• Ambiental News-Miguel Á.

La agnotología, retorcida praxis de numerosos gobiernos e industrias


La salvaguarda de los derechos humanos, así como de un sano desarrollo sostenible, equitativo y en paz, es el principio elemental del enfoque ético inclusivo, que nos ofrece un marco jurídico-moral y social interdependiente en favor de un diálogo con principios que orienten nuestro proceder en bien común, e indivisible, por lo que una persona puede perder parte de su cuerpo pero nunca perderá su esencia de ser humano. A partir de este entendido, la manera de reflexionar, hacer conciencia y actuar del mismo modo para con el resto de los ecosistemas, es el requerimiento primordial para gozar de una vida plena. Asimismo, es la jerarquía básica en cuanto se propone la tarea social en correspondencia a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, amparada por la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) en su Resolución 217 A (III) acontecida el 10 de diciembre de 1948, en la ciudad capital de Francia.

Entonces, hablamos de sociedades inclusivas, en donde la diversidad de culturas y sus estructuras relevantes -sanidad, trabajo, participación política, expresiones artísticas, recursos naturales, democracia, patrimonio tangible e intangible, etcétera…- expresen y realicen inserciones éticas, brindando apoyos a las personas (en la medida en que los necesiten) para que su inclusión sea plena y en la que se le proteja para que no se den exclusiones en las relaciones intersubjetivas, en donde compartimos conocimiento y conciencia -de una persona a otra- para fortalecer el Estado de Derecho y, aunque parezca una obviedad, el respeto y conservación a la biodiversidad.

Por lo anterior, es inevitable pensar que si la mayoría de la gente queremos vivir dignamente y en paz ¿de dónde provienen los problemas ambientales, democráticos, económicos y sociales? Los teóricos que investigan la explotación de los recursos naturales, el proceder de gobernantes y las sociedades, así como de quienes determinan las economías, han detectado que buena parte de los principales causantes es la mala disposición y manejo que le dan protervos empresarios a los residuos industriales, la corrupción de incontables gobernantes, el destino de envases post-uso que se generan desde los hogares y de no analizar a profundidad (como colectividad) las dramáticas consecuencias de nuestros actos sobre el medio ambiente y a las injusticias en torno a los derechos humanos. Los perversos inconvenientes se advirtieron y se acrecentaron -con un alto grado de complicidad- a partir de la industrialización iniciada a finales del siglo XIX en Estados Unidos de Norteamérica.

De las diversas líneas de investigación a estos problemas, han surgido lineamientos en el ámbito social, científico, ético y jurídico, los cuales señalan a la industria y a corrompidos gobernantes como substanciales responsables de los caos sociales e irracional contaminación en nuestro planeta, obviamente, en ese entorno, las sociedades tenemos enorme responsabilidad desde el momento en que no alzamos la voz con dignidad y responsabilidad cívica, que, entendido de esta manera, es otro modo de degradante y sumisa complicidad.

Tener presente (por ejemplo) que la industria de «La Moda» es uno de los sectores que más contamina y poco o nada se preocupan por atender sus malos métodos de producción, y aún peor, generan campañas publicitarias en las que desvirtúan intencionalmente el cómo obtienen pieles de animales, piedras preciosas, esencias y fibras naturales, a la par de comprobarse que la mayoría de la «ropa de diseñador» contiene importantes cantidades de sustancias tóxicas como plomo, mercurio y arsénico, mismos que arrojan directamente como desechos a ríos (sin ningún tipo de tratamiento previo) y que termina en los mares, extendiéndose por todo el planeta.

A este tipo de engaño, el profesor de la Universidad de Stanford Robert Proctor y el historiador social Iain Boal, acuñaron el término «Agnotología» en 1995 para sintetizar la producción estratégica y deliberada de la ignorancia inducida. En su libro Agnotology, Proctor y Londa Schiebinger recopilaron diversos ensayos que detallan cómo se desvirtúa intencionadamente la historia, las campañas políticas, el conocimiento científico, la economía, las guerras, los extremismos ideológicos, la comunicación (ahora con mayor notoriedad en las redes sociales) En concreto, la agnotología es una impía herramienta de opresión de quienes ostentan los «poderes sociales y de consumo» imponiendo su voluntad sobre la gente llegando, incluso, al despotismo y de tiranía comercial en sus patrones de persuasión.

Ante tan pusilánime brete ambiental y social —observado ahora desde el comportamiento comercial y consumista globalizado— podemos comprobar que la ignorancia tiene muchos aliados, ocupando un lugar destacado en casi todo, desde la propaganda comercial a las operaciones militares de gobiernos opresores y hasta en los insanos eslogan de productos dirigidos a los infantes, traslapándose de múltiples maneras con la estupidez, lo sibilino, la apatía, la censura, la desinformación, la intolerancia, las Fake News, los dogmas y la negligencia, los cuales generan tremenda incompetencia de razonamiento, distorsionando las sanas conductas en las relaciones humanas y con los entornos naturales.

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