• Ambiental News-Miguel Á.

La visceralidad fortalece la cultura de la decadencia y de la muerte


Nuestra participación en toda actividad en la que nos integremos directa o indirectamente, influye de manera positiva o negativa en los acontecimientos comprensibles, inverosímiles e impredecibles que se nos revelan en inconmensurables ámbitos de la vida, y dado que existen normas sociales que determinan el desarrollo de las sociedades, nuestros actos se pueden contemplar desde diversas perspectivas. Así, una de las características que probablemente ha contribuido de manera determinante a la evolución del ser humano es el carácter multidisciplinar del caos o «efecto mariposa» término acuñado por el físico y matemático Edward Norton Lorenz.

Con un enfoque holístico, podemos observar cómo las incoherencias y el proceder desorganizado y desvergonzado suelen carecer de estructura y de criterios que no permiten una disposición adecuada hacia las sociedades y por ende a los ecosistemas, por ello, se hace necesario recapacitar sobre las inquietantes consecuencias de este actuar y determinar la naturaleza emocional del caos engendrado, asimismo, observar sus límites. En esa dirección de desamparo colectivo, el miedo (esa sensación desagradable) suele estar presente como importante mecanismo de supervivencia, pero al mismo tiempo puede paralizarnos y bloquear la lucidez, lo que acarrea reacciones insanas de mayor conmoción y riesgo.

Ante tan inquietante escenario mundial ¿cómo comprender y llevar a cabo un cambio fundamental en la cultura de las sociedades que impacte positivamente en el medio ambiente y en las estructuras sociales? Aquí el conocimiento, el entendimiento, el diálogo, la ética, la voluntad y la participación responsable se nos brindan en bien común.

Tenemos que reconocer y hacer conciencia sobre las consternaciones que generamos día a día, y cómo el abrumador ambiente emocional y especulativo en las sociedades se divisa en el alarmante contenido de las noticias que aparecen en los medios de comunicación: hechos luctuosos, tragedias y dramas, infortunios y desolación. La muerte siempre está presente, bien sea expuesta —directa y/o cruda— en su apariencia más sanguinaria en la que un cuerpo mutilado ocupa muchas de las primeras planas y, con expedito morbo, en las redes sociales; además sea una muerte anunciada y sugerida como acontecimiento probable y generalizado a consecuencia de guerras y fanáticas ideologías o la violación de derechos y desaparición de personas para edificar un proyecto comercial y/o «atractivamente» económico, hechos que además son considerados por algunos como circunstancias «normales» y en consecuencia «natural» al desarrollo de los países.

A lo anterior habría que agregar la destrucción desenfrenada de nuestro planeta. La desaparición de bosques, selvas e infinidad de especies animales y vegetales no corresponde al actuar de seres evolucionados. Debemos subrayar el hecho de que es imposible alcanzar una explicación válida a tan brutal comportamiento, hace tan sólo unos meses (segundo trimestre del 2020) disfrutamos de la presencia de especies animales recorriendo ciudades o poblados en el mundo, lo que dio certeza de que como especie no sólo los alejamos sino que principalmente los aniquilamos.

Pese a lo anterior, aún tenemos oportunidad de remediar nuestro proceder. Las expresiones de las bellas artes son portadoras de un conocimiento que además de fomentar el aprecio por lo bello, permiten mirar con otros ojos todo aquello que está en nuestro entorno. De esta manera, la relación arte-naturaleza ha variado mucho y ha significado en cada época algo diferente: en la Grecia antigua el arte imitaba a la naturaleza, durante el Romanticismo se enaltecía a la naturaleza por su carácter sublime, mientras que en el Impresionismo fue puesto el énfasis en la luz y la temporalidad de la naturaleza.

Asimismo, conscientes del mal realizado por la humanidad, las expresiones artísticas fomentan una conciencia colectiva que intenta entablar un diálogo cordial y una aproximación respetuosa hacia los ambientes sociales y naturales. Así, en el seno de las artes se crea una vía de entendimiento con la que se pretende mejorar nuestra relación con los ecosistemas, promoviendo un razonado conocimiento e interactuando positivamente con el medio ambiente.

A mediados del siglo XX la naturaleza dejó de ser un mero contenido para convertirse en un campo de acción. Muestra de ello lo podemos ver en las intervenciones Land art, Earthworks, Trash Art y en las obras site-specific o performance. Desde entonces estas áreas de expresión se han convertido en objeto de creciente investigación tanto teórica como práctica, lo que permite hallar en el arte contemporáneo una amplia variedad de obras que dialogan con la naturaleza de forma profunda e íntima, sea a través de una intervención efímera, sea mediante la reestructuración del espacio o mostrando un nuevo nexo entre lo virtual y lo natural.

Todas las prácticas artísticas aportan un generoso panorama de nuestro entorno, por lo que en bien de todos, asumamos que fallamos y comencemos a cultivar a nuestra existencia y principalmente a la Tierra un trato digno y considerado.

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