• Ambiental News-Miguel Á.

No hay vacuna para el planeta, la naturaleza necesita un rescate: António Guterres


El secretario General de la ONU, António Guterres, dictó una conferencia en la Universidad de Columbia, sobre “El estado del planeta”.


¡El planeta está roto! Enfrentamos una pandemia devastadora, aumentos récord del calentamiento global, nuevos mínimos de degradación ecológica y nuevos reveses en el trabajo hacia los objetivos globales para un desarrollo más equitativo, inclusivo y sostenible, afirmó el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, durante una conferencia dictada en la Universidad de Columbia, sobre "El estado del planeta".

Señaló que la humanidad libra una guerra contra la naturaleza. "Esto es suicida, porque la naturaleza siempre contraataca, y ya lo hace con creciente fuerza y furia".

La biodiversidad está colapsando. Un millón de especies están en peligro de extinción y los ecosistemas desaparecen ante nuestros ojos. Los desiertos se extienden; se pierden humedales. Cada año perdemos 10 millones de hectáreas de bosques.

Los océanos están sobreexplotados y asfixiados con desechos plásticos. El dióxido de carbono que absorben acidifica los mares. Los arrecifes de coral se blanquean y mueren.

La contaminación del aire y el agua mata a 9 millones de personas al año, más de seis veces el número actual de víctimas de la pandemia.

Las personas y el ganado invaden cada vez más los hábitats de los animales e interrumpen los espacios silvestres, por lo que podríamos ver más virus y otros agentes causantes de enfermedades pasar de los animales a los humanos. Recordemos que 75 por ciento de las enfermedades infecciosas humanas nuevas y emergentes son zoonóticas.

Hoy, dos nuevos informes de la Organización Meteorológica Mundial y del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente detallan lo cerca que estamos de la catástrofe climática: 2020 está a punto de ser uno de los tres años más cálidos registrados a nivel mundial, incluso con el efecto refrescante de “La Niña”. La última década fue la más calurosa de la historia.

El calor del océano está en niveles récord. Este año, más del 80 por ciento de los océanos del mundo experimentaron olas de calor marinas.

El Ártico, en 2020, ha experimentado un calor excepcional, con temperaturas de más de 3 grados Celsius por encima del promedio, y más de 5 grados en el norte de Siberia.

El hielo marino del Ártico en octubre fue el más bajo registrado, y la recongelación es la más lenta registrada. El hielo de Groenlandia continúa su declive a largo plazo y pierde un promedio de 278 gigatoneladas al año. El permafrost se derrite y libera metano, un potente gas de efecto invernadero.

Los incendios e inundaciones apocalípticas, los ciclones y los huracanes son cada vez más la nueva normalidad. La temporada de huracanes del Atlántico norte ha visto 30 tormentas, más del doble del promedio a largo plazo y rompió el récord de una temporada completa.

Centroamérica aún no se recupera de dos huracanes consecutivos, parte del período más intenso de tales tormentas en los últimos años. En 2019 esos desastres costaron al mundo 150 mil millones de dólares.

Los cierres por la COVID-19 han reducido temporalmente las emisiones y la contaminación, pero los niveles de dióxido de carbono aún se encuentran en niveles récord y en aumento.

En 2019, los niveles de dióxido de carbono alcanzaron 148 por ciento arriba de los niveles preindustriales.

En 2020, la tendencia ascendente ha continuado a pesar de la pandemia: el metano se disparó al 260 por ciento; el óxido nitroso, un poderoso gas de efecto invernadero pero también un gas que daña la capa de ozono, aumentó 123 por ciento.

Las emisiones son 62 por ciento más altas ahora que cuando comenzaron las negociaciones internacionales sobre el clima en 1990, por lo cual las políticas climáticas tienen que adaptarse y estar a la altura del desafío.

Cada décima de grado de calentamiento es importante.

Hoy estamos en 1.2 grados de calentamiento y ya somos testigos de una volatilidad y extremos climáticos sin precedentes en todas las regiones; nos dirigimos a un aumento de temperatura atronador de 3 a 5 grados Celsius este siglo.

La ciencia es clara: para limitar el aumento de temperatura a 1.5 grados Celsius, el mundo necesita reducir la producción de combustibles fósiles en aproximadamente un 6 por ciento cada año, desde ahora hasta 2030, pero el mundo va en la dirección opuesta: planea un aumento anual del 2 por ciento.

El ataque al planeta obstaculiza los esfuerzos por eliminar la pobreza, pone en peligro la seguridad alimentaria y dificulta aún más el trabajo por la paz, ya que las perturbaciones provocan inestabilidad, desplazamientos y conflictos.

No es casualidad que el 70 por ciento de los países más vulnerables al clima sean también los más frágiles política y económicamente, ni que de los 15 países más susceptibles a los riesgos climáticos, ocho alberguen una misión política especial o de mantenimiento de la paz de la ONU.

Los impactos recaen principalmente sobre las personas más vulnerables del mundo; quienes menos han hecho para causar el problema son quienes más sufren. Incluso en el mundo desarrollado, los marginados son las primeras víctimas de los desastres y los últimos en recuperarse.

¡Seamos claros: las actividades humanas están en la raíz de nuestro descenso hacia el caos!, pero eso significa que la acción humana puede ayudar a resolverlo.


URGE HACER LAS PACES CON LA NATURALEZA

Hacer las paces con la naturaleza es la tarea definitoria del siglo XXI. Debe ser la máxima prioridad para todos, en todas partes, y la recuperación de la pandemia es una oportunidad.

Podemos ver rayos de esperanza en forma de vacuna, pero no hay vacuna para el planeta. La naturaleza necesita un rescate.

Al superar la pandemia, también podemos evitar el cataclismo climático y restaurar el planeta. Estamos ante una prueba de política épica que, en última instancia, es una prueba moral.

Los billones de dólares necesarios para la recuperación de la COVID-19 es dinero que pedimos prestado a las generaciones futuras.

No podemos usar esos recursos para bloquear políticas que los carguen con una montaña de deudas en un planeta destrozado.

Es hora de accionar el “interruptor verde”. Tenemos la oportunidad de transformar la economía mundial, no sólo restablecerla.

Una economía sostenible impulsada por energías renovables creará nuevos puestos de trabajo, una infraestructura más limpia y un futuro resiliente.

Un mundo inclusivo ayudará a garantizar que las personas disfruten de mejor salud y el pleno respeto de sus derechos humanos, y puedan vivir con dignidad en un planeta saludable.

La recuperación de la COVID-19 y la reparación del planeta deben ser las dos caras de la misma moneda.


LA EMERGENCIA CLIMÁTICA

Enfrentamos tres imperativos para abordar la crisis climática:

En primer lugar, debe lograrse la neutralidad de carbono global en las próximas tres décadas; en segundo lugar, debemos alinear las finanzas globales con el Acuerdo de París, el plan mundial para la acción climática.

En tercer lugar, debemos lograr un gran avance en la adaptación para proteger al mundo de los impactos climáticos, especialmente, a las personas y países más vulnerables.

La neutralidad de carbono: cero emisiones netas de gases de efecto invernadero.

En las últimas semanas, hemos visto importantes avances positivos: la Unión Europea se ha comprometido a convertirse en el primer continente climáticamente neutro para 2050, y espero que decida reducir sus emisiones al menos un 55 por ciento debajo de los niveles de 1990 para 2030.

El Reino Unido, Japón, la República de Corea y más de 110 países se han comprometido con la neutralidad de carbono para 2050, y la administración entrante de Estados Unidos ha anunciado el mismo objetivo. China se compromete a llegar antes de 2060.

Esto significa que, a principios del próximo año, los países que representan más del 65 por ciento de las emisiones mundiales de dióxido de carbono y más del 70 por ciento de la economía mundial habrán asumido compromisos ambiciosos con la neutralidad del carbono.

Debemos convertir este impulso en un movimiento. El objetivo central de las Naciones Unidas para 2021 es construir una verdadera Coalición Global para la Neutralidad de Carbono.

Creo firmemente que 2021 puede ser un nuevo tipo de año bisiesto, el año de un salto cuántico hacia la neutralidad de carbono.

Todos los países, ciudades, instituciones financieras y empresas deben adoptar planes para la transición a cero emisiones netas para 2050, y aliento a los principales emisores a liderar el camino para tomar medidas decisivas y lograr la reducción de las emisiones globales en un 45 por ciento para 2030 en comparación con los niveles de 2010, y que lo plasmen claramente en las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NCD).

Cada individuo debe hacer su parte: como consumidores, productores, inversionistas. La tecnología y el análisis económico sólido son nuestros aliados.

Cuesta más operar más de la mitad de las plantas de carbón, que construir nuevas energías renovables desde cero. El negocio del carbón se está esfumando.

La Organización Internacional del Trabajo estima que, a pesar de la inevitable pérdida de puestos de trabajo, la transición a las energías limpias dará lugar a la creación de 18 millones de puestos de trabajo para 2030.

Debemos reconocer los costos humanos del cambio de energía.

La protección social, la renta básica temporal, el reciclaje y la mejora de las competencias pueden ayudar a los trabajadores y aliviar los cambios provocados por la descarbonización.

La energía renovable es ahora la primera opción no solo para el medio ambiente, sino también para la economía, pero hay señales preocupantes.

Algunos países utilizan la crisis para revertir las protecciones ambientales; otros expanden la explotación de recursos naturales y se alejan de la ambición climática.

Los miembros del G20, en sus paquetes de rescate, gastan 50 por ciento más en sectores relacionados con la producción y el consumo de combustibles fósiles, que en energía baja en carbono.

Todos deben pasar una prueba de credibilidad.

Los signatarios de París están obligados a presentar sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional revisadas y mejoradas con sus objetivos de reducción de emisiones para 2030.

En diez días, junto con Francia y el Reino Unido, convocaré a una Cumbre sobre la ambición climática para conmemorar el quinto aniversario del Acuerdo de París. En menos de un año, nos reuniremos en Glasgow para la COP26.

Estas son oportunidades que no podemos perder para que las naciones detallen cómo avanzarán y construirán mejor, reconociendo las responsabilidades comunes pero diferenciadas a la luz de las circunstancias nacionales, como se dice en el Acuerdo de París, pero con el objetivo común de la neutralidad de carbono para 2050.


HORA DE PONER PRECIO AL CARBONO Y VER LOS RIESGOS CLIMATICOS EN EL FINANCIAMIENTO

En segundo lugar, el financiamiento. Los compromisos de cero emisiones netas están enviando una señal clara a los inversionistas, los mercados y los ministros de finanzas, pero tenemos que ir más lejos.

Necesitamos que todos los gobiernos traduzcan estos compromisos en políticas, planes y objetivos con plazos específicos, para proporcionar certeza y confianza para que las empresas y el sector financiero inviertan a cero.

Es el momento de poner precio al carbono, para eliminar gradualmente el financiamiento y terminar con los subsidios a los combustibles fósiles; de dejar de construir nuevas plantas de energía de carbón y detener el financiamiento de la energía de carbón a nivel nacional y en el extranjero.

Hay que trasladar la carga fiscal de los ingresos al carbono y de los contribuyentes a los contaminadores, e integrar el objetivo de la neutralidad de carbono en todas las políticas y decisiones económicas y fiscales, así como hacer obligatorias las divulgaciones de riesgos financieros relacionados con el clima.

El financiamiento debe fluir hacia la economía verde, la resiliencia, la adaptación y los programas de transición justa. Necesitamos alinear todos los flujos financieros públicos y privados detrás del Acuerdo de París y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Las instituciones de desarrollo multilaterales, regionales y nacionales y los bancos privados deben comprometerse a alinear sus préstamos con el objetivo global neto cero.

Hago un llamado a los propietarios y administradores de activos para que descarbonicen sus carteras y se unan a iniciativas y asociaciones clave lanzadas por las Naciones Unidas, incluida la Alianza Global de Inversionista por el Desarrollo Sustentable y la Net-Zero Asset Owners Alliance, hoy con 5.1 billones de dólares en activos.

Las empresas deben ajustar sus modelos comerciales y los inversionistas deben exigir información a las empresas sobre la resistencia de esos modelos.

Los fondos de pensiones del mundo administran 32 billones de dólares en activos, lo que los coloca en una posición única para mover la aguja y liderar el camino.

Hizo un llamado a los países desarrollados para que cumplan su promesa de larga data de proporcionar 100 mil millones de dólares anuales para ayudar a los países en desarrollo a alcanzar los objetivos climáticos compartidos.

Aún no estamos allí y se trata de una cuestión de equidad, justicia, solidaridad e interés propio ilustrado.

Guterres pidió a todos los países llegar a un compromiso sobre el Artículo 6 del Acuerdo de París, mientras se preparan para la COP26, para que obtengamos las reglas claras, justas y ambientalmente sólidas que los mercados de carbono necesitan para funcionar plenamente.

Acogió con beneplácito la labor del grupo de trabajo lanzado en septiembre, con miembros que representan a 20 sectores y 6 continentes, para desarrollar un plan para los mercados privados de compensación de carbono a gran escala.


ADAPTACIÓN Y RESILIENCIA

En tercer lugar, necesitamos un gran avance en materia de adaptación y resiliencia. Estamos en una carrera contrarreloj para adaptarnos a un clima que cambia rápidamente, por lo cual la adaptación no debe ser el componente olvidado de la acción climática.

Hasta ahora, la adaptación representa sólo el 20 por ciento del financiamiento climático, alcanzando un promedio de 30 mil millones de dólares entre 2017 y 2018, y eso dificulta nuestro trabajo esencial para la reducción del riesgo de desastres.

La Comisión Global de Adaptación encontró que cada dólar invertido en adaptación podría generar casi cuatro en beneficios.

Tenemos un imperativo moral y un argumento económico claro para ayudar a los países en desarrollo a adaptarse y desarrollar resiliencia a los impactos climáticos actuales y futuros.

Antes de la COP 26, todos los donantes y los Bancos de Desarrollo Multilaterales y Nacionales deberían comprometerse a aumentar el financiamiento para la adaptación y la resiliencia al menos al 50 por ciento de su apoyo financiero para el clima.

Los sistemas de alerta temprana, la infraestructura resiliente al clima, la agricultura mejorada en tierras secas, la protección de los manglares y otras medidas pueden dar al mundo un doble dividendo: evitar pérdidas futuras y generar ganancias económicas y otros beneficios.

Necesitamos pasar a un apoyo de adaptación preventivo y sistemático a gran escala. Esto es especialmente urgente para los pequeños estados insulares en desarrollo, que enfrentan una amenaza existencial. La carrera hacia la resiliencia es tan importante como la carrera hacia el cero neto.

No se puede separar la acción climática del panorama planetario más amplio; todo está interrelacionado: los bienes comunes mundiales y el bienestar global. Eso significa que debemos actuar de manera más amplia, más integral, en muchos frentes, para asegurar la salud de nuestro planeta, del que depende toda la vida.

La naturaleza nos alimenta, nos viste, sacia nuestra sed, genera nuestro oxígeno, da forma a nuestra cultura y nuestra fe y forja nuestra propia identidad. Se suponía que 2020 sería un “super año” para la naturaleza, pero la pandemia tuvo otros planes.

Ahora debemos usar 2021 para abordar nuestra emergencia planetaria. Los países se reunirán en Kunming para forjar un marco de biodiversidad para detener la crisis de extinción y poner al mundo en el camino de vivir en armonía con la naturaleza.

El mundo no cumplió ninguno de los objetivos globales de biodiversidad establecidos para 2020. Necesitamos mucha más ambición y un mayor compromiso para cumplir con los objetivos medibles y los medios de implementación, en particular los mecanismos financieros y de seguimiento.

Esto significa más y mayores áreas de conservación gestionadas de forma eficaz, de modo que se pueda detener nuestro asalto a las especies y los ecosistemas; agricultura y pesca positivas para la biodiversidad, reduciendo la sobreexplotación y destrucción del mundo natural; eliminar gradualmente los subsidios negativos, que destruyen suelos saludables, contaminan el agua y nos llevan a pescar en océanos vacíos.

Debemos pasar de la minería de recursos extractivos insostenible y negativa a la naturaleza, a patrones de consumo sostenibles más amplios.

También en 2021, los países celebrarán la Conferencia Oceánica para proteger y promover la salud de los entornos marinos del mundo.

La sobrepesca debe cesar; la contaminación por residuos químicos y sólidos, en particular plásticos, debe reducirse drásticamente; las reservas marinas deben aumentar significativamente, y las zonas costeras necesitan una mayor protección.

La economía azul ofrece un potencial notable. Los bienes y servicios del océano ya generan 2.5 billones de dólares anuales y contribuyen con más de 31 millones de empleos directos, hasta que estalló la pandemia.

Se necesita una acción urgente mundial para cosechar estos beneficios y proteger los mares y océanos del mundo de las muchas presiones que enfrentan.

La conferencia mundial de 2021 sobre transporte sostenible en Beijing también debe fortalecer este sector, al tiempo que aborda su huella ambiental negativa.

La Cumbre de Sistemas Alimentarios debe tener como objetivo transformar la producción y el consumo de alimentos a nivel mundial. Los sistemas alimentarios son una de las principales razones por las que no nos mantenemos dentro de los límites ecológicos del planeta.

A principios de 2021 lanzaremos el Decenio de las Naciones Unidas para la Restauración de Ecosistemas centrado en prevenir, detener y revertir la degradación de los bosques, la tierra y otros ecosistemas en todo el mundo.

El Decenio es un grito de guerra para todos los que quieren abordar las crisis gemelas de la pérdida de biodiversidad y el cambio climático con acciones prácticas.

La Conferencia Internacional sobre Gestión de Productos Químicos establecerá un marco sobre productos químicos y desechos. Según la Organización Mundial de la Salud, la gestión racional de los productos químicos podría prevenir al menos 1.6 millones de muertes al año.

El 2021 también será fundamental para hacer avanzar la Nueva Agenda Urbana. Las ciudades del mundo son el frente fundamental del desarrollo sostenible: vulnerables a los desastres, pero vectores de innovación y dinamismo. Recordemos que más del 50 por ciento de la humanidad ya vive en ciudades, y esta cifra alcanzará casi el 70 por ciento en 2050.


DETENER EL SAQUEO E INICIAR LA CURACIÓN EN 2021

El próximo año es una gran oportunidad para detener el saqueo y comenzar la curación. Uno de nuestros mejores aliados es la propia naturaleza.

Reducir drásticamente la deforestación y restaurar los bosques y otros ecosistemas es la mayor oportunidad basada en la naturaleza para mitigar el clima. De hecho, las soluciones basadas en la naturaleza podrían proporcionar un tercio de las reducciones netas de las emisiones de gases de efecto invernadero necesarias para cumplir los objetivos del Acuerdo de París.

El Foro Económico Mundial ha estimado que las oportunidades comerciales en la naturaleza podrían crear 191 millones de empleos para 2030; sólo la Gran Muralla Verde de África ha creado 335 mil puestos de trabajo.

El conocimiento indígena, destilado durante milenios de contacto cercano y directo con la naturaleza, puede ayudar a señalar el camino. Los pueblos indígenas representan menos del 6 por ciento de la población mundial y, sin embargo, son administradores del 80 por ciento de la diversidad biológica del mundo.

Dado que los pueblos indígenas viven en tierras que se encuentran entre las más vulnerables al cambio climático y la degradación ambiental, es hora de escuchar sus voces, recompensar sus conocimientos y respetar sus derechos.


FUNDAMENTAL, EL PAPEL DE LAS MUJERES

Reconozcamos también el papel central de la mujer: los impactos del cambio climático y la degradación ambiental recaen más sobre las mujeres, que conforman el 80 por ciento de los desplazados por el cambio climático.

Pero las mujeres son también la columna vertebral de la agricultura y administradoras clave de los recursos naturales. Son las principales defensoras de los derechos humanos ambientales en el mundo, y la representación de las mujeres en los parlamentos nacionales se ha vinculado directamente a la firma de acuerdos de acción climática.

A medida que la humanidad diseña estrategias para la gobernanza de los recursos naturales, la preservación del medio ambiente y la construcción de una economía verde, necesitamos más mujeres en la mesa de decisión.

He detallado una emergencia, pero también veo esperanza. Veo una historia de avances que muestran lo que se puede hacer, desde rescatar la capa de ozono hasta reducir las tasas de extinción y expandir las áreas protegidas.

Muchas ciudades se vuelven más verdes. La economía circular reduce los residuos. Las leyes ambientales tienen un alcance creciente. Al menos 155 Estados Miembros de las Naciones Unidas reconocen ahora legalmente que un medio ambiente saludable es un derecho humano básico.

Un mundo nuevo está tomando forma, en el que cada vez más personas reconocen los límites de criterios convencionales como el Producto Interno Bruto, en el que las actividades que dañan el medio ambiente cuentan como aspectos económicos positivos.

Las mentalidades están cambiando; cada vez más personas comprenden la necesidad de tomar sus propias decisiones diarias para reducir su huella de carbono y respetar los límites planetarios.

Y vemos olas inspiradoras de movilización social por parte de los jóvenes: desde protestas en las calles hasta incidencia en línea… desde la educación en el aula hasta la participación comunitaria… desde las cabinas de votación hasta los lugares de trabajo…

Los jóvenes están presionando a sus mayores para que hagan lo correcto.

Este es el momento de la verdad para las personas y el planeta por igual. La COVID-19 y el clima nos han llevado a un umbral y no podemos volver a la vieja normalidad de la desigualdad, la injusticia y el dominio descuidado sobre la Tierra.

Debemos avanzar hacia un camino más seguro, sostenible y equitativo. Tenemos un plan: la Agenda 2030, los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París sobre cambio climático.

La puerta está abierta; las soluciones están ahí. Ha llegado el momento de transformar la relación de la humanidad con el mundo natural y entre sí. Y debemos hacerlo juntos.

La solidaridad es humanidad. La solidaridad es supervivencia.

Esa es la lección de 2020.

Con el mundo en desunión y confusión tratando de contener la pandemia, aprendamos la lección y cambiemos el rumbo para el período crucial que se avecina.

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