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Normalidad excepcional o nueva realidad

Distópias y ucronías


María del Pilar Hernández

Investigadora Titular

Instituto de Investigaciones Jurídicas/UNAM

1. Lo habitual no es natural

Bertolt Brecht escribió “No. No aceptes lo habitual como cosa natural. Porque en tiempos de desorden, de confusión organizada, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural. Nada debe parecer imposible de cambiar”.

El año 2020 se marca por dos eventos significativos: primero, el ingreso a una nueva realidad y, segundo, la incuestionable normalización de las medidas de excepción bautizadas como “la nueva normalidad”.

¿Qué es, cuál es el contexto o qué entienden los gobiernos y los mass media por esa nueva normalidad? Eufemismo.

Las condiciones de toda índole en la nueva realidad son contundentes: pobreza, desigualdad, desempleo, crisis económica, regresión de los derechos económicos, sociales y culturales; además, la necesaria redimensión de las disciplinas jurídicas y las reglas del derecho objetivo. Sí, habrá que replantear, construir y recuperar los ordenamientos jurídicos, sus principios y sus valores con seriedad, sin ocurrencias ni complacencias.


2. La ficción distópica y ucrónica deviene realidad

En 1879, Julio Verne escribe Los quinientos millones de la Begun; en 1820, Yevgueni Ivánovich Zamiátin publica su novela Nosotros (título original en ruso: Мы); inicia en pleno siglo XX la literatura distópica, pero, para quien escribe estas líneas, inopinadamente, ucrónica.

Mientras Verne construye una narrativa en torno la existencia de dos ciudades Estado, hoy estados nacionales, la France-Ville y la Stahlstad, aquella, guiada por dos afanes, primero, la prolongación de la vida, y, segundo, la ciencia y la tecnología al servicio de la generación de comodidades de sus ciudadanos, la Stahlstad, erigida como una ciudad impenetrable, gobernada por un cuasi Hitler, prusiano, racista, cuyo objetivo principal es el desarrollo de armas de altísima potencia puestas a y en las manos de cualquier país dispuesto a pagarlas.

Por su parte Zamianti revela, a través de la ciudad de cristal y acero del Estado Único, separada por un muro del mundo salvaje, una vida que transcurre sometida a la inflexible autoridad del “Bienhechor”: los hombres-número trabajan con horarios fijos, siempre a la vista de todos, sin vida privada: el “yo” ha dejado lugar al “nosotros”.

Ambos textos se funden en un solo argumento, como escribiera Orwell: “Es esta comprensión intuitiva del lado irracional del totalitarismo -el sacrificio humano, la crueldad como un fin en sí mismo, la adoración de un Líder a quien se le atribuyen atributos divinos o a la ciencia y tecnología-“. Ambas narrativas ponen en claro que la inconformidad, la rebelión, el vandalismo, la enfermedad y la pobreza no son parte de la ficción… son realidad. La lucha constante del espíritu humano primitivo contra un mundo racionalizado, mecanizado y sin dolor.

3. Desescalada, desconfinamiento, reactivación ¿y la recesión?

Varios países europeos han puesto en operación la reactivación, gradual y planificada de sus economías y de los recursos humanos que en ella participan: tantean, auscultan, miden… Miden sus nuevas realidades que, previamente delineadas en políticas públicas, son susceptibles de corrección ante: nuevos brotes epidémicos del COVID-19 u otros virus, contagios, infraestructura sanitaria, avances científicos en la generación de la vacuna y, ante todo, el multidimensional, transversal e interdependiente impacto que el vector pandemia generó en el vector economía: recesión mundial.

En esta desescalada, México transita entre la discordancia y la disonancia, se aplana o no se aplana la curva, la numeralia es objetiva/subjetiva; militarización de la seguridad; extinción de los fondos y fideicomisos de apoyo a actividades culturales científicas y de investigación; fin de las enérgicas limpias y a morir al compás de espera de la contaminación, total somos 127 millones; despidos injustificados en la administración pública federal; impuestos sobre mascotas bajo el argumento de la solidaridad con los desposeídos actuales (¿y los que vienen?); desempleo (la cifra a mayo es de 1.98 millones); enfermedad, marginación, discriminación, censura, hombres y mujeres número… ¿Y la recesión? Aquí no hay opción entre la France-Ville o la Stahlstad: es el Estado único.

4. La nueva realidad

La pandemia dejó en claro un hecho incontrovertible: ningún gobierno nacional ni subnacional contaba con normas suficientes o previsoras de regulación del evento sanitario mismo ni, mucho menos, del efecto multidimensional, transversal, interdependiente y de amplio espectro que se generaría a partir de su incidencia en la economía mundial.

Es de recordar que las alertas en torno a la afectación de los derechos a causa de la pandemia y por el actuar de los gobiernos provinieron, primero, de diversos organismos internacionales que emitieron sendas resoluciones que clarificaban a los gobiernos nacionales de las consecuencias de las medidas adoptadas y, sobre todo, de incurrir en actos de exceso o desviación de poder; los focos rojos se activaron ante las evidentes manifestaciones expresas, y otras aparentemente subrepticias, propias de las autocracias, de los gobiernos populistas exentos de ideología, pero prestos en los “liderazgos” que continúan optimizando la coyuntura, como anillo al dedo.

El FMI, el BM y los países del G-20 continúan poniendo las alarmas respecto de la recesión, más cruenta que la de 1932 o la de 2008-2009, planteando la necesidad de diseñar políticas solidarias con los países deudores, particularmente los emergentes.

Al mismo tiempo, el diseño por parte de los gobiernos de políticas fiscales y monetarias capaces de apoyar la provisión directa de recursos en rescate de los trabajadores y los hogares, la provisión de seguros de salud y de desempleo, el aumento de la protección social y el apoyo a las empresas para evitar las quiebras y las pérdidas masivas de puestos de trabajo.

En enero de este 2020, el FMI preveía que el crecimiento del ingreso mundial fuese del 3 por ciento. Según los pronósticos actuales, éste se reducirá en un 3 por ciento, una caída peor a la registrada en la gran recesión de 2008-09. Estas cifras nefastas ocultan una posibilidad todavía peor: si nos dejamos guiar por las pandemias anteriores, el precio que pagarán los segmentos más pobres y vulnerables de la sociedad será mucho mayor.


5. El derecho y los derechos en el iter post-COVID-19: un primer acercamiento

Cuáles son las consecuencias jurídicas post-COVID-19:

Primero.- Las disciplinas jurídicas y el derecho objetivo en sí exigen su redimensión: ya en sus ajustes, ya en la generación de nuevas reglas y principios.

Por lo que hace al derecho objetivo que, dependiendo de la rama del derecho de que se trate, desde ahora serán sometidas a una revisión puntual, desde el derecho constitucional, pasando por el económico, del trabajo, empresarial, hasta llegar a los que regulan las relaciones de índole civil, mercantil y familiar.

Segundo.- La afectación a los derechos humanos, en su ejercicio y tutela, considero, su lesión es multidimensional, transversal e interdependiente. Líneas arriba he asentado que el vector pandemia alcanzó a otro determinante, la economía, que impone una realidad distópica (agravada por completo), a partir de la desescalada, el desconfinamiento o la reactivación de las actividades de toda índole que, reitero, inconmensurable en sus incidencias aún desconocidas.

Por lo que hace a los derechos civiles y políticos:

Derecho de la y a la propiedad, los contratos, en general, habrán de sujetarse a serias modificaciones, trátese de suministro, arrendamiento, compraventa o crédito.

Hasta ahora, excepto México, los gobiernos no han planeado afectar el patrimonio de las personas en lo individual o colectivo.

Derecho de la y a la libertad ha quedado lesionado, trátese del confinamiento voluntario u obligatorio, desde la declaración de alarma o emergencia que ordenó la restricción al derecho de libre tránsito, de reunión y de expresión, particularmente en aquellas latitudes donde se decretaron toques de queda.

Su afectación se agrava en los países orientales, en virtud de la implementación de mecanismos digitales (celulares o cámaras) de seguimiento para el monitoreo de eventuales contagios y propagación; tales medidas traen consigo la lesión a otros derechos como el de la intimidad y la libertad de expresión.

Igualdad, la gran crisis post-pandemia abre la brecha de la desigualdad. Los Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales (DESCA) en general, serán severamente afectados y su regresión es inevitable. Si no hay disponibilidad de dinero público no hay salud, educación, seguridad social, pero ¡cuidado!, las medidas emitidas en el contexto de la emergencia para afectar la propiedad o los impuestos sobre impuestos, lo llamen como deseen, es arbitrariedad y confiscación.

Y ¿qué decir de los derechos a la vida y a la salud? Comparten una doble naturaleza en tanto subjetivos y colectivos. En relación a este carácter, diré que el riesgo se mantiene de cara a la ausencia de recursos sanitarios suficientes, vacunas y, en el caso de México, de pruebas que permitan dar certeza de personas inmunes o contagiadas que mantienen el riesgo de nuevos brotes.

La situación se ve agravada por el cierre de los servicios de inmunización que dejaron de proveer los servicios de seguridad social y el INSABI a partir de marzo. Me refiero a la vacunación para prevenir enfermedades como el sarampión y la poliomielitis. Desde el 1 de enero de 2019 al 24 de enero de 2020 se notificaron 20 mil 430 casos confirmados y 19 defunciones en 14 países del continente americano. En nuestro país los casos de enero a mayo llegan a 200.

Las consecuencias colaterales a la salud, como en otros casos, aún no son medibles. Las secuelas emocionales, psicológicas, orgánicas, se están presentando paulatinamente. Una afectación que, además, ha puesto en evidencia dos enfermedades endémicas: corrupción y violencia de género.

Derecho del y al trabajo: conforme al Coneval, hasta 10.7 millones de personas podrían caer en pobreza laboral al cierre del segundo trimestre de 2020 ante la crisis sanitaria generada por el coronavirus y sus potenciales consecuencias económicas, lo que significa un riesgo para la profundización de la pobreza y la desigualdad que afecta, indiscutiblemente, a los más vulnerables (niñez, personas adultas mayores, actividades de la economía informal, personas con diversos tipos de discapacidades, pueblos originarios y afromexicanos), sobre todo en ausencia de políticas públicas orientadas a esta población, amén de la afectación a las condiciones de vida de los grupos de ingreso medio que enfrenten condiciones de pobreza.

Las condiciones de trabajo asumidas en los contratos individuales o colectivos son materia digna de atención. La nueva realidad evidencia nuevas modalidades ya puestas a prueba en el confinamiento: el trabajo desde casa determina la asunción de un nuevo tipo de remuneración por los gastos que la empresa o institución deja de pagar de luz, agua, internet, riesgos de trabajo; específicamente, los de la salud.

Aunado a lo anterior, la puesta en operación en todas las latitudes de la robótica generará una mayor cantidad de desempleo.

Pero las afectaciones que el desempleo, al cual están destinados miles de seres humanos en el mundo, se maximiza, tratándose de países como el nuestro, en donde la situación de pauperización se verá agravada.

El derecho de la y a la educación son derechos que desde ya requieren de los ajustes necesarios; las nuevas modalidades de educación en plataforma traen consigo consecuencias inéditas estructurales e institucionales; van desde las afectaciones a los educandos como al personal docente de todos los niveles; nuevamente la interdependencia: educación-salud-trabajo.

Finalmente, desde el acceso a la jurisdicción y la tutela de los derechos, exige procedimientos más expeditos y menos novelados como los juicios orales, de no operar con celeridad, entraremos al campo simple y llano de la denegación de justicia o la justicia selectiva.

Como escribiera Brecht en 1930: La excepción y la regla: “No. No aceptes lo habitual como cosa natural. Porque en tiempos de desorden, de confusión organizada, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural. Nada debe parecer imposible de cambiar”.

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