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Los ojos del camarón mantis y su labor en el quirófano


Por Carol Perelman

@carol_perelman


El ser humano ha mirado al mundo natural con admiración y perplejidad, pero también ha buscado inspiración para copiar aquellas estrategias que la naturaleza ha implementado con éxito para resolver distintos retos cubriendo necesidades similares. A esto se le conoce como biomimetización: una extensa disciplina en la que biólogos e ingenieros coexisten para trasladar los inventos del mundo natural, que no posee patentes, para el uso y beneficio humano… sin pagar ningún tipo de regalías.

Algunos de los útiles ejemplos donde copiamos creativas soluciones del mundo natural son los radares inspirados en la habilidad de los murciélagos para navegar a oscuras, en el kevlar de los chalecos antibalas que simulan los tejidos de las telarañas, en el velcro que emula las semillas de cardos que se pegan con facilidad, y en la forma del tren bala japonés que reproduce la del pico del ave martín pescador.

Ahora, gracias al profesor en ingeniería eléctrica y computacional Viktor Gruev, de la Universidad de Illinois, los cirujanos podrán tener mayor éxito en operaciones de tumores cancerígenos al mimetizar los ojos del camarón mantis payaso.

Este crustáceo posee una capacidad visual mayor a la de los humanos, ya que mientras nuestra retina capta solamente tres colores del espectro visible de luz (rojo, verde y azul), los ojos de este camarón capta 12, que se superponen en la zona visible y van más allá del infrarrojo. Esta habilidad está fungiendo como inspiración para hacer biocámaras capaces de detectar la ubicación más precisa de tumores en procedimientos oncológicos, al permitir que los médicos obtengan mayor información que la que sus ojos son capaces de ver. Es como tener más pares de ojos en la sala de operación.

Pero los beneficios de observar y estudiar al mundo natural va más allá. Investigadores de la Universidad de Bristol interesados en comprender la visión de los pulpos ayudará a desarrollar un sencillo y rápido método para que los optometristas y oftalmólogos identifiquen a aquellas personas con riesgo de tener mácula degenerativa, una de las causas principales de pérdida incurable de la visión. El Profesor Shelby Temple y su equipo inventaron un método para estudiar cómo los pulpos, que no distinguen colores, pueden detectar la luz polarizada. Se sabe que entre mayor es la cantidad de luz polarizada que el ojo humano percibe, mayor es la protección contra pérdida de visión. Así, este hallazgo podrá facilitar la detección temprana de personas con baja percepción de esta luz para recomendar medidas preventivas a aquellos pacientes con riesgo aumentado de mácula.

Dejando de lado la biomimetización pero resaltando los beneficios directos a nuestra salud visual al convivir con la naturaleza, vale la pena hacer notar la actual epidemia de miopía en niños y adolescentes causada por su baja exposición al sol. ¿Será que a lo largo de los últimos años, no solo durante la pandemia, hemos cambiado de hábitos y optado por más vida sedentaria y lejos del aire libre? Según artículo del New York Times, la Organización Mundial de la Salud estima que para 2050 la mitad de la población mundial requerirá anteojos por no ver bien de lejos, es decir, por miopía.

Y claro que es buena noticia para los fabricantes de lentes, pero sin duda es una llamada de atención a los padres y educadores para motivar un cambio de comportamiento de nuestros menores y promover que salgan a jugar al aire libre para que la luz solar inhiba el crecimiento del ojo y, por ende, limite el desarrollo de la miopía.

Cuidemos nuestro entorno tan esencial también en nuestro desarrollo, y cuidemos de nuestra salud visual ya que requerimos de los ojos para disfrutar de muchas de las maravillas del mundo, incluidas las hipercoloradísimas películas de Pixar.

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