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Mujeres que matan


Omar Garfias


Adentrarse en la realidad venezolana y hacerlo con los ojos de sus mujeres suena muy atractivo, de eso va la novela de Alberto Barrera Tyszka, que es muy fácil de leer porque es como una telenovela con su virtud de accesibilidad y su defecto de hacer muchas concesiones a los héroes.

“El Alto Mando tenía una fábrica de producir verdades que funcionaba de forma permanente. No se detenía nunca. Todos los días había nuevas y distintas verdades. Pero todas eran desechables”

Alberto Barrera Tyszka, nacido en Caracas, Venezuela (1960), estudió Letras en la UCV y en la década de los 80 formó parte de los grupos poéticos Guaire y Tráfico. Con “La Enfermedad” (2006) ganó el Premio Herralde de novela y, en 2015, obtuvo el Premio Tusquets con su novela “Patria o muerte”.

Ha publicado, además, libros de cuentos, poesía y crónicas periodísticas. Su obra está traducida en distintos idiomas y ha sido reconocida en Francia, Inglaterra y Alemania. Es columnista de The New York Times (en español) y del medio digital independiente venezolano Efecto Cocuyo. Ha trabajado como guionista de televisión en diversos países. Vive en la Ciudad de México

“Los suicidios no se improvisan. Por el contrario, sólo son el paso final de una muerte que se ha pensado detalladamente, que se ha ido administrando durante largo tiempo”

En 2016 fue autor de la telenovela de TV Azteca Nada Personal, de la que fue también autor en su primera edición en 1996. Es un escritor de telenovelas que va manejando sorpresas en su narración para conseguir un ritmo de lectura. El manejo del “timing” es lo esencial aunque tenga que sacrificar el rigor con que los hechos sean creíbles. Por ejemplo, hace que los nerviosos perros “pequinés” callen en el momento adecuado.

“- ¿Hacen tríos?- Sebastián hizo lo imposible por sonar natural, como si todo eso le resultara de una normalidad casi aburrida.

- No los llamamos de esa manera. Ese lenguaje ya no sirve, forma parte de una etapa anterior -, explicó Elisa, mientras terminaba de vestirse.”.

Venezuela es un personaje secundario de la novela. Barrera cuenta, en una entrevista de prensa, que desde su primer gobierno, Chávez logró que se eliminará el financiamiento oficial a los partidos y, de manera constante, se dedicó a satanizar y descalificar a cualquiera que lo adversara. Sin embargo, también el liderazgo político opositor cometió muchos errores. Basta recordar el intento de golpe de Estado en 2002 o la decisión de no participar en las elecciones parlamentarias de 2005. Pero sin duda el tema de la unidad ha sido una de sus fragilidades principales, así como la falta de una propuesta sólida y clara, de una relación más cercana con los sectores populares, con sus códigos, con sus necesidades y aspiraciones.

“La gente dice que lee pero no es verdad —afirmó, sonriendo—. La gente lee noticias, chismes, mensajes de textos, lo que sea pero que sea corto. Ya casi nadie lee libros. Les parece demasiado. Hay quienes ven un libro y se cansan”

El chavismo, para el autor de la novela, ha actuado desde siempre como una iglesia. No hay más discusión. No hay discernimiento. Esas son las consecuencias de la polarización en nuestras sociedades. La ceguera emocional de la política es un virus voraz.

“Elisa lo impresionó con el relato de unas bandas que se dedicaban a asaltar colas. Robaban a los que estaban formados y robaban, también, la mercancía que iban a comprar.

- ¿Y la gente no hace nada?

- La gente no hace nada porque no hay nada qué hacer. A menos que te quieras enfrentar a plomo con la delincuencia. Nadie se mete. Al Alto Mando le conviene que la gente viva en una fila. Todos pasamos formados todo el día. Somos con un ejército dormido.”.

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