• Ambiental News-Miguel Á.

Las acciones con calidad humana surgen de la conciencia


Por: Fernando Silva

En la revolucionada evolución del Homo sapiens-sapiens -alcanzando discernimiento de sí mismo y de su doble naturaleza (material e incorpórea) accesible a los sentidos una y enigmática la otra- entre otros aspectos obraron en el proceso de perfeccionamiento: el medio ambiente, los cambios de clima, la mutabilidad de la flora y la fauna, el control del fuego, la alimentación, pero ¿cómo y cuándo obtuvimos ese instante ¡Eureka! de los procesos cognitivos interrelacionados para hacer conciencia? Seguramente ese momento fue sublime.

Desde entonces, la enigmática fenomenológica de la integración y diferenciación que genera nuestra espléndida facultad que da forma a la realidad -espacial y temporal- así como los procesos implicados en la toma de discernimientos para actuar ante una circunstancia, presentan disyuntivas que pueden ser complejas y hasta caóticas. De esta manera, mientras nuestra atención no se desvíe del momento presente y de sus connotaciones más inmediatas nos encontramos ejerciendo la conciencia primaria, y cuando construimos modelos de la realidad que permiten su manejo conceptual -sin requerir la representación de la realidad misma- aplicamos una conciencia de orden superior, así, el lenguaje se erige como uno más de los arquetipos esenciales de nuestra gnosis.

En ese sentido, si el lenguaje es de las consecuciones más sorprendentes, no hay más que darle paso a interrogantes intelectualmente excitantes: ¿Cuánto tiempo nos llevó alcanzar tan espléndida evolución? ¿Cómo pudo la masa encefálica hacer surgir la conciencia? ¿El lenguaje que desarrollamos fue atípico? ¿Es una capacidad autónoma o es una propiedad natural de nuestro potencial cognitivo general? ¿La actividad cerebral de pensar fue primordial? ¿Qué pasaría si nadie se comunicara? ¿Qué perdemos o qué mejoramos -si es que algo se intensifica- con la edad? En concreto, el repertorio de interrogantes se puede explayar hasta el agotamiento.

Asumiendo que al comunicar está implícita una o varias intenciones, además de una connotación en cuanto al sentido del deber -como reflexión sobre el propio y digno proceder- resulta más que aceptable el generar, en sana responsabilidad, juicios que se encaminen a la divulgación de la conciencia y de éticos principios que nos permitan vincularnos en concordia entre las sociedades, los ecosistemas y nuestro perfecto albergue llamado Tierra. Es pasar de la enfermiza tentación de señalar con dedo acusador a ocupar el papel protagónico que nos corresponde como depositarios del bien común.

Ninguna conducta es admisible cuando se trata de justificar el no ser conscientes, más cuando debería ser nuestra mayor cualidad. El deficiente proceder supone insidiosa ignorancia -profundo enigma- por lo que es indudable la concordia intelectual y ética que dispersa para la vida humana el pensar y actuar en bien de todo ser viviente.

Bajo esta premisa, la mayoría de los creadores de las bellas artes, nos imbuimos en un bizarro coctel de conocimientos, observaciones, reflexiones y acciones para expresamos de la mejor manera con sorprendentes piezas, a su vez, ponemos de manifiesto nuestra voluntad por perseverar al producir obras artísticas con la generosa función de la conciencia superior, aún más, cuando percibimos la mórbida degeneración de la humanidad, al tiempo que abrigamos las facultades y fortalezas que como especie acreditamos. Desde nuestra perspectiva, lo más pernicioso que puede haber es el no recapacitar sobre los agravios que causamos a otros, a los ecosistemas y a la Tierra, asimismo, fomentamos la ética en bien de reparar los perjuicios originados.

En esa dirección, es de vital importancia contrarrestar el lenguaje y acciones tóxicas e irresponsables que avalan lo superficial, lo negligente, lo soez, la violencia y que se encuentran en un sinnúmero de manifestaciones ignominiosas en las mentadas «redes sociales», fakes news, así como en insulsos y hasta vulgares «memes», en la demostración de odio rencoroso y vengativo como producto de la descomposición social, fallas empáticas, incultura y mala educación.

En tan corrompida y nociva realidad, es recurrente escuchar excesivamente sobre calidad de productos, de procesos, de servicios, de sistemas, de vida (como sensación meramente financiera) pero muy poco en relación a la calidad humana, sin razonar que sin ella, todo lo demás es conjetura sin soporte ético. Hablar de calidad humana es cuidar nuestros vínculos con los demás, profundizar en nuestro interior y dar lo mejor de nosotros mismos, es construir un mundo mejor, más justo, pacífico y fraterno, así como respetar los ecosistemas y cuidar de nuestro planeta. ¡Hagamos conciencia!

31 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo