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La pesca insostenible


Por: Fernando Silva


En poco menos de dos siglos, la Tierra ha experimentado súbitos cambios desde la hidrósfera hasta la atmósfera a causa de la descontrolada y contaminante actividad humana, lo que permite reflexionar sobre los negativos efectos que ha padecido el agua y, en consecuencia, para millones de especies cuyo hábitat se encuentra en océanos, mares, ríos, lagos... El vital elemento es una sustancia viva en la que se intercambia materia y energía, modificando continuamente su estado gracias al Sol y a la gravedad, que son los motores de su ciclo. Los océanos ocupan el 75 por ciento de la superficie del planeta y producen hasta el 80 por ciento del oxígeno en la Tierra.

El aumento demográfico, invariablemente, genera gran consumo de agua por parte de la humanidad, asimismo, la expansión de la industria y de la acuicultura, entre otras importantes actividades económicas como la ganadería, han propiciado que el agua se convierta en un recurso perecedero. Un aspecto a considerar es que la mitad de la población (en el mundo) carece de infraestructuras de saneamiento y más de dos mil millones de personas tienen graves dificultades para recibir el derecho humano de contar con agua potable. De seguir esta alarmante carencia, se calcula que para el año 2025 se rebase, desgraciadamente, la cifra de tres mil millones de personas.

En ese sentido, la inquietud se incrementa si se tiene presente la cantidad de peces y otros animales marinos que son asesinados para satisfacer la insaciable y hasta inconsciente demanda, lo que nos permite observar cómo la pesca y la acuicultura —como actividad productiva y altamente lucrativa— hacen uso de la riqueza biológica de litorales costeros y marinos disponibles en todo el mundo, utilizando crueles y perniciosas técnicas de cultivo y captura a gran escala. Los productos que obtienen, no sólo son para el insano consumo humano, sino también para pigmentos, materiales para la construcción, sustancias de uso farmacológico… o simplemente como indignantes trofeos ornamentales.

Siguiendo las investigaciones de científicos y ecologistas expuestas en el informe Living Blue Planet Report, en el que calculan que el año 2048 puede ser fatídico, ya que en los últimos 40 años, las poblaciones de vertebrados marinos disminuyeron un 49 por ciento y las poblaciones de peces capturados para consumo humano se han reducido a la mitad, así como algunas especies experimentan un declive aún mayor, y ni hablar de las miles ya extintas. La situación es tan crítica al grado de aseverar que para mediados del siglo XXI los océanos pueden presentar trascendente escasez de peces y de otras especies marinas.

De esta manera, tanto la industria pesquera como las piscifactorías asesinan cada año una cantidad de peces equivalente a la población humana de 210 planetas Tierra (1,623,300,000,000 de personas) cifra que no incluye a los animales capturados por la pesca ilegal, que a su vez mata 26 millones de toneladas de peces anualmente, lo que la convierte en el tercer delito más lucrativo relacionado con los recursos naturales, después de la madera y la minería. Ejemplos de otros delitos asociados a la pesca se ubican la falsificación de documentos, el tráfico de personas, el lavado de dinero, el asesinato de trabajadores que además esclavizan y graves violaciones a los derechos humanos y a los que competen a los ecosistemas. A todo esto habrá que agregar algo que los propietarios de barcos pesqueros denominan «depredación en capturas accidentales» que no es otra cosa que el infame arrastre de peces —con sus gigantescas redes— y a todo lo que se encuentre en el fondo del mar, además, de exterminar a otras especies animales que no son consideradas comerciales como: tiburones, tortugas, mantarrayas, delfines, ballenas... Otra calamidad que causan con tan brutal actividad es el de aniquilar extensas áreas de arrecifes coralinos. Estos procedimientos «accidentales» representan el 40 por ciento de las capturas marinas mundiales, lo cual nos da una clara idea del volumen de muertes y de la degradación del hábitat marino.

Tal deterioro ecológico es consecuencia del efecto combinado de la sobrepesca, la captura incidental y la degradación del entorno, las cuales inducen cambios en las cadenas tróficas al modificar la composición específica de las comunidades y en la estructura, función, productividad y resiliencia de los ecosistemas oceánicos, por lo que se considera a la sobrexplotación de los recursos pesqueros como uno de los impactos más importantes de la actividad humana sobre la biodiversidad.

En análoga y lamentable realidad, el 12 de noviembre de 2020, comenté sobre el documental Cowspiracy, que abrió el amargo telón de la agricultura industrial y el consumo de cárnicos. Ahora, les comparto un nuevo documental Seaspiracy (2021) del mismo equipo que estuvo dispuesto a hacer lo propio con la pesca y sus lamentables secuelas, tanto para humanos como para las especies marinas. El valeroso documental dirigido y narrado por el cinematógrafo Ali Tabrizi, expone las oscuras prácticas y la corrupción de la industria pesquera mundial y el de las empresas que certifican la «pesca sostenible» transportándonos por un recorrido sin precedentes hacia los océanos y dando luz sobre las terribles consecuencias para el hábitat marino, promoviendo de esta manera la conciencia sobre lo trascendentales que son los tiburones, ballenas, tortugas y los delfines para los ecosistemas, así como los inconcebibles efectos dañinos que la pesca genera a todo el medio ambiente oceánico.

Las impactantes estadísticas que se muestran en el documental sugieren que 50 millones de tiburones (criaturas que son esenciales para la preservación de nuestros océanos) son atrapados anualmente como captura incidental, asimismo, en la costa atlántica de Francia, diez mil delfines son capturados cada año con el mismo argumento. De esta manera, las certificaciones de «pescado sostenible» no son lo que parecen, Tabrizi reveló sobre cómo las etiquetas DolphinSafe y Marine Stewardship Council no brindan la seguridad y confianza que los consumidores buscan, lo que irremediablemente puede afectar la salud de las personas que se alimentan de peces, mariscos, cefalópodos, crustáceos, equinodermos, ballenas, delfines, focas… y cualquier especie de vida marina.

Una vez más estimado lector, hagamos conciencia en bien común, y le invito a ver el documental Seaspiracy, desde la plataforma de Netflix.

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