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La real Anna, de Frozen, que se salvó por saber dónde estaba Wally

Por José Vte*

@cateterdoblej


Frozen es una película de animación producida por Walt Disney Animation Studios, en la cual la hermana de la protagonista sufre de congelación, pero en la vida real hay historias muy parecidas... o que incluso podrían superar la ficción, como la que se cuenta a continuación.


LENGBY (MINNESOTA, EE.UU.) Diciembre 19, 1980.- Era un invierno frío… no más que otros años. Había nieve y hielo por todos lados. Eran casi las doce de la noche y unos focos de un coche destellearon en el horizonte. Jean Hilliard de 19 años regresaba a su casa después de haberse reunido con sus amigos. No eran muchos esa tarde-noche… ¡Normal! Vivía en un pueblecito pequeño, como casi todos los cercanos a Spring Lake. Iba conduciendo el Ford LTD de su padre por la carretera 2 del estado. de regreso del local de la American Legion de Fosston, uno de los pocos sitios animados de la Minnesota rural “profunda”.

La emisora de radio local había dicho que tenían -22 grados Farenheit (-30 grados Centígrados) en ese momento, y recordaba que era mejor estar en casa... y en caso de circular, se debía conducir con precaución debido a la nieve y a las grandes placas de hielo presentes en las calzadas.

Cuando estaba a unos seis kilómetros del pueblo, el vehículo patinó y, aunque tenía tracción trasera, no tenía frenos antibloqueo, por lo que no pudo evitar salirse de la vía. El zigzag del vehículo, sumado al salto que dio al meter las ruedas en una zanja junto a la carretera, hicieron que acabara empotrado contra un árbol, con las ruedas atascadas en la nieve. Aunque el vehículo quedó inutilizado, Jean resultó ilesa porque no circulaba rápido. La joven se puso el abrigo que tenía en el asiento de atrás y bajo del coche

Lo primero que pensó fue en esperar a ver si pasaba alguien por la carretera y la recogía, pero rápidamente se dijo: - ¡imposible que pase alguien por aquí hoy…! Y empezó a andar por el arroyo del camino con dirección al pueblo.

Después de intentar pedir ayuda en varias granjas de la carretera, se dio cuenta que no encontraría a nadie hasta llegar a la población. Pero a poco de ir “paseando” con un frío insoportable, se le encendió la luz: pararía y pediría ayuda a Wally Nelson, novio de una amiga y que también había ido a la fiesta), que vivía en la casa más a las afueras del pequeño y diseminado pueblo. Hasta allí solo tenía que andar poco más de tres kilómetros, casi la mitad que hasta su casa

Ni un coche pasaba, ni una luz en el camino. Hacía frío, mucho frío, muchísimo frío. Cantidades ingentes de nieve y hielo. Jean tenía desde los dedos del pie hasta los cabellos de su larga melena helados. Estaba extenuada cuando… ¡Luz! Exclamó internamente Jean. Era la una de la madrugada y ya veía las farolas del porche de la casa de Wally. Esa luz era el final de su sufrimiento, pero de repente la luz se apagó... todo se fundió a negro


AL DÍA SIGUIENTE

Eran las 7:00 de la mañana y acababa de sonar el despertador. Wally corrió las cortinas de su habitación para ver si había seguido nevando esa noche. En breve saldría hacia su trabajo de ganadero/carnicero en la Fosston Locker Plant.

- ¿Qué es ese bulto en el jardín?, se preguntó al observar una forma indefinida a pocos metros de la puerta de la casa. Sin quitarse el doble pijama, se abrigó encima y salió a averiguar…

- ¡Dios mío, es Jean Hilliard!, gritó. Era la pobre Jean, tumbada lateralmente sobre el césped, convertida en un bloque de hielo y nieve. En el fondo del tempano se veían sus ojos totalmente abiertos pero inertes. Mirando, pero sin ver.

Pese a los gritos, la joven no respondía...

Rompiendo trozos de hielo y apartando la nieve, logró separarla del suelo al que estaba adherida. La tomó en brazos y la metió en casa junto a la estufa de leña del salón, mientras la envolvía en varias mantas

- ¿Desde cuándo estará ahí fuera?, se preguntó Wally, mientras pensaba que no había nada que hacer. De repente vio que le salían burbujitas por la nariz. - ¡Respira!, pensó...

La cogió en brazos y la llevó hacia su auto, tumbándola en los asientos traseros.

Wally no recordaba haber conducido tan rápido sobre hielo y nieve, pero en poco tiempo estaba en la entrada de emergencias del hospital más cercano, el Fosston Municipal Hospital. Eran las 8 de la mañana y rápidamente los servicios médicos se hicieron cargo de Jean

Los sanitarios envolvieron en una manta térmica a Jean y no lograron tomarle ni el pulso, ni la tensión. El corazón de la joven iba a 12 latidos por minuto y sólo efectuaba de dos a tres respiraciones completas por cada sesenta segundos.

Al ponerle el termómetro de mercurio, su temperatura corporal era tan baja que no salía en la escala. Lograron estimarla en 80 grados Farenheit (27 grados Celsius), unos 10 grados Celsius por debajo de la considerada normal… ¡Una auténtica barbaridad!

La piel de la chica estaba tan congelada que hasta las agujas hipodérmicas con las que intentaban ponerle una vía y hacerle un análisis, se partían. Su rostro estaba grisáceo y sus pupilas no respondían a la luz.

El Dr. George Sather, responsable ese día del equipo de urgenciólogos, estaba haciendo todo lo posible por rescatar de la muerte a Jean, aunque él mismo había dicho a sus compañeros que creía que no había nada que hacer

Según las descripciones de alguno de los facultativos presentes, el cuerpo de Jean era como cuando sacas un filete de carne del último cajón del congelador, después de tenerlo ahí varios días. Uno de los médicos salió a decirle a Wally que no había respuesta positiva y se preparara para lo peor. Pese a eso, los profesionales sanitarios persistieron en su afán de “descongelar” a Jean y rescatarla de las garras de la señora de la guadaña.

Luego de tres horas de cuidados en la sala de reanimación, se escuchó un balbuceo, un gemido débil que había salido de lo más profundo de Jean… Eso hizo recuperar una leve esperanza al equipo de sanitarios que la estaba tratando.

Los empeños hicieron que el cuerpo de Jean empezara a tener espasmos involuntarios, acompañados por movimientos de sus pupilas “respondiendo” a la linterna de uno de los médicos.

Aproximadamente al mediodía, cuando habían transcurrido unas 12 horas desde que “estampara” el coche de su padre, Jean articuló sus primeras palabras coherentes, para expresar su preocupación por si su padre le reñía por haber tenido el accidente.

Cuando Jean recobró unas constantes estables, fue ingresada en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del hospital para seguir con su recuperación, pero los sanitarios seguían teniendo serias dudas sobre si se salvaría y, en ese caso, si volvería a estar como antes del accidente.

Al día siguiente, el 21 de diciembre, Jean había recuperado la temperatura corporal normal, pero tenía heridas muy graves en la piel que tenían que ser tratadas con injertos. También peligraban sus piernas, que aún no movía, y se estaban planteando amputar.

Al salir de la UCI, los médicos le preguntaron a Jean Hilliard qué recordaba y ella dijo que “iba caminando hacia casa de Wally y… es como si me hubiera quedado dormida y hubiera despertado en la camilla con vosotros alrededor”

Los médicos le dijeron a Jean y a sus padres que su caso “había sido un milagro; que era innegablemente afortunada y que no tenían explicación de cómo había podido salvarse”. Evidentemente, la ayuda y determinación de Wally habían sido indispensables

El Dr. Sather, con 40 años de experiencia a sus espaldas, y habiendo tratado muchas congelaciones, no había conocido ninguna tan extrema como esta... Ni siquiera que se le acercara un poco. La prensa, la radio y la televisión se hicieron rápidamente eco del extraordinario suceso: “La chica congelada a 30 grados bajo cero durante unas 7 horas sobrevive” Poco a poco Jean se fue recuperando y, después de pasar seis días en la UCI y 49 días desde su ingreso, salió del hospital perfectamente. Incluso conservó las piernas que inicialmente se creía iba a perder

Con el tiempo, le hicieron multitud de pruebas a Jean y la congelación no le había dejado absolutamente ninguna secuela. Había hibernado y vuelto a la vida según dijeron algunos especialistas.

Durante mucho tiempo, hubo médicos que defendieron una teoría, hoy refutada, que al haber consumido alcohol esa noche, algunos de sus órganos no se habían congelado internamente, lo que le había permitido sobrevivir.

Ni siquiera hoy en día, con la medicina “moderna”, se han resuelto todas las incógnitas del caso. Todo parece indicar que, al ir enfriándose, su flujo sanguíneo disminuyó a la vez que los órganos requirieron menos oxígeno, sus propios procesos biológicos “ralentizaron” el cuerpo. Después, su flujo sanguíneo aumentó al mismo ritmo que la temperatura de su cuerpo, lo que le permitió recuperarse. El cuerpo de Jean se comportó como el de un oso antes y después de hibernar. La hipotermia “pausó” temporalmente su cerebro.

Parece ser que el no poder inyectarla, más que por estar congelada, fue por la rigidez muscular alcanzada después de haber tenido el cuerpo sometido a una temperatura tan extremadamente baja durante más de siete horas en el exterior (más de ocho en total).

Hoy en día, para casos de congelación extremos, se utilizan bombas de circulación extracorpóreas que, además de bombear la sangre del paciente, se pasa a través de un “calentador” para que después caliente los órganos vitales desde el interior.

Existen investigadores que trabajan en el campo de la “hibernación”, buscando posibles soluciones para salvar la vida de personas en casos extremos. Se busca “congelarlos” para poder trasladarlos y tratarlos.

Muchos científicos hablan de que lo ocurrido a Jean se produjo porque la muerte no es un momento, sino un proceso. Ese proceso puede ser de segundos o de horas, y en este caso, el frío detuvo/ralentizó este proceso.

El caso de Jean Hilliard, aunque muy poco frecuente, no es el único y algunos especialistas hablan incluso de que no “es tan raro”.

Volviendo a nuestra protagonista, Jean Hilliard, ha tenido una vida totalmente “normal”. Se casó, tuvo hijos y luego se divorció. Ahora vive en Cambridge, Minnesota, y trabaja en el Walmart.

¡Cuidado con la nieve, el hielo y el frío, que no todo es de “color de rosa” como en Frozen, sobre todo si no encontráis a Wally a tiempo!


* Ingeniero y licenciado en historia; trabaja en la empresa privada y es docente universitario

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