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La magia


¡Qué hay de nuevo… viejo!


Por Araceli Mendoza

Tener ilusiones nos da esperanza y fe en los sueños y anhelos, porque quienes carecen de esas emociones dejan de dar sentido a la vida. No las perdamos.

En los años 60 el calendario escolar era distinto; el inicio a clases era en febrero y las vacaciones largas, como se les conoce (las de verano) empezaban a finales de noviembre. Tal vez a muchos lectores les parecerá extraño, pero el calendario escolar se ajustó al de provincia y otros países, en una decisión que benefició a los estudiantes en los diferentes niveles de educación, al ya no tener que perder un año completo de estudios si cambiaban de residencia o venían a estudiar a la Ciudad de México.

La verdad, era maravilloso, porque en el invierno la pasabas mejor: no tenías que levantarte temprano, con frío, para ir a la escuela. Se sentía una especie de magia al colocar los adornos conmemorativos en la casa para el inicio de la Navidad, época que se asomaba por las calles adornadas en muchas colonias para las posadas… ¡Sí, las posadas se hacían en las calles!

En esa época, un paseo obligado era ir al centro de la ciudad a ver la iluminación que, ¿por qué no decirlo?, era todo un espectáculo, porque los gobiernos de esos años no reparaban en anunciar la época decembrina con adornos que hacían referencia a la Navidad.

Otro paseo era ir a la Alameda central, donde se vivía una auténtica verbena, con muchos globos y antojitos, para que los niños pudieran ver a los Reyes Magos, esos personajes que dentro de la evangelización católica llegaron y crearon en los niños una gran ilusión.

En muchas casas se explicaba a los hijos el significado de la Navidad; por qué se celebraban las posadas y por qué días después llegaban los Reyes Magos, esos que visitaron al niño que nació en Belén y le llevaron oro, incienso y mirra.

De hecho, la famosa rosca de reyes simboliza a una corona con piedras preciosas. También es tradición cortar la rosca en familia, tradición que se vió ensombrecida por el semáforo rojo de la emergencia sanitaria en la Ciudad de México.

Regresemos a la Alameda, donde la tradición que desapareció era llevar a los niños a tomarse la foto con los Reyes Magos, y salir con un globo o un algodón de azúcar. Este paseo era muy esperado. La ilusión de la llegada de los Reyes Magos hacía que los niños se sintieran comprometidos a tener buena conducta.

La magia de la inocencia de los niños. Los Reyes Magos, los fotógrafos, los diseñadores que construían un escenario mágico para la foto, hoy están desempleados, pero los padres de familia no quieren que sus hijos pierdan la inocencia, la fe ni la esperanza y, mucho menos, que se queden sin el regalo de los Reyes Magos, y han salido a ayudarles a hacer las compras, a pesar del semáforo rojo sanitario.

Hoy la magía para muchas familias sería encontrar lugar en un hospital para su familiar o un tanque de oxígeno.

“Quédate en casa”, aunque veas al subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, disfrutando de unas vacaciones como si se las mereciera o hubiera ganado. Esta persona, con un gran cinismo, sin importarle las casi 130 mil muertes causadas por su incompetencia y total irresponsabilidad y conocimiento. Renunciar, es lo que debería hacer, pero en vez de eso, el habitante de Palacio Nacional lo manda a Argentina para alejarlo de los reflectores de los medios de comunicación y de las “benditas” redes sociales.

Pienso que todas las tradiciones han generado formación y crecimiento en las familias. En los pueblos existen grandes tradiciones: al inicio de la cosecha, las fiestas patronales, el cambio de mayordomos, la celebración de algún santo venerado en la población… Es la magia de sentirse vivo, participativo y comprometido.

Hoy tendremos que esperar a que desaparezca o se controle el SARS-Cov2n que asuela a la humanidad, para seguir adelante. Es un cambio radical de lo tradicional a lo no existente. ¿Cómo nos reinventaremos sin magia, sin ilusiones?

¿Cómo harán los Reyes Magos, los verdaderos, los originales, los que hacen magia para sacar adelante a los hijos, a la familia, para seguir adelante si muchos perdieron al elefante, al camello, y tú, sí, tú, perdiste el caballo? Los cofres se vaciaron; ya uno hay oro, incienso ni mirra. Recuperar los cofres significará un gran esfuerzo, ya que en el desierto donde nos encontramos muestra espejismos, desorientación y sed de justicia.

Solo para adultos mayores: ¿quién no tiene una foto con los reyes magos?, ¿dónde éstas tú?… Los primos los hermanos… Seguro la tienes en tu álbum -sí, esos álbumes de cartón grueso donde las fotos se pegaban una tras otra-. ¡Qué maravilloso momento es ver la cara de todos y sonreir para la foto actual!

La magia de la inocencia.

quehaydenuevoviejo760@yahoo.com.mx

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