• Ambiental News-Miguel Á.

México apuesta por energías sucias y contra el Acuerdo de París, afirma Greenpeace


+ Incumplirá el país las metas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, adoptadas ante el Acuerdo de París

El gobierno de México insiste en apostar a la producción energética mediante fuentes sucias basadas en un modelo neoextractivista que lo aleja de una recuperación económica más justa y más verde, afirmó la organización no gubernamental Greenpeace después del anuncio de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) de comprar dos millones de toneladas de carbón como parte de su programa para apoyar a pequeños productores entre 2020 y 2021.

Con la excusa del apoyo a las comunidades pequeñas y medianas de productores de carbón y el fortalecimiento económico de la actividad en Coahuila, el gobierno mexicano tiene una visión desactualizado de la reactivación y nula hacia el futuro, lo cual perpetúa fuentes laborales precarias y con impactos altísimos a la salud y al medio ambiente.

La organización ambientalista recuerda el caso de la mina de Pasta de Conchos, en Coahuila, donde perdieron la vida 65 mineros, cuyos cuerpos no fueron rescatados. 

Greenpeace destacó que México tiene compromisos internacionales y en las leyes nacionales para disminuir sus emisiones de gases efecto invernadero en 22 por ciento para el año 2030 y, particularmente, 51 por ciento de carbono negro para el mismo año, metas que será imposible cumplir al continuar con un modelo altamente contaminante.

La quema de carbón es el factor antropogénico que más contribuye al cambio climático. Casi la mitad de las emisiones de gases efecto invernadero (GEI) son originadas por el uso energético del carbón (IEA, 2019).

Igualmente, el uso de carbón es una fuente importante de contaminación para el aire, el agua y el suelo, sobre todo tomando en cuenta la cadena de producción completa, que se basa en procesos extractivos que tienen serias implicaciones a la salud de las comunidades aledañas y de los trabajadores de las minas.

En México, el carbón contribuye sólo con el 10 por ciento del total de electricidad generada, pero representa una cuarta parte de las emisiones de GEI del sistema eléctrico de acuerdo al PRODESEN 2019.

Por otro lado, es responsable de una enorme cantidad de emisiones de dióxido de azufre que ponen al país en el cuarto lugar mundial y con tres de los puntos críticos de emisiones en el mundo: el pozo petrolero Cantarell, la central carbonífera de Petacalco y la termoeléctrica de Tula. 

“Habrá que recordarle al gobierno de México y a Manuel Bartlett, director de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), que la generación de empleos no debe ser a costa del medio ambiente. El futuro está en crear mecanismos de generación de empleos verdes.

Existen diversos estudios que resaltan la importancia de trazar rutas de eliminación del carbón en la matriz eléctrica, con énfasis en el apoyo a las comunidades y en la generación de proyectos de valor que les den alternativas seguras de desarrollo.

La reciente pandemia ha puesto en evidencia la necesidad de proteger los ecosistemas, ya que su origen tiene que ver con su acelerada degradación, producto de una interacción equivocada entre los seres humanos y el medio ambiente. Quemar carbón para alimentar un modelo voraz de consumo de energía es la estrategia equivocada”, señaló Pablo Ramírez, especialista de Energía y cambio climático de Greenpeace México.

Mientras países como España o Costa Rica avanzan a pasos agigantados hacia la descarbonización, México sigue atrapado en una política que pretende revivir las glorias mexicanas del petróleo y otros combustibles sucios como el carbón.

Ya en el pasado, Greenpeace México ha denunciado la necesidad de descarbonizar la matriz energética, exigiendo el fin del uso del carbón para generar electricidad; y a pesar de los pequeños avances alcanzados en los últimos años, esta administración retrocede significativamente.

Greenpeace México enfatiza que el futuro debe ser más justo y más verde, y para ello debe pensarse en el bienestar de la población en el mediano y largo plazo, en las generaciones futuras.

Eso implica repensar la matriz energética y fortalecer un modelo de generación descentralizado que ayude a combatir la pobreza energética en la que se encuentran muchos mexicanos que viven en comunidades alejadas y periféricas de los grandes centro urbanos, a través de recursos que en México son abundantes, como el sol y el viento.

“No podemos pensar que la solución a la inequidad y a la pobreza está en la exacerbación de una crisis climática que ya afecta de manera desproporcionada a las personas más vulnerables del país, concluyó Greenpeace México.

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