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Murakami, casi Nobel de Literatura



Omar Garfias


“Transformaban su organismo para que el proceso de momificación se desarrollara sin problemas, y entonces se metían bajo tierra. Sepultados en la oscuridad, sin comida ni bebida, los monjes recitaban sutras sin parar mientras golpeaban un gong o hacían sonar una campanilla. El ruido se oía a través del bambú, y cuando se interrumpía, era la señal inequívoca de que el monje había muerto. Con el paso del tiempo, su cuerpo se iba momificando. Al parecer, debía desenterrarse después de tres años y tres meses.”

“La muerte del comendador” es la más reciente novela del escritor japonés Haruki Murakami muy exitoso en vender, muy halagado por la crítica y muy candidateado al Nobel.

“La vejez podía resultar más inesperada que la propia muerte. Algo que superaba la imaginación, como si alguien nos dijera de pronto que nuestra existencia tanto social como biológica ya no era necesaria en este mundo.”

No es su mejor novela, no la recomendaría para iniciarse en la obra de este autor. Es una pieza grande, entregada en dos libros, que es como la comida japonesa de muchos tiempos, no sabes cuando terminó hasta que te avisan porque está estructurada de manera diferente a lo acostumbrada.

“Puede que yo te dejara embarazada mentalmente desde un sitio muy lejano. Como un concepto a través de un pasadizo especial.

- ¿Como un concepto?

- Es decir, una hipótesis.

Yuzu se quedó pensativa.

- Si de verdad es así -dijo-, me parece una hipótesis maravillosa.

- Es posible que no haya nada absolutamente cierto en este mundo, pero debemos creer en algo.”

La novela navega en las circunstancia de un pintor que no entiende nada de lo que le pasa en la vida, nada de lo que sueña, ni nada de lo que imagina. Probablemente es un japonés común. Está escrita en primera persona, de manera que es como estar amarrado a un náufrago.

“Para él, vivir con alguien equivalía a acabar odiando a esa persona, ya fueran sus padres, su mujer o sus hijos, y eso era lo que temía por encima de cualquier otra cosa. No se trataba de miedo a amar a alguien, sino más bien de miedo a llegar a odiar.”

El crítico español Javier Aparicio escribió en “El país”: “La muerte del comendador es sobre todo un tratado encubierto de creación artística. Es una novela pero no está claro que quiera serlo, y quiere ser un ensayo pese a parecer una novela. Explica la historia un artista que explicándola pretende explicarse a sí mismo ante el reto de la creación. Se pregunta: “¿Cómo dar forma a algo inexistente?”, señala la necesidad de un locus amoenus en el que poder crear, conoce las servidumbres del artista mercenario, se esfuerza en describir la fascinación que puede llegar a producir el arte y a la vez se enfrenta al demonio de la mediocridad, reflexiona acerca del cambio de estilo en la obra ajena como si de la propia se tratara, sugiere el debate acerca de la innovación y la originalidad a la que dedica un capítulo en De qué hablo cuando hablo de escribir,constata que “en el mundo del arte no se dice que se está vaciando nada, sino que se está trasladando a otro lugar”, que “la realidad no se limita a las cosas que se pueden ver”, que la intuición es para el artista necesaria pero no suficiente, pues debe darle forma y, en fin, que contempla cada mañana un lienzo en blanco para imaginar posibilidades en lugar de asumir resultados habida cuenta de que, como señaló Steiner, “en la creación, las soluciones son mendigos comparadas con la riqueza del problema”

“Por lo que puedo recordar, nunca me he aburrido. Mejor dicho, casi no he tenido tiempo de aburrirme.

Sus palabras me impresionaron y me limité a asentir con la cabeza.

- Y usted, ¿se aburre alguna vez?- me preguntó.

- Por supuesto que sí. Me aburro a menudo, pero el aburrimiento ha terminado por convertirse en una parte de mi vida a la que ya no puedo renunciar.

- ¿Y eso no le angustia?

- Me he acostumbrado. No, no me angustia.”

Haruki Murakami nació en Kyoto, Japón, en 1949. Creció en Kobe y luego se mudó a Tokio, donde asistió a la Universidad de Waseda. Después de la universidad, Murakami abrió un pequeño bar de jazz, que él y su esposa dirigieron durante siete años.

El más reciente de sus muchos honores literarios internacionales es el Jerusalem Prize, cuyos ganadores anteriores incluyen a J. M. Coetzee, Milan Kundera y V. S. Naipaul. El trabajo de Murakami se ha traducido a más de cincuenta idiomas.

“Ella tuvo cuatro orgasmos, y, por increíble que pueda parecer, todos eran de verdad. Yo eyaculé dos veces, aunque, por alguna razón, no sentí mucho placer. Mientras hacía el amor con ella, mi cabeza parecía estar en otra parte.”

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