• Ambiental News-Miguel Á.

¡No es él... es ella!



¡Qué hay de nuevo… Viejo!


+ La falta de respeto a los derechos de las comunidades, auténticas depositarias de la herencia cultural

El único deber que tenemos

con la historia es reescribirla.

Óscar Wilde



Como efectivamente no podemos olvidar hechos relevantes, sino darlos a conocer a las actuales generaciones, hay que relatar en este espacio la falta de respeto a los derechos de las comunidades originarias, auténticas depositarias de una herencia cultural que les pertenece, y sobre la necesidad de ofrecerles las condiciones y capacitación necesarias para que resguarden su patrimonio, llevando “réplicas a los museos”.

¿Cuántas historias desafortunadas hay en México? Por un capricho, o mala decisión, el presidente Adolfo López Mateos ordenó al arquitecto Pedro Ramírez Vázquez sacar del poblado de Coatlinchán un monolito, el cual debería estar en el nuevo museo que albergará a diversas culturas prehispánicas, y que hoy conocemos como el Museo Nacional de Antropología.

López Mateos le comentó que vió, en una excursión que hizo cuando tenía once años, esta pieza de piedra ubicada en el Estado de México.

Pedro Ramírez Vázquez inició el proyecto del Museo Nacional de Antropología y se traslado al lugar dónde se localizaba dicho monolito, para conocerlo y hablar con los habitantes para informarles del traslado del monolito.

Hoy se sabe que la piedra de los tecomates trasladada no es Tláloc, el dios de la lluvia, sino Chalchiuhtlicue, la diosa de las aguas embalsadas.

Sin investigación alguna por parte de especialistas antropólogos ni historiadores, se acató una decisión del Presidente de la República, sin importar los daños a la población.

En lugar de trasladar a Tláloc, por un gravísimo error cultural, se trajo la piedra de los tecomates (tecomates son jícaras), que en número de 12 se llenaban de agua de lluvia por estar acostada, y que tienen gran simbolismo.

Algunos habitantes de la comunidad fueron testigos del atropello a sus creencias, su cultura y sus tradiciones. Justo el 29 de septiembre, cuando se celebra a San Miguel Arcángel, iniciaban la cosecha y colocaban en las jícaras de Chalchiuhtlicue el maíz para tener una buena jornada, ya que las jícaras guardaban agua y eran fértiles para el maíz.

San Miguel Coatlinchán quedó devastado ante el atropello por parte del Ejército Mexicano, enviado por el mismo presidente Adolfo López Mateos, que en sus negociaciones habían prometido construir escuelas, clínicas y carreteras, lo cual nunca sucedió, pero que tampoco interesaba a la comunidad.

La población quería que no se llevarán el monolito, porque era su principal fuente de ingresos por la afluencia turística que generaba. Los turistas no regresaron y tampoco el trabajo que generaban y que activaba su economía y los había convertido en una comunidad próspera.

El pueblo fue olvidado por los turistas y por las autoridades, con su dignidad pisoteada. El gobierno, desconocedora de la riqueza del lugar por su fauna, flora y y por el potencial de crecimiento que tenía como zona de ecoturismo, les robó lo más preciado que tenían.

En la Iglesia de San Miguel Arcángel, en Coatlinchán, el párroco decidió pintar los frescos; en vez de restaurar las pinturas, ordenó taparlas cn pintura. La ignorancia del cura se sumó a la ausencia de los funcionarios de antropología e historia, cuya obligación era conservar y vigilar estos lugares, tan históricos e importantes. Claro, los funcionarios no regresaron por cobardía; sabían lo que habían hecho.

No existe una ley que proteja y ampare a las comunidades que tienen patrimonio histórico, el cual les pertenece, y por capricho o para adornar un museo, se les despoja y pierden sus valores históricos, antropológicos y culturales.

Algunos pobladores cuentan que Chalchiuhtlicue siempre estuvo a ras de suelo, acostada, por lo que en el Museo Nacional de Antropología está mal orientada.

El lugar donde estaba era una especie de coliseo, donde se realizaban ceremonias religiosas. Era un lugar maravilloso, con un río que se perdía entre el bosque y los matorrales. El paisaje deja ver rocas de gran tamaño, que dan idea de su entorno prehistórico.

El bosque llegaba hasta las faldas de las montañas y los acueductos siempre tenían agua; también había plantas medicinales… pero todo eso se acabó.

Y en este punto surge la pregunta ¿Qué pasará con los hallazgos en Santa Lucía?


San Miguel Coatlinchán (en náhuatl: Coatl, in, chantli, serpiente).- Localidad del Estado de México, en el municipio de Texcoco, al pie de la Sierra Nevada, la Sierra Quetzaltepec y la Barranca de Santa Clara.


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