• Ambiental News-Miguel Á.

Los 80


¡Qué Hay de Nuevo… Viejo!


El pasado 26 de julio, día de los abuelos, fue desolador para las personas adultas mayores, quienes hoy son alejadas por la pandemia del COVID-19. Por lo tanto, los hijos y nietos no pudieron acercarse a ellas.

Los más privilegiados tienen una tableta, un smartphone o internet, el cordón umbilical de la tecnología, que les facilita la comunicación entre familiares, pero otros carecen de todo tipo de tecnología, como en las comunidades más alejadas del país.

Tratar de estar cerca de los nietos es un tanto imposible, dadas las condiciones de la COVID-19 porque no se sabe quién es asintomático y un contagio puede ser terrible y terminar en un hospital o, peor aún, muerto.

Años atrás, una pandemia fue el VIH/SIDA. Nadie sabíamos de su existencia, cómo se trasmitía, si estabas o no en riesgo… Eran los años 80 y tampoco estábamos informados, ya que todo eran mitos en la sociedad, más aún tratándose de sexo.

Era mejor estar informados y la educación sexual abrió un poco la puerta, pero por supuesto que en los colegios privados católicos fue una locura. ¿Cómo vamos a tratar este tema con los alumnos? Los padres de familia se opusieron.

Años más tarde se destapó la situación de pederastia en los colegios católicos. Otra pandemia.

Siguiendo en los 80, fueron años donde los juegos de video dieron la bienvenida a “Mario Bros”, pero también abrieron las puertas a la violencia, ya que se metieron en las casas a enseñar cómo podías matar virtualmente.

Uno de tantos juegos era “Mortal Kombat”, donde protagonizabas a un sicario o a un terrorista. La adrenalina que experimentabas era brutal, y cuando vencías al enemigo era todavía más glorioso: un empoderamiento terrible.

Estos juegos alentaron el “bullying” en las escuelas. La violencia en nuestro país no ayudó en nada; al contrario, provocó que los niños o jóvenes permanecieran más tiempo en su casa, en lugar de salir a la calle con los amigos, con la bicicleta, patines o simplemente a jugar.

Esto impulsó los juegos de video, que a su vez alimentaban a los niños con comida chatarra y bebidas azucaradas, y les provocó obesidad y diferentes padecimientos. Esos niños hoy tienen 40 años de edad y son una generación de confinados a no salir a jugar en la calle por la violencia y a permanecer en casa con juegos de video.

Esa generación hoy está confinada por la pandemia junto con las nuevas generaciones, con una brecha educativa terrible por carecer de habilidades para el uso de herramientas tecnológicas, además de problemas emocionales.

También en los 80 vimos las computadoras y los primeros celulares. Microsoft provoca la epidemia de la tecnología: nadie sabía nada de computación, pero había que comprar una computadora.

Cuando hicieron su debut fue una gran transformación y las generaciones de los años 50, 60 y 70 tendrían que aprender de inmediato, porque la tecnología no espera a nadie. Muchos se cuestionaban si lo hacían o no.

Todos renegaban “¿Qué? ¡No entiendo que es “enter”, “arroba”, “delete”, “scape”… esas son máquinas del demonio”, con un nuevo vocabulario.

Hoy las redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram, Linkedin) y con este confinamiento el auge de las plataformas (Zoom, Microsoft, Teams, Google, Classroom) han cambiado las palabras comunes. La tecnología nos absorbió y nos hizo dependientes de ella, casi sin darnos cuenta.

Con la pandemia, todos hemos hecho grandes esfuerzos para poder utilizar las herramientas tecnológicas al máximo, confinados con “home office” o la escuela en casa. Al igual, el comercio hace ventas por la Internet, sin salir de tu casa.

Pero se nos ha olvidado que pocos son quienes pueden tener acceso a todo esto. La brecha económica y tecnológica tendrá un impacto brutal para el futuro, y las televisoras no serán la solución a la educación.

Vivimos un cambio para todas las generaciones, que implica una revolución de costumbres, tradiciones y formas de convivencia. Nuestra relación es ahora con un mundo volátil, incierto, complejo y ambiguo.

A todo esto se suma el calentamiento global, que cada vez será mayor ante las modificaciones laborales, educativas y familiares: todos los aparatos electrónicos están en uso dentro de las casas: celulares, computadoras y televisores, por supuesto.

A la energía consumida por esos aparatos podremos sumar la que generan emociones y sentimientos de miedo, angustia, enojo, ansiedad, desesperanza, incertidumbre, entre otros. Por lo tanto, el calentamiento global seguirá provocando más y mayores desastres naturales y pandemias.

Ante todo esto, es necesaria la anticipación a sucesos, eventos y procesos. Es fundamental reforzar los procesos de resiliencia humana, que nos permite actualizar constantemente nuestras capacidades y habilidades para garantizar la subsistencia en mejores condiciones. No la pierdas.

¡Quédate en casa!

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