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La autopista y la federal México-Cuernavaca: pistas de carreras y tumbas de "bikers"


Por Jorge Messeguer Guillén

@jorgemesseguer


Cuando era adolescente vi la película de Easy Rider y me encantó la manera de enfrentar el mundo a partir de la rebeldía y de la libertad que produce viajar en una motocicleta sintiendo el aire fresco en la cara y disfrutando de los paisajes del camino. Esa película hizo que las motos Harley Davidson se convirtieran en un símbolo.

Hoy en día existen miles de aficionados a las motos, se llaman "bikers" y se agrupan en una especie de cofradías y hermandades; no lo sé a ciencia cierta, pero desde luego la influencia de esas películas americanas ha sido decisiva para multiplicar la afición.

Sin embargo, los accidentes fatales de motocicletas son cada vez más frecuentes en la carretera federal y en la autopista México-Cuernavaca. El pasado 15 de agosto, sobre la autopista, hubo tres accidentes casi simultáneos en donde murieron seis motociclistas: dos mujeres muy jóvenes -17 y 23 años- y cuatro varones.

Escenas de terror se miran en videos y fotografías segundos después de los percances. Sobre el pavimento quedaron esparcidos los cuerpos destrozados de los pilotos y sus acompañantes, casi siempre mujeres muy jóvenes.

Especialmente los domingos, grupos de motociclistas se montan en sus máquinas y recorren a toda velocidad las carreteras que comunican la capital con el estado de Morelos. Llegan al poblado de Tres Marías, famoso desde hace décadas por sus tradicionales quesadillas. Este lugar se ha convertido en un punto de reunión de cientos de motociclistas, en un tianguis de artículos deportivos y accesorios relacionados con esta práctica, además de los restaurantes y fondas que ofrecen comida y cerveza. También la recta de Tres Marías sirve para el lucimiento de quienes juegan a hacer "caballitos", arrancones cortos o, simplemente, "pavonearse" frente a sus pares haciendo rugir sus motores.

En otros puntos de la carretera federal han proliferado con mucho éxito puestos de comida y cervezas, seguramente para mitigar la sed que provoca la adrenalina que corre por las venas de los suicidas conductores, producto de la velocidad y del estruendo que producen sus potentes motores.

En el km 63, en la planicie que provoca la concavidad de una peligrosa curva se encuentran varios de estos "pits" cerveceros. Ahí se reúnen a tomar cerveza a discreción, tal vez para darse valor y regresar a la pista a desafiar el destino, sin importar el riesgo que conlleva para terceros, que en muchas ocasiones juegan el papel de daños colaterales.

Entre los kilómetros 62 a 64 se colocan personas con cámaras de video y fotografía que se dedican a grabar y, supongo, a vender las imágenes a los presuntos gladiadores del asfalto devorando el pavimento, en una especie de ir y venir en ese tramo carretero. Toda una industria.

Sobra decir que para los vecinos de estos fraccionamientos, los domingos se han convertido en días de alto riesgo al circular por la carretera federal, además de sufrir la contaminación auditiva que generan estas motocicletas por el ruido excesivo que producen al pasar.

Las concentraciones de motociclistas en Tres Marías ahuyentan a la autoridad, sea federal, estatal o municipal; es tierra de nadie. ¡Vaya, ni la pandemia de COVID-19 impide a estos personajes tomar, manejar y correr por las carreteras sin otro límite que su propia conciencia!

Ya va siendo hora de que la autoridad intervenga y deje de ser omisa. Las carreteras son espacios públicos y nadie tiene la facultad de apropiárselos y convertirlos en zonas de alto peligro por quienes desafían la muerte como quien juega a la ruleta rusa. Quizá hagan falta espacios para que los amantes de la velocidad vayan a correr en condiciones de seguridad para ellos y para los demás.

Se vale disfrutar de las sensaciones únicas que seguramente produce conducir una motocicleta por una carretera como la federal a Cuernavaca, con sus hermosos paisajes rodeados de bosques, siempre que se haga con responsabilidad y respetando el derecho de los demás. A quien no entienda esto, la autoridad debe imponer el orden y el acatamiento de las normas viales.

La rebeldía motorizada y el anhelo de libertad de Easy Rider algunos irresponsables la convierten en muerte, dolor y tragedia.

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