• Ambiental News-Miguel Á.

Manejo agroecológico ¿alternativa para la conservación de la vida en el campo?

+ Los plaguicidas también son potencialmente tóxicos para los seres humanos.

+ Más del 75% de los cultivos alimenticios del mundo dependen de la polinización

+ La presencia de insectos en los cultivos se ha agudizado más por el uso de químicos

Por Karla List

Sus patas traseras, que alcanzan grandes distancias, ponen en aprietos

a un par de niños que llevan varias horas tratando de recolectar el mayor número

de insectos posibles. Cuando se aburren de corretearlos, prefieren dedicarle

tiempo a otro insecto más, a ese lo buscan en el follaje de los cultivos;

la colecta la hacen por la mañana porque el clima es más frío, y eso, les permite

tomarlos fácilmente con las manos debido a su escaso movimiento.

Más tarde, será el turno de recoger hierba. Todo lo recolectado es colocado

en pequeños montones cada 10 metros en todo el contorno de la parcela

por indicación de la abuela Emma Briones, los montones permanecerán

un par de días más ahí, hasta que estén secos. Cuando llega el momento,

la abuela se prepara entonces con un par de rezos para su ceremonia

que tiene lugar por la tarde, pide equilibrio, sabe que los insectos deben comer,

pero también pide que los dejen comer a ellos, a los que hacen producir la tierra.

Al estar en todo el contorno de la parcela con esa fogata se busca impedir

el paso de los insectos a los cultivos, la fogata, así como el olor que desprende,

pretende asustar a los que anden merodeando por ahí

para que se acerquen lo menos posible.

Las aves... ¿a dónde se fueron?

Rachel Carson

Insectos herbívoros en cultivos ¿soluciones para un viejo problema?

Las plagas han sido un problema antiguo en la agricultura y han surgido múltiples estrategias para controlarlas a lo largo de la historia. Una de ellas es el uso de los productos agroquímicos, plaguicidas o fitosanitarios.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), los plaguicidas son productos químicos que se utilizan en la agricultura para proteger los cultivos contra insectos, hongos, malezas y otras plagas. Además de usarse en la agricultura, se emplean para controlar vectores de enfermedades tropicales, como los mosquitos, y así proteger la salud pública.

Sin embargo, los plaguicidas también son potencialmente tóxicos para los seres humanos. Pueden tener efectos perjudiciales para la salud, por ejemplo, provocar cáncer o acarrear consecuencias para los sistemas reproductivo, inmunitario o nervioso. Antes de que se autorice su uso, los plaguicidas deben estudiarse a fin de determinar todos sus posibles efectos para la salud, y los resultados deben ser analizados por expertos que evalúen cualquier riesgo que los productos puedan acarrear para las personas.

Fue después de la Segunda Guerra Mundial cuando se empezaron a utilizar químicos para controlar insectos. En una de las ilustraciones de Primavera Silenciosa de Rachel Carson, se aprecia la distribución de pesticidas sobre los suburbios desde el cielo. “La gente parecía no advertir los niveles de toxicidad”, relató en varios momentos. Carson tuvo que debatir la idea de que “los insectos, las enfermedades y las alimañas heredarían una vez más la tierra, poniéndola en riesgo de hambruna y sufrimiento”, con el planteamiento: “los químicos son armas terribles y violentas, que científicos primitivos han usado contra insectos, y por ende, contra la tierra misma”. Así lo advirtió Carson en 1962.

Rachel Louise Carson, fue una científica, bióloga, escritora, científica y ecologista, que contribuyó a la puesta en marcha de la moderna conciencia ambiental. Marcó una pauta porque enfrentó a las agroquímicas e inauguró el ecologismo contemporáneo. Primavera Silenciosa nació a partir de sus investigaciones sobre el uso generalizado del Dicloro Difenil Tricloroetano (DDT), un insecticida aplicado inicialmente en la agricultura y que pronto pasó a ser utilizado en los hogares. Carson será recordada como una de las científicas que despertó la conciencia colectiva para la protección del medio ambiente. La revista Time la situó entre las 100 personalidades más influyentes del siglo pasado.

Hace más de medio siglo ya se documentaba sobre las consecuencias medioambientales del uso de agroquímicos. Se sabe que pueden ser tóxicos para todo organismo vivo. Y se conoce también, que una parte de los plaguicidas llega hasta nuestra mesa, con los alimentos que degustamos diariamente.

La Primera Revolución Verde tuvo como objetivo principal “hacer más con menos”, de esta manera, los productos químicos agrícolas ayudarían a cumplir ese propósito. Los agroquímicos han desempeñado un papel importante en el ámbito agrícola: pesticidas y fertilizantes se utilizan para mejorar la calidad del suelo y aportar nutrientes a las plantas; herbicidas, para el control de malezas; insecticidas, control de insectos; y fungicidas, hongos.

Se estima que la población mundial pase de los 7 mil 700 millones actuales a los 9 mil 700 millones en 2050, un 30 por ciento más que en 2017 (la gran mayoría en países en desarrollo). Ese crecimiento poblacional implica grandes retos para quienes se dedican a la producción de alimentos. De los 150 millones de kilómetros cuadrados del mundo área total de tierra, el 10 por ciento está dedicado a la producción agrícola.

El desafío de hacer más con menos genera mayor demanda, por lo que estos productos a pesar de las controversias que giran a su alrededor, se convierten en aliados contra todo agente que pretenda dañar o disminuir las cosechas. De acuerdo con Perspectivas Agrícolas 2019-2028 de la Organización de las Naciones Unidas de la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés), se prevé que la demanda de productos agrícolas aumente 15 por ciento durante la próxima década.


¿Cómo comienza un productor a usar agroquímicos?

Para Hugo Esteban Rojas del municipio de Ignacio Zaragoza en Huamantla, Estado de Tlaxcala, en 2012 cuando retomó las actividades de sus abuelos en el campo; lo hizo de una forma convencional, es decir, haciendo uso de productos químicos. Esteban conoció la agricultura cuando acompañaba a sus abuelos a las actividades correspondientes.

Sin embargo; debido a que sus papás se dedicaron a comprar y vender semillas (específicamente maíz) por muchos años no ejerció las actividades propias de un campesino.

Hugo Esteban Rojas inició su producción con maíz nativo blanco, chalqueño, frijol, haba; para lo cual utilizó: urea, fertilizante químico de origen orgánico. Fosfato Di amónico (DAP) un fertilizante inorgánico granulado para aplicación del suelo, y potasio; un nutriente primario que requieren las plantas. El costo por hectárea (ha) osciló entre 10 y 10 mil 500 pesos. 350 kilos de fertilización en aplicación. Obtuvo un buen rendimiento en la zona: 4 toneladas por hectárea.

En el caso de herbicida el costo por ha fue de 250 pesos, la sustancia activa: glifosato. Para Esteban ese modelo de agricultura industrial “además de generar una labor campesina exhaustiva, te pone a trabajar como un maldito loco, recuperé la inversión, pero mi ganancia fue mínima”, enfatiza.


Somos brutos,

pero no tanto

Hugo Rojas

Productor tlaxcalteca desde 2012


Las plantas comestibles como quintoniles, verdolagas y lengüitas forman parte del conocimiento tradicional de los campesinos, y a su vez constituyen también un recurso alternativo en las dietas de poblaciones. Hoy en día, dice Hugo, “¿quién va a querer consumirlos aunque hayan sobrevivido en el suelo si ya le pusiste veneno?… Somos brutos, pero no tanto”.

No es el caso de Hugo Esteban, pero dados los peligros para el hombre y el medio ambiente, se ha expuesto también, la importancia de que estos productos se usen por los agricultores con las medidas y cuidados necesarios. El desconocimiento del agricultor hacia el producto puede llegar a desencadenar una serie de eventos desafortunados.

En este sentido, Mauricio Rivera León, asignado a grupos en el Estado de Tlaxcala, y quien funge como extensionista por el proceso de acompañamiento que establece con los productores para fomentar el uso de nuevas tecnologías; indica que el productor no utiliza vestimenta especial durante la aplicación de los agroquímicos, por ello, se encuentra vulnerable ante el producto.

De igual manera, manifiesta que el productor tiene la idea errónea de que al aplicar mayor cantidad de producto éste será más efectivo, lo que provoca intoxicación en su persona, así como daños a los recursos naturales, como el suelo.

“Nosotros recomendamos que las aspersiones sean antes de las 11 de la mañana y después de las 4 de la tarde, pero desafortunadamente por más que insistimos con el agricultor, no llevan a cabo la indicación y fumigan cuando el sol está en su plenitud.

Toda la aspersión del agroquímico que es evaporada la absorben. Durante el proceso y sin la vestimenta adecuada exponen cara, cuerpo, manos; y los agroquímicos se absorben a través de la piel” indica León.

El peligro a lo desconocido

Cuando el productor nota una disminución

en sus rendimientos en sus cultivos,

quiere ver al insecto caer

Mauricio Rivera

Extensionista tlaxcalteca


Rivera León manifiesta que una de las razones por las que un productor decide aplicar un producto químico es porque pierde control sobre el insecto, es decir, cuando el umbral económico está rebasando sus límites.

“Cuando un productor aplica algún tipo de insecticida, busca que todo quede limpio. En el caso de los productos amigables con el medio ambiente, uno de sus inconvenientes es que son relativamente lentos. El productor se encuentra aún en el proceso de entender que ese producto es muy diferente al insecticida químico, debe irse acostumbrando a esta nueva forma de controlar insectos.

Parte de nuestro trabajo consiste en hacer del conocimiento de los productores que si ellos usan productos químicos también matan a los insectos benéficos, como abejas, catarinas, avispas, que sirven para contrarrestar a los insectos herbívoros”, expresa Rivera.

Rivera León agrega que cuando un producto químico llega a manos de un productor que no cuenta con la información necesaria y desconoce la forma correcta de aplicación sobre el producto que usará en sus cultivos, se vuelve una bomba de tiempo. Como ya se mencionó, el productor ignora el daño que puede causar tanto a los cultivos, al medio ambiente, al suelo y a sí mismo.

Los productos fitosanitarios, es decir, las sustancias destinadas a controlar y tratar cualquier plaga en la agricultura; cuentan con diferentes niveles de toxicidad. De acuerdo con la Cámara Nacional de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE), una asociación empresaria, la toxicidad es definida como la “capacidad de una sustancia de generar daños en un ser vivo”. Conocer los peligros sobre los productos, permite disminuir los riesgos. La clasificación es la siguiente:


Ia Extremadamente peligroso (rojo)

Ib Altamente peligroso (rojo)

II Moderadamente peligroso (amarillo)

III Ligeramente peligroso (azul)

IV Productos que normalmente no presentan peligro (verde)


La toxicidad de los productos puede favorecer el desarrollo de cáncer, mutaciones genéticas, daños a la reproducción, alteraciones hormonales en humanos, o con efectos ambientales dañinos en los organismos acuáticos, causar mortalidad en polinizadores, así se advierte en el Protocolo de Montreal.

“Según mi experiencia como extensionista, he observado que son muchos los productores familiarizados con un producto que se vende comúnmente para matar cualquier insecto, el cual contiene un ingrediente extremadamente peligroso. Para el productor suele ser ventaja observar que, al aplicar este producto, su cultivo queda limpio”, explica Rivera. Otro de los asuntos importantes con el tema del uso de agroquímicos, es que cuando se aplica el mismo producto, con uno o dos ingredientes activos en repetidas ocasiones, sucede que se crea el efecto resistencia, es decir, la aparición de especies difíciles de controlar.

La necesidad de buscar alternativas al uso de plaguicidas es tema de interés general. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el mundo se utilizan más de mil plaguicidas; y cada uno de éstos tiene propiedades y efectos toxicológicos distintos. La toxicidad de un plaguicida depende de su función y de otros factores. Por ejemplo, de acuerdo con la OMS, los insecticidas suelen ser más tóxicos para el ser humano que los herbicidas; el mismo producto puede causar efectos distintos en función de la dosis, es decir, la cantidad a la que está expuesta la persona. Otro factor importante es la vía por la que se produce la exposición, ya sea la ingestión, la inhalación o el contacto directo con la piel.

El DDT, que expuso abiertamente Rachel Carson, fue prohibido debido a su capacidad de bioacumulación y persistencia medioambiental. Con el glifosato, herbicida de uso frecuente; toda ingesta superior a unos 100 ml puede tener graves consecuencias: lesiones cáusticas digestivas con náuseas, vómitos y diarreas, edema pulmonar no cardiogénico, shock, falla renal, alteraciones hepáticas, arritmias ventriculares, trastornos de la conducta y de la conciencia y acidosis metabólica.

En cuanto a los raticidas, en el uso doméstico actualmente se utilizan de tipo anticoagulante, derivados de la hidroxicumarina y análogos. Los cuales tras su ingesta pueden producir náuseas o vómitos seguidos, de las 36 a 48 horas, y diátesis hemorrágica, con petequias, epistaxis, hematuria, hemoptisis y riesgo de hemorragias internas.

¿Satanización hacia los agroquímicos?

Mauricio Rivera manifiesta que los productos biológicos constituyen una importante herramienta en el manejo alternativo de insectos. Pero, dice, tampoco hay que satanizar los productos elaborados químicamente pues se han dedicado años de investigación a estos artículos. Insiste que uno de los grandes problemas en este tema, es la falta de capacitación de los productores sobre los riesgos que pueden llegar a ocasionar los productos que tienen en sus manos.

“Nosotros como extensionistas asignados a grupos hacemos del conocimiento del productor que es importante leer las etiquetas e identificar para qué cultivos y plagas está destinado determinado producto”, comenta. De igual manera, Rivera León indica que en cuanto a plagas, las que se dan en mayoría en el estado de Tlaxcala son: la gallina ciega, chapulín, trips, frailecillo, por mencionar algunos. Por eso hacen énfasis en que el productor identifique para qué plaga sirve determinado producto; si el agricultor usa el mismo producto para todo, entonces la plaga no se va a morir porque resiste la aspersión del producto químico.

De igual manera, expresa que los productores optan por los ingredientes sintéticos porque a comparación de algunos nombrados como biológicos, su costo por aplicación en hectárea se incrementa. Por ejemplo, en el caso de control de plagas, los productores en promedio para un producto químico se gastan aproximadamente 300 pesos por hectárea; y en el caso de un producto alternativo como el jabón potásico (contra insectos masticadores), su costo es de 200 pesos, pero resulta insuficiente para una hectárea. Por lo tanto, el productor debe adquirir por lo menos dos litros para una hectárea, con esto, su inversión oscila en los 400 pesos.


El daño a los insectos polinizadores

Las abejas como insectos polinizadores, facilitan la reproducción de especies vegetales silvestres y cultivadas. De acuerdo con la FAO, más del 75 por ciento de los cultivos alimenticios del mundo dependen, en cierta medida, de la polinización. Además de las abejas, las mariposas, escarabajos, murciélagos, pájaros ayudan a que las plantas se reproduzcan.

Las semillas, frutas y algunas hortalizas tienen su origen en una planta que ha sido previamente polinizada. La relevancia que tienen los polinizadores en la cadena de producción de plantas y frutos es de gran importancia, por ello diversas campañas tienen como objetivo exponer por qué debemos preocuparnos de su existencia.

A pesar de ser tan importantes estos actores, la FAO apunta que casi 35 por ciento de los polinizadores invertebrados (en su mayoría abejas y mariposas) y, alrededor del 17 por ciento de los polinizadores vertebrados (murciélagos) están en peligro de extinción a nivel mundial.

Los plaguicidas (específicamente los insecticidas neonicotinoides) han contribuido a disminuir significativamente la población de las colmenas a nivel mundial.

Hoy en día, la búsqueda de alternativas ha llevado a las personas a interesarse en la producción de alimentos en pequeños espacios, a visitar mercados alternativos (ferias, tianguis) para conocer de viva voz por parte de los productores de dónde provienen sus alimentos.

En el caso de la ciudad de Puebla existe el Encuentro Comercial Sustentable Tameme, un tianguis donde se promueven los productos libres de agrotóxicos como hortalizas y variedad de frutas. Se encuentran instalados en el salón Jardín Santa Anita en Blvd Atlixco, los días martes, jueves y sábado con diferentes horarios.

En el caso de Tlaxcala, todos los viernes antes de la pandemia era común encontrar el Mercado Alternativo instalado en el Parque San Nicolás. La variedad de productos a encontrar era vasta: jabones, mieles, panes, harinas, dulces. Así como también tortillas, tlacoyos, quesadillas, guisados con setas, amaranto... por mencionar algunos.

Ante esa situación, los productores que exponían sus productos en este espacio, se quedaron sin opciones, por ello, nació el proyecto “Alacena Tlaxcalteca” liderado por Cecilia Barocio e Irad Santacruz.

“Para nosotros, como consumidores, es fundamental saber de dónde provienen nuestros alimentos; a quienes aportamos con nuestra compra, así como conocer las formas de producción, ya que todo lo anterior se traduce en cariño y confianza hacia las manos que lo producen cuando lo degustamos”, indica Barocio.

Manifiesta que esta iniciativa está dedicada a productor@s y cociner@s tradicionales de Tlaxcala cuyos ingresos y puntos de venta han sido afectados a causa de la contingencia sanitaria por la COVID-19.

“Alacena Tlaxcalteca” está integrada por 15 personas que ofertan despensas en dos tamaños y que incluyen una gran variedad de alimentos derivados del aguamiel, nopal, amaranto, maíz, miel, frutos, entre otros.

La despensa chica contiene doce productos y tiene un costo de 500 pesos. La despensa grande es de 17 productos tiene un costo de mil pesos. Se pueden comprar los productos por separado con un pedido mínimo de 300 pesos. Contacto: 246 142 0237

También, están los que tuvieron familiares en la agricultura, y debido a ese lazo regresaron a trabajar años después, como es el caso de Hugo Esteban Rojas, el productor tlaxcalteca que se menciona en este escrito.


El desprecio por los conocimientos natos de los indígenas sobre el campo

Helda Morales, investigadora del Grupo de Agroecología de la Frontera Sur en la unidad de San Cristóbal, Chiapas, cuenta parte de los hallazgos de una investigación realizada en comunidades indígenas con campesinos cakchiqueles, de Guatemala, en 1995.

- “¿Qué hacían cuando no había insecticidas?”

Ellos respondieron que no había plagas. En ese momento pensó que por la diferencia de lenguaje no la estaban entendiendo, insistió:

- “¿Cómo controlaban?, ¿hay insectos que comen maíz?

Contestaron que los insectos habían estado ahí todo el tiempo, comían poco, pero estaban. A la planta se le abonaba con material orgánico y por este motivo no crecía tan alto, pero era fuerte. El suelo debe poseer materia orgánica para dar buenos nutrientes, ya que de esta forma se puede defender.

Gracias a esa investigación, Morales aprendió sobre manejo agroecológico. “Aprendí que no debemos buscar recetas para matar, sino para evitar la enfermedad. Para aquellos campesinos, el concepto era más sofisticado: un herbívoro que no causa daño económico NO es una plaga”, apunta Morales.

Uno de los grandes problemas para Morales en el tema de manejo alternativo de insectos en los cultivos, es el desprecio por los conocimientos natos de los indígenas: “se les consideran ignorantes porque nunca asistieron a la escuela formal. Cuando acude alguien que dice llamarse agroecólogo a sus parcelas, nunca les preguntan ¿cómo le hacían para manejar las plagas cuando no había insecticidas? o ¿cómo lo están haciendo ahora?”, expresa.

El agricultor Hugo Esteban por su parte, manifiesta que los insectos años atrás, se controlaban de varias formas, una de ellas eran las plantas aromáticas. El cempasúchil se sembraba entre la milpa para ahuyentar insectos; ayocote, para alejar a las tuzas (aunque no es un insecto, puede convertirse en plaga).

Hugo dice que el despojo de conocimientos tradicionales obedece a los cambios que surgieron en torno a la revolución verde. Recordemos que la Primera Revolución Verde se caracterizó por el proceso de modernización en las prácticas agrícolas. Al conocimiento de los agricultores sobre el campo fueron agregadas las innovaciones tecnológicas. El escenario desde entonces ha estado marcado por la competitividad y la prisa en la producción.

Respecto al control de hierbas, el acahual (Simsia amplexicaulis) o jaramago (Rapistrum rugosum) son considerados malezas. Sin embargo, dice Hugo, otro de los conocimientos que se han perdido en torno a estas hierbas es la utilidad que tienen para consumo humano como para forraje.

Hay quien, dice Hugo, le agrega hormonas de crecimiento a sus productos para obtener elotes prominentes. Para apresurar la producción se opta por las semillas de ciclos cortos. “Con la agricultura industrial lo que provoca es la pérdida de ciclos agrícolas, también se rompen los ciclos de los insectos, por eso los vemos atemporales”, advirtió.

Esteban Rojas dice que hoy la gente interpreta cualquier presencia de insectos como sinónimo de plaga, por eso la insistencia de matarlos. “El frenesí de generar dinero con base en la producción primaria no deja descansar las parcelas, no hay rotación de cultivos. Hay que producir y cada vez nos dicen que más. Muchos de mis compañeros piensan que estoy engañando a la gente. En el pueblo de tonto no me bajan, porque dicen que hago prácticas que no sirven; y es triste ver que nosotros mismos despreciamos nuestros saberes”, enfatiza Rojas.


Los cambios y la presencia de plagas

En ecología todo es movimiento, dinamismo... hay cambios. A pesar de que los insectos siempre han estado presentes en la agricultura, cuando las poblaciones se salen de control en los cultivos, el hombre siempre ha buscado formas de evitar y/o reparar los daños. Por ejemplo, cuando por alguna razón cambia el clima; se presenta escasez de precipitaciones pluviales, o los agricultores deciden sembrar un nuevo cultivo. Estas son razones suficientes para que se disparen las poblaciones de insectos. Por ello, se dice que en ecología el dinamismo es frecuente.

Helda Morales no sólo comparte el vínculo de la investigación sobre el campo, también el sanguíneo. Ella cuenta una anécdota de sus bisabuelos y del éxito en la cosecha sin agroquímicos:

Mi bisabuelo murió rápido en la pandemia de la influenza hace unos 100 años atrás,

no hubo nada que se pudiera hacer por él. Mi bisabuela supo que quedaría viuda joven

y con 5 niños a su cargo. Como muchos, vivía de lo que el campo le daba. Un día,

llegó la plaga de las langostas y arrasó con las milpas que aún eran pequeñas.

Fue despuecito del día de San Juan, en el mes de junio. En la aldea comenzaron

el proceso de resiembra. Ella además de que no tenía dinero para pagar mano de obra,

se dio cuenta que no era necesario hacer otra vez todo el proceso. “Están perdiendo

su tiempo, les dijo, la plaga nos dejó un poquito... el maíz va a rebrotar. Además, ya pasó

el día de San Juan”. Sabía que vendrían lluvias fuertes, y que la semilla corría el riesgo

de pudrirse… Pero, ¿por qué habrían de escuchar a una mujer?

Tiempo después, cuando llegó el momento,

fue la única que logró cosechar ese año.

Control de “plagas”

De acuerdo con la experiencia del agricultor Hugo Esteban, la presencia de insectos en los cultivos se ha agudizado más por el uso de químicos y por el desplazamiento que sufrieron los policultivos. Todo este cambio de mentalidad en torno a la presencia de insectos ha llevado a los productores a querer implementar acciones drásticas y a aplicar productos para erradicar insectos. “Asociamos la presencia de insectos con pérdidas, pero, ¿cuándo es realmente una plaga?”, cuestiona.

Según el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) en México el maíz es atacado por unas 60 especies de insectos. Uno de ellos es el gusano cogollero, Spodoptera Frugiperda, larva de un lepidóptero, palomilla nocturna que deposita sus huevecillos en el cogollito del maíz, la cual es considerada como la principal plaga de maíz en México. Con ella puede haber pérdidas del 100 por ciento en los cultivos.

“Además se ha observado al cogollero trozar y barrenar plantas, penetra los tallos como lo hace un barrenador, devora los elotes, ataca el cogollo de las plantas”, cuenta Fernando Bahena, investigador INIFAP.

La gallina ciega, Phyllophaga spp, larva de escarabajo, vive en el suelo y en algunos lugares, especialmente donde hay monocultivos, puede ocasionar grandes daños. Los cultivos de los que la gallina ciega se alimenta son diversos.

¿A qué se conoce como plaga? Los expertos en el manejo, como la investigadora Helda Morales, reconocen que una plaga es aquella que causa daño ecológico, así como pérdidas económicas en los cultivos. Puede ser un insecto, hongos, mamíferos (ratas, pájaros), bacterias, virus.


Restaurar un equilibrio adecuado entre la ciudad y la vida rural es,

tal vez, la tarea más grande que tiene el hombre de hoy

E. S. Schumacher


Aprender sobre los insectos

Para cuando hay plaga, Helda Morales recomienda que lo primero es no juzgar. En primer lugar, observar cuál es el porcentaje real de daño. Otro aspecto es aprender a identificar a los insectos. Si se opta por esparcir un insecticida biológico, como efecto secundario se va a producir la eliminación del insecto que se alimenta del herbívoro y que ayuda a mantener control en el huerto. “De las prácticas curativas que me compartieron en Chiapas y Guatemala para el cogollero es que le ponen un poco de tierra o ceniza, y el gusano se ahoga.

Hablando en términos económicos, Morales cuestiona el costo que les genera a los agricultores esta práctica: “es baratísimo”, asegura.

Enfatiza que el manejo ancestral se realiza con mano de obra familiar, una o dos personas por lo general. Contrario a la agricultura industrial que implica pago de mano de obra, compra de semillas, fertilizantes, herbicidas, insecticidas, más costos extra por externalidades; es decir, por la contaminación, enfermedades, compra de alimentos no producidos allí mismo.

Pero, hablando en términos económicos; la investigadora dice que la perspectiva económica entre ambas prácticas no es la forma apropiada de situarlos, porque, sembrar milpa fuera del sistema económico y político industrial trae consigo satisfacciones mucho más importantes. En el artículo “No hay ganancia en la milpa” de Ryan Isakson, el autor menciona que aunque los campesinos del sur reciben poco reconocimiento por su contribución, desempeñan un papel fundamental en la obtención del suministro mundial de alimentos a largo plazo. Ya que a través de sus prácticas agrícolas, cultivan la diversidad genética que permite que los cultivos alimentarios se adapten a las condiciones ambientales cambiantes.

De igual manera, en “No hay ganancia en la milpa” se sostiene que una razón obvia para cultivar milpa es el disfrute que ofrece. Los campesinos de Guatemala se complacen en trabajar la tierra, se satisfacen en saber que sus tortillas y tamales fueron producidos por el sudor de su propia frente. Además, muchas de las tareas que comprenden el trabajo en la milpa son actividades familiares.

Muchos campesinos no evalúan la decisión de cultivar milpa en términos estrictamente monetarios. Las alegrías de la familia, el aire fresco y la realización no son monetarias y están fuera de los reinos de la lógica del mercado”.

Algo que también había sido muy popular tiempo atrás para el control de la gallina ciega, agrega la investigadora Morales, es recoger a los adultos por medio de trampas, y hacerlos caer en un balde de agua.

“Francisco Villalobos, un colega mío, entomólogo, dice que uno de los aspectos desconocidos de la gallina ciega es que son polinizadoras de calabazas, así que en lugar de estar haciendo composta con las lombrices californianas, que en realidad son italianas; debería hacerse con gallinas ciegas. Cuando un agricultor por desconocimiento denota que debajo de su rastrojo están las gallinas, quita todo porque para él eso las está atrayendo'', manifiesta Morales.

Helda Morales dice que en caso de emergencia esas son soluciones, si se cuenta con una parcela grande, tal vez se pueda recurrir a estos plaguicidas biológicos, pero insiste, en casos muy extremos.

La investigación de “la entomóloga” Adriana Castro, colega también de Morales concluyó que la mayoría de las gallinas ciegas comen materia orgánica (hojas del suelo, rastrojo del maíz) y se convierten en un problema cuando no hay materia orgánica en el suelo. Esperanza Huerta experta en lombrices me contó, agrega Morales, que éstas fueron introducidas por los españoles, antes de eso, quienes hacían el trabajo de descomposición de la materia orgánica eran las gallinas ciegas, expresa.

¿Por qué es tan importante mantener vivos a los suelos?

De un suelo depende toda la cadena alimenticia de los agroecosistemas. Una gran cantidad de microorganismos habitan ahí: virus, bacterias, nemátodos, hongos, insectos pequeños. Mismos que han venido a la baja por el uso de herbicidas y plaguicidas.

José Manuel Morales Cruz, Técnico Agroecológico asignado a Villa del Carbón del Estado de México, manifestó que suele ser muy variable la cantidad de microorganismos y organismos que habitan en el suelo, pero se cuentan por miles de millones.

“Normalmente se dice que, en una cucharada de suelo vivo, fértil, con humedad, con un buen contenido de materia orgánica existen más microorganismos que seres humanos sobre la tierra”, puntualiza.


¿Cómo recuperamos los suelos?

Morales Cruz, técnico agroecológico, indica varias acciones: reincorporación de residuos de cosecha a la tierra para que el suelo recupere poco a poco fertilidad. Otra estrategia es hacer bordos y terrazas para que no se erosione la tierra con la lluvia y se logre retención. También incorporar compostas, lombricompostas, para activar la parte de contenido de materia orgánica, es decir, el alimento de microorganismos en la tierra.

De igual forma, Morales Cruz indica que es posible hacer uso de minerales, que son varios tipos de cales como la roca fosfórica, la zeolita, o la leonardita; los cuales mejoran la capacidad de intercambio catiónico de la tierra. Por lo tanto, se mejora la retención de humedad y la retención de nutrientes.

Hablando de los suelos de Tlaxcala, uno de los principales problemas de acuerdo con su experiencia como técnico “es que tienen bajo contenido de materia orgánica, así como una reducida capacidad de intercambio catiónico, lo que los hace poco fértiles; debido a su poca retención de nutrientes y humedad en el ciclo agrícola”, enfatiza.


Control alternativo de insectos

Para Helda Morales la respuesta al control de insectos está en un manejo agroecológico; es decir, en tratar de evitar que los insectos herbívoros causen pérdidas a los cultivos cuando coman.

“Lo que nosotros vemos como alternativa al uso de insecticidas es el rediseño de la parcela; es decir, tratar de identificar y entender las necesidades de los insectos herbívoros, y de sus depredadores. De tal forma que la parcela se convierte en un lugar que no sea muy atractivo para los insectos herbívoros, o que les cueste mucho encontrar su alimento; y que, al mismo tiempo, atraiga a los depredadores que pueden convertirse en plaga”, señala.

Desde el punto de vista de un extensionista, Mauricio Rivera, indica que los productores cuentan con conocimientos propios para mantener a los insectos a raya, por ejemplo, realizar control aleloquímico (quema y esparcimiento de insectos). Así como el uso de cal que, al contacto con la plaga la deja completamente seca. También, hacen uso de ceniza, hojas de eucalipto, ruda, manzanilla, chile, cebolla, por mencionar algunos.


Sustitución de insecticidas comerciales por nuevas prácticas

Para el agricultor Hugo Esteban el interés por encaminarse hacia una producción agroecológica inició en 2013. Su principal objetivo: no depender de los subsidios que ofrece el gobierno para la compra de insumos. “Me fue mal, los primeros años perdí cosechas, parcelas completas. Empecé a reflexionar sobre la forma de recuperar suelos. Decidí no aplicar químicos para el control de insectos, ni de hierbas, ¿que encontré para solucionarlo? un azadón y una pala”, manifiesta.

Hace tiempo, cuenta Esteban Rojas, recibió la visita de un técnico del Gobierno del Estado que decía promover la agroecología, lo que recomendaba usar Esteban ya lo había aplicado sin éxito. Para Hugo la diferencia entre el manejo que él realiza y el de ese técnico que decía promover la agroecología es la no dependencia.

“Considero que el problema radica en el desconocimiento del agricultor hacia los ingredientes que componen la receta que un tercero recomienda usar en sus cultivos, la falta de conocimiento genera una dependencia de la que difícilmente podrás salir”, enfatiza.

Esteban Rojas comenta que por su interés en la recuperación de suelos adquiere un fertilizante mineral que tiene un costo de 350 pesos por bulto; su gasto total actual por ha es de 2 mil 50 pesos, más aplicación. “Me gustaría colocar dos toneladas más de composta por ha, pero por ahora no tengo el recurso para hacerlo.”

Indica que se encuentra en transición hacia una producción completamente agroecológica; planea sustituir el fertilizante comercial que aún utiliza, su idea es contar con su biofábrica: bocashi, composta, humus de lombriz, entre otros.

Además, está interesado en implementar un manejo biológico para el control de chapulines, para él la fumigación que realizan sus compañeros resulta un grave problema, ya que los insectos huyen buscando refugio en sus parcelas.

“Estoy consciente de que debo desarrollar estrategias de control; porque si opto por eliminarlos, cómo hace el resto, lo único que conseguiría sería generar dependencia, siempre estaría buscando la forma de matarlos; por tanto, lo más viable, dice, sería consumirlos”, puntualiza.

Respecto al tema de nutrición, Esteban manifiesta que en la zona normalmente se aplican 7 bultos de fertilización química (3 mil 500 pesos por ha, aproximadamente). El gasto total para Hugo oscilaría entre 15 y 17 mil pesos, por fertilización. Para sustituirlo inició con composta pero su producción es insuficiente, por lo que la adquiere aproximadamente a 750 pesos la tonelada.

Aplica dos toneladas de composta por ha, su rendimiento con este método es de 1.5 toneladas por ha de maíces de color. Su zona de producción la componen cinco ha de 500 que conforman el ejido. Produce, transforma y comercializa amaranto, maíz nativo y frijol (ambos de color).

Mauricio Rivera dice que con el acompañamiento técnico que se brinda al productor, se busca que estos sustituyan los productos químicos por productos amigables con el medio ambiente. Tales como el jabón potásico (base hidróxido de potasio), según él, se utiliza en el manejo agroecológico para el control de insectos masticadores.

“El cambio de paradigma requiere un trabajo de concientización sobre el conocimiento de las plagas, así como de los productos que se están acercando al mercado”, puntualiza. También menciona que utiliza biofermentados, los cuales otorgan a la planta fortaleza y le permite defenderse de ataques de insectos herbívoros. Mientras una planta esté fuerte y bien nutrida, tiene mejores probabilidades de defenderse de los ataques.

“El manejo agroecológico que nosotros ponemos en práctica busca implementar la sustentabilidad en los agroecosistemas, utilizando procesos y enemigos naturales; así como variedades resistentes a insectos, sustituir los monocultivos por policultivos, control cultural, prácticas locales. Sin olvidar las trampas con feromonas que tienen precios accesibles y hoy en día tiene mucha difusión para el control del gusano cogollero”, señala Rivera León.

El extensionista manifiesta que además de los métodos ya mencionados, utilizan para el control de insectos plantas repelentes que ayudan a crear resistencia en los cultivos establecidos; como la ruda y el chicalote, considerada esta última como planta curativa.

Sobre la sustitución de productos químicos por biológicos, Helda Morales indica que puede ser útil cuando existe una emergencia en la parcela, es decir, cuando lo que se había planificado no funcionó, o porque el agricultor tiene la intención de hacer una transformación en sus cultivos, y, por lo tanto, no cuenta en su parcela con depredadores de insectos herbívoros.

“Lo que me preocupa de eso, es que muchas veces estos insecticidas biológicos también afectan a los insectos benéficos. Por ejemplo, algo que se utiliza mucho en la agricultura orgánica, es el Metarhizium Anisopliae, hongo que ataca algunos insectos que pueden ser plaga, pero también afectan a las abejas. O los extractos botánicos, como el chile y el ajo que se recomienda a diestra y siniestra también puede repeler a las catarinas, a las larvas de las moscas que se comen a los pulgones… por eso yo creo que estos sustitutos de insecticidas químicos pueden funcionar en caso de emergencia, pero no deberían ser los que más se promuevan.” precisa.

Las compostas, el bocashi, la lombricomposta, los exudados de las lombrices, todas estas alternativas biológicas no dañan al suelo. Aunque son mejores que los que vienen de fábrica, Morales insiste que las prácticas ancestrales son muy efectivas: uso de abonos verdes, los policultivos (asociar al maíz con leguminosas) éstas son las únicas que pueden fijar el nitrógeno en la atmósfera, y hacerlo disponible para las otras plantas.

Los campesinos de hace mil años no sabían ese proceso, pero observaron que cuando el maíz crecía con el frijol se daba mejor. Se recomienda sembrar flores para atraer insectos depredadores: catarinas, avispas, libélulas, que además de consumir carne de insecto, necesitan alimentarse de néctar para obtener energía.


Mirar la agricultura con ojos de ecólogo

La investigadora Helda Morales manifiesta que en agroecología se parte de principios: mantener el suelo vivo, se promueve la diversidad tanto dentro de la parcela como en los alrededores, uso eficiente del agua, tiempo, espacio, recursos. Se parte de un diálogo de saberes: lo que el agricultor conoce de su cultura, de su parcela, sobre sus limitaciones y de su mano de obra, su trabajo.

Miguel Altieri dice Morales, fue uno de los principales académicos que escribió sobre agroecología. El nuevo planteamiento tuvo como objetivo observar la agricultura con ojos de ecólogo y dejar a un lado el tema de rendimientos. Se cuestionaron los efectos de fertilizantes en plantas: ¿qué sucede con los animales que viven ahí?, ¿qué pasa con las plantas de los alrededores? No había respuesta a estas preguntas sin considerar que el mundo está compuesto por una red de organismos en la que todos interactuamos de una forma que ni sospechamos.


La observación de la naturaleza: clave para tomar mejores decisiones

Repensar un nuevo “Desarrollo Local” para un “Desarrollo Rural” es el reto en estos tiempos. La situación obliga a una relectura crítica de las teorías, modelos, comportamientos y escalas sobre la concepción y gestión de las políticas públicas. Incluir el conocimiento para tener una convivencia sustentable en los espacios rurales y en el mundo.

“Es importante dotar de herramientas a las personas sobre el comportamiento de los insectos, para que sean éstas las que encuentren soluciones y sepan cómo manejarlos. Parte de nuestro trabajo consiste en dar talleres. Cuando les digo a las personas que lo mejor para eliminar del huerto a determinado insecto que se está comiendo los tomates es tomarlo con los dedos y sacarlo, escucho algo como “¡qué asco!”, pero eso es parte del desconocimiento que existe a nuestro entorno”, finaliza Helda Morales.

Gracias a las prácticas agroecológicas y al manejo cultural del maíz que ha implementado en sus cultivos, Hugo Esteban exporta maíz a EU (Los Ángeles, Texas) y Europa (Alemania, España). Es su tercer año en ese mercado. También cuenta con clientes en diferentes lugares de México porque a él y a su familia les interesa que su producto se dé a conocer, y que se consuma tortilla de color de maíz nativo.

Hoy cuenta con 13 productos y más de 85 variantes. Para que su producto cuente con calidad de exportación, se deben realizar ciertas prácticas específicas. Entre sus productos se encuentran: malteada de amaranto con maíz morado, alegrías, maizador (empanizador de maíz), entre muchos otros.

Hugo Esteban manifiesta que su interés por cultivar y producir de una forma agroecológica, gira en torno a uno de los principales problemas que aquejan a nuestro país: desnutrición y obesidad. “Como productor vivo y desafío la problemática actual desde un tema de conciencia”, finaliza.

Si contamos con un huerto, un jardín, o unas macetas, seguramente hemos observado la presencia de algún tipo de insecto merodeando o acechando nuestras plantas. De inicio, podemos descartar la idea de utilizar algún tipo de plaguicida para mantener a los insectos a raya y sustituirlos por soluciones naturales para nuestro huerto.

Conocer y reconocer las características de los insectos, nos ayudará no solamente a mantener la presencia de los polinizadores, también podríamos recordar cuando éramos niños y no teníamos miedo a la tierra ni a mancharnos los zapatos en el lodo.

Reconocer la tierra como elemento vivo que nos sostiene, así como el esfuerzo que hacen productores como Hugo Esteban por ofrecer alimentos que se destaquen, puede significar los primeros pasos hacia una agricultura como la que se practicaba anteriormente, en la medida de lo posible, lo más libre de agentes contaminantes riesgosos para la salud.

494 vistas0 comentarios