidas las mujeres: no poder votar, presentarse a elecciones, ocupar cargos públicos,afiliarse a organizaciones políticas ni asistir a reuniones políticas.

Trescientas personas estuvieron en esta convención, de las cuales 68 mujeres y 32 hombres firmaron esa declaración de sentimientos. Entre ellos se encuentran las firmas de Eunice Newton Foote y de su marido Elisha Foote.

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