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No es sólo hacer conciencia, sino participar activamente en bien de la Madre Tierra


Por Fernando Silva

No existe duda alguna sobre la calamidad ecológica que hemos inducido y que se ha vuelto el principal escollo que afrontamos como humanidad y, a pesar de que no existe tarea más urgente que la de encontrar soluciones prácticas para cada uno de los diversos factores implicados en el drástico daño a nuestro planeta, como la «especie más evolucionada» al parecer no comprendemos las calamidades que generamos y, en consecuencia, no hacemos gran cosa por reparar el deterioro y pérdida de la biodiversidad.

Esto constituye una divergencia entre las heterogéneas maneras de vislumbrar el problema, por lo que tomaremos como punto de partida el respeto y, con ello, valorar las soluciones ajenas a cualquier tipo de interés personal o de explotación por parte de algún gobierno o sociedad. Así, uno de los primordiales retos estriba en forjar ideas que hagan frente a los problemas medioambientales que subyugan el presente y el futuro de la vida en la Tierra.

Obviamente, hay quienes teorizan que la conciencia ecológica resulta del conocimiento y la información que la persona tiene sobre los inconvenientes provocados. Por esta razón, tanto las estrategias de injerencia como los programas de educación para promover una mayor cognición se han basado, fundamentalmente, en la difusión de libros y de notables estudios realizados por científicos, investigadores y filósofos que analizan los lamentables escenarios, así como el actuar de la humanidad. En ese sentido, la formación y la sana experiencia ambiental —desde la infancia— puede derivar en una mejor actitud, sensibilidad y aprecio en bienestar del planeta, de la naturaleza y hacia todo ser viviente en las diferentes etapas de la vida.

Siguiendo lo comentado, hago referencia al filósofo y científico Immanuel Kant y, en particular a dos de sus libros altamente dignos para leer: De lo bello y lo sublime y Crítica del Juicio, leemos en el primero: «Cada cual al realizar sus actos en el gran escenario social, según sus inclinaciones dominantes, se ve movido por un secreto impulso a tomar mentalmente un punto de vista fuera de sí mismo para juzgar la apariencia de su conducta, tal como se presenta a la vista del espectador. Los diversos grupos se unen así en un cuadro de expresión magnífica, donde la unidad se transparenta en la grande diversidad y el conjunto de la naturaleza moral se muestra en sí bello y digno».

Y, sobre el segundo: «La conformidad de la naturaleza, considerada en la variedad de sus leyes particulares, con la necesidad que tenemos de reconocer en ella principios universales, debe apreciarse o estimarse como contingente a la vista de nuestro espíritu, pero al mismo tiempo como indispensable, a causa de la necesidad de nuestro entendimiento, y por tanto, como una finalidad por la cual la naturaleza se conforma con nuestras propias intuiciones, en cuanto se trata del conocimiento. Las leyes generales del entendimiento, que son al mismo tiempo leyes de la naturaleza, son tan necesarias (aunque derivadas de la espontaneidad) como las leyes del movimiento de la materia; y para explicar su origen no hay necesidad de suponer ningún fin ni objeto en nuestra facultad de conocer, porque nosotros no obtenemos, en primer lugar, por estas leyes más que un concepto de lo que es el conocimiento de las cosas (de la naturaleza) y éste se aplica necesariamente a la naturaleza de los objetos de nuestro conocimiento general».

A pesar del significativo impulso de la conciencia, la degradación de las sociedades avanza a un ritmo alto. El cambio climático, por ejemplo, ha sido observado que buena cantidad de personas expresan su «descontento» pero en mínima o nula medida se involucran en prácticas responsables con el medio ambiente.

Si bien es cierto que los cambios de comportamiento son imperiosos para conseguir un desarrollo sostenible, esas transiciones se están produciendo con demasiada lentitud, de manera que la dimensión entre las actitudes y las prácticas en el ámbito medioambiental es para muchos un tema distante y, por ignorancia, arcano.

Tanto en la naturaleza como en los errores (horrores) humanos, después de una catástrofe, llega el momento de la rehabilitación y reconstrucción que confluye en el fundamento de una mejor calidad de vida. Esta conciencia de las sociedades seguramente tendrá múltiples términos en el desarrollo de los movimientos sociales y la inclusión de la temática medioambiental en las agendas políticas, en las que se pueda afirmar que el medio ambiente sea la quinta essentia de la consciente narrativa global.

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