• Ambiental News-Miguel Á.

Las catástrofes se relacionan, revela la ONU



+ Un ejemplo de ello es la reciente ola de calor del Ártico y la ola de frío en Texas


El Instituto de Medio Ambiente y Seguridad Humana de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-EHS) dio a conocer hoy el informe Riesgos de desastres interconectados 2020/21, que analiza 10 desastres diferentes que tuvieron lugar durante 2020/21 y concluye que, aunque se produjeron en lugares totalmente diferentes y, en un principio, no parecen tener mucho en común, existe una interrelación entre ellos. Como demuestran las principales conclusiones del reciente Sexto Informe de Evaluación del IPCC, los fenómenos climáticos extremos como sequías, incendios e inundaciones, se agravan cada vez más, probablemente como consecuencia de la influencia humana. Desde el punto de vista de la interconectividad, este nuevo informe expone en detalle cómo no solo los desastres climáticos, sino, en general, los provocados por el ser humano, se fundamentan en impactos del pasado y allanan el camino para futuras catástrofes. La frecuencia de fenómenos meteorológicos, epidemias y catástrofes graves provocados por el ser humano aumenta en todo el mundo, y cada vez es más difícil seguir el ritmo de los correspondientes cambios e impactos. En 2020/21, el mundo fue testigo de una serie de catástrofes sin precedentes. La pandemia por COVID-19 se propagó por todo el mundo, una ola de frío paralizó el estado de Texas, los incendios forestales destruyeron más de 2 millones de hectáreas de selva amazónica y Vietnam sufrió 9 tormentas de gran intensidad en el transcurso de tan solo siete semanas. Al analizar hechos pasados desde el punto de vista de la interconectividad, es posible comprender mejor tanto las catástrofes suceden ahora mismo como las que se producirán en el futuro. «Cuando la gente conoce las catástrofes en las noticias, le suele parecer algo lejano», comenta la doctora Zita Sebesvari, investigadora sénior de la UNU-EHS y una de las principales autoras del informe. «Pero, incluso los desastres que ocurren a miles de kilómetros, están, con frecuencia, relacionadas entre sí y pueden tener consecuencias para personas que viven en lugares muy distantes».

Un ejemplo de ello es la reciente ola de calor del Ártico y la ola de frío en Texas. En 2020, la temperatura del aire del Ártico registró su segundo mayor valor y el volumen de hielo marino, su segundo menor valor. El aumento de la temperatura del Ártico desestabiliza el vórtice polar, una masa de aire frío que gira sobre el Polo Norte, permitiendo que el aire más frío se mueva en dirección sur hacia Norteamérica. En consecuencia, los cambios en la temperatura del Ártico influyen en lugares distantes del mismo y probablemente también contribuyeron a que se registrasen temperaturas bajo cero en Texas, un estado cuyo clima es generalmente cálido durante todo el año. Alrededor de 4 millones de personas se quedaron sin electricidad cuando la red eléctrica se congeló y 210 personas fallecieron. Los desastres ocurren al mismo tiempo y se agravan de manera recíproca, como sucedió con la pandemia por COVID-19 y el ciclón Amphan, que azotó la región fronteriza entre la India y Bangladesh. En una zona en la que casi el 50 por ciento de la población vive bajo el umbral de la pobreza, la pandemia por COVID-19 y los posteriores confinamientos dejaron a muchas personas sin ingresos, incluidos los trabajadores migrantes, quienes se vieron obligados a regresar a sus zonas de origen y a alojarse en los refugios para ciclones durante la cuarentena.

Cuando el ciclón Amphan azotó la región, muchas personas, preocupadas por el distanciamiento social, la higiene y la privacidad, evitaron la evacuación a los refugios y se expusieron a la tormenta en ubicaciones inseguras. Los estragos del superciclón, a su vez, empeoraron las condiciones de respuesta a la pandemia, puesto que los centros de salud quedaron destruidos y los casos de COVID-19 repuntaron en determinadas áreas. El propio Amphan provocó más de 100 muertes, daños superiores a 13 mil millones de dólares y el desplazamiento de 4,9 millones de personas.

A menudo, los desastres se originan por las mismas causas, lo que significa que están interrelacionadas por los mismos factores subyacentes que generan las condiciones para que se produzcan, aunque aparentemente no se aprecie una relación.

El nuevo informe Riesgos de desastres interconectados 2020/21 identifica tres causas fundamentales que afectaron a la mayoría de los hechos analizados: las emisiones de gases de efecto invernadero provocadas por el ser humano, la insuficiente gestión del riesgo de desastres y el hecho de subestimar los costos y beneficios medioambientales en la toma de decisiones.

Las emisiones de gases de efecto invernadero provocadas por el ser humano fueron una de las razones por las que Texas quedó expuesta a temperaturas bajo cero, pero también contribuyen a la formación de superciclones como Amphan, por ejemplo, una catástrofe completamente distinta en una parte del mundo diametralmente opuesta. La insuficiente gestión del riesgo en las catástrofes fue una de las razones por las que Texas experimentó pérdidas tan elevadas en vidas humanas y daños desmesurados en infraestructuras durante la ola de frío, de igual manera que contribuyó a las elevadas pérdidas provocadas por las inundaciones en la región central de Vietnam. Pero las catástrofes no solo se interrelacionan entre sí, sino también con nosotros como individuos. La tasa récord de deforestación e incendios forestales en el Amazonas se debe, en parte, a la elevada demanda mundial de carne. Se necesitan tierras agrícolas para cultivar soja, que se emplea como pienso para las aves de corral. Esto significa que algunas de las causas fundamentales de las catástrofes están, de hecho, influenciadas por acciones individuales alejadas del lugar en el que ocurre el propio fenómeno.

«Lo que podemos extraer de este informe es que las catástrofes que tienen lugar en el mundo están mucho más interrelacionadas entre sí de lo que podemos imaginar y que también tienen una relación con nuestro comportamiento individual. Lo que hacemos tiene consecuencias, para todos nosotros», comenta el Dr. Jack O’Connor, otro de los autores principales. «Pero la buena noticia es que, si los problemas están relacionados, también lo están las soluciones». El informe presenta soluciones tanto en el plano social como en el individual y explica cómo una acción, como puede ser el hecho de reducir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero, afecta a muchos tipos de catástrofes diferentes. Es posible prevenir un nuevo aumento en la frecuencia y en la intensidad de los peligros y proteger la biodiversidad y los ecosistemas. Las diez catástrofes que comprende el informe son:

  1. Los incendios forestales del Amazonas. Incendios forestales avivados por el apetito global

  2. La ola de calor del Ártico. La espiral hacia una catástrofe climática

  3. La explosión de Beirut. Cuando la comunidad global abandona un barco

  4. Inundaciones en la región central de Vietnam. Cuando prepararse ya no es suficiente

  5. La extinción del pez espátula chino. El pez que sobrevivió a los dinosaurios, pero no al ser humano

  6. La pandemia por COVID-19. Cómo una pandemia nos muestra el valor de la biodiversidad

  7. El ciclón Amphan. Cuando un ciclón y una pandemia se juntan

  8. La plaga de langostas del desierto. Cómo perder el control de riesgos gestionables

  9. El blanqueamiento de la Gran Barrera de Coral. Perder más que una maravilla de la naturaleza

  10. La ola de frío en Texas. ¿Una catástrofe evitable?


18 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo