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Haitianos en Morelos


Por Jorge Messeguer Guillén

@jorgemesseguer


Hace unos días, al circular por el norte de Cuernavaca, me encontré con una mujer de origen haitiano con su hijo adolescente pidiendo ayuda económica a los automovilistas. Desconozco si están de paso por Morelos o tienen la idea de quedarse aquí, lo cual dudaría mucho ya que su objetivo es llegar a la frontera de los Estados Unidos y de ahí cruzar a ese país. La llegada de miles de haitianos a nuestro país obedece en la mayoría de los casos al éxodo de personas originarias de la isla caribeña, pero procedentes de Brasil y de Chile, principalmente. Son personas que ya habían salido de Haití años atrás y estaban establecidos en esos países sudamericanos. Otros provienen directamente de la isla, vía Colombia, Panamá o de otro país de Centroamérica.

En todo caso, tienen en común haber huido de Haití por razones humanitarias o de seguridad, unos antes y otros después, pero todos son víctimas del hambre y de la miseria que prevalece en ese país. Para llegar a la frontera sur de México, han tenido que cruzar por varios países, seguramente con muchísimas dificultades, pero es hasta que llegan a México cuando se encuentran con un gran escudo gubernamental, un blindaje fronterizo integrado por agentes migratorios y la Guardia Nacional, que los mantiene confinados en las ciudades fronterizas de Chiapas, impidiendo que continúen su camino hacia la frontera norte.

Muchos de ellos, de manera legal o a hurtadillas, logran pasar esos retenes mexicanos y librar las redadas de la Guardia Nacional y llegar al norte. En algunos puntos de la frontera en donde el río Bravo lo permite, los migrantes cruzan a los Estados Unidos. Han establecido campamentos de cientos de refugiados de ambos lados del río y hemos visto escenas en donde policías montados en caballos y armados con látigos, impiden que los migrantes crucen el río Bravo y se internen en territorio norteamericano.

Las imágenes de la policía migratoria arreando a migrantes con látigos, son escenas que lastiman.

A otros los detienen y suben a aviones que los llevan directo de regreso a su país de origen. Imaginemos eso: después de meses de cruzar materialmente el continente americano, pasando carencias, inclemencias, siendo víctimas, en muchos casos, de violencia, atravesando países donde la situación de inseguridad es terrible, como Honduras, El Salvador o México... para que en un par de horas los regresen al lugar de donde huyeron. El fenómeno de la migración haitiana se ha recrudecido a partir de dos hechos recientes: la inestabilidad política, social y económica que padece Haití (recordemos que un grupo de mercenarios asesinó hace unas semanas al primer ministro) y el reciente terremoto que azotó la isla, dejando más miseria y muerte a su paso. El papel que le toca jugar a México es ingrato y hasta contradictorio. Por un lado, pretende ser solidario y brindar ayuda humanitaria a los migrantes que llegan del Sur, pero por el otro es el policía que hace el trabajo sucio a los Estados Unidos para contener a los haitianos en la frontera, en Tapachula y en otras ciudades. Hasta en Monterrey hay una colonia importante de haitianos. En general, los migrantes haitianos no ven a México como un destino final, no sé si para bien o para mal. Prefieren correr el riesgo e irse a los Estados Unidos, engañados en la creencia de que les darán asilo como a sus familiares o paisanos que llevan tiempo de radicar allá. Mientras tanto, el presidente mexicano insiste en convencer a los gobiernos del presidente Joe Biden y del primer ministro canadiense Justin Trudeau para invertir en el programa "Sembrando Vida" en Centroamérica, con el pretexto de generar empleo y disminuir la migración. Hasta ahora no ha habido respuesta. Además, dice, sembrar árboles ayuda a disminuir los efectos del calentamiento global. Mientras las condiciones de pobreza, inseguridad y violencia prevalezcan, debemos acostumbrarnos a ver a migrantes centroamericanos, haitianos y de otras regiones del mundo en las ciudades de México. La mayoría son gente buena, que merece una segunda oportunidad de vida.

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