• Ambiental News-Miguel Á.

Por un desarrollo económico sustentable en pro de las energías renovables


Los procesos de sustentabilidad entre lo económico y lo social que puedan contribuir al cambio ambiental son aún endebles, de ahí que la escala y complejidad de la gestión de los recursos naturales y la aceleración del crecimiento industrial generen preguntas, preocupaciones y pocas respuestas respecto a la vinculación entre las nefastas prácticas humanas y la resistencia de los ecosistemas.

En este escenario se hace evidente que los sistemas económicos tienen una poderosa injerencia sobre todos los ámbitos humanos. Así es viable reconocer tres subsistemas fundamentales 1) el biofísico (biodiversidad, agua, suelo, atmósfera) y el edificado (infraestructura, viviendas, industrias y otros) para el desarrollo de las actividades de la humanidad; 2) el político-institucional (que abarca a los gobiernos, las ONG’s, los organismos internacionales, entre otros) que son las instancias de gestión y de toma de decisiones y 3) el socioeconómico, que contempla la diversidad de procesos de flujo de materiales, energía e información.

Así, por ejemplo, el concepto marxista entiende a la economía como las relaciones sociales y materiales de producción y centra su análisis en las leyes que rigen tales procesos; la escuela marginalista del pensamiento neoclásico, la concibe como la ciencia que estudia la conducta humana a consecuencia de la relación entre fines y medios limitados que tienen usos alternativos, y la escuela sustantivista, a su vez, tiene una visión de la economía como un transcurso institucionalizado, remitiendo a la relación entre el hombre y su entorno natural y social para satisfacer sus necesidades a través de distintos tipos de instituciones y prácticas que las sociedades generan.

Para ponerlo desde una perspectiva amplia, es posible señalar que el objeto de estudio de la ciencia económica está formado por procesos orientados a complacer un sinnúmero de inútiles «necesidades» humanas, que sin pecar de inocencia, cada propuesta económica propone sus singulares opciones basándose en marcos teóricos que en profusas ocasiones resultan antagónicos y hasta irresponsables.

Tan singulares discrepancias implican no sólo una comprensión divergente de los sistemas económicos, sino además de los atributos destacados en temas ecológicos y de salud que dan lugar a distintos métodos de intervención y de gestión que impactan profundamente en la construcción de las sociedades, en las relaciones personales y sociales, así como en el estado de bienestar o de equilibrio de los entornos naturales.

Sin ir tan lejos, tenemos en la pandemia de la COVID-19 —que ha desencadenado tremenda crisis sanitaria, humanitaria, social y económica sin parangón— un terrible escenario que requieren urgentes respuestas orientadas en combatir tan abrumadora causalidad, pero ¿cómo puede ser esto posible? si en temas de pobreza, alimentación, seguridad, corrupción, guerras, explotación de recursos naturales, justicia y un largo etcétera, no hemos sido capaces de fortalecer la sostenibilidad, así como de reforzar la resiliencia, a la vez de mejorar la salud y el bienestar de todo ser viviente.

Según un nuevo estudio de la agencia de la ONU para el medio ambiente, la caída de los precios del petróleo representan una oportunidad para lograr una recuperación más verde pos-COVID-19. La tendencia hacia las energías renovables continúa en aumento y se necesita más impulso para reducir emisiones y alcanzar los objetivos del Acuerdo de París. Y al margen de su diferentes naturalezas, las crisis de la COVID-19 y de la biósfera demandan la atención de los responsables de las políticas gubernamentales, ya que ambas circunstancias demuestran la necesidad de disminuir la peligrosa tendencia climática, cambiar el suministro de energía en nuestro planeta hacia las energías verdes y garantizar propicias condiciones para la salud de la gente. En ese sentido, las energías renovables se han convertido en las tecnologías más atractivas para la inversión en todas las regiones del mundo. Una potente combinación de tendencias, tanto en el lado de la oferta como en el de la demanda, lo que contribuye a que compitan en bien de todos con las fuentes de energía convencionales.

Buena parte de la población mundial vive en ciudades en expansión, algunas de las cuales han adoptado un enfoque inteligente y proactivo para la gestión de sus infraestructuras a través de tecnologías asociadas a sensores conectados y la analítica de datos. El enfoque de estas «ciudades inteligentes» consiste en mejorar la calidad de vida, la competitividad y la sostenibilidad que contribuyen a la descontaminación, la descarbonización y la capacidad para adaptarse con resultados positivos frente a situaciones adversas, a la par que garantizan una movilidad limpia basada en la electricidad, el empoderamiento económico y el crecimiento social.

Los gobiernos y los ciudadanos debemos entender que las energías renovables aprovechan esta confluencia mediante la transformación de sus infraestructuras existentes y edificando desde cero teniendo en cuenta tan beneficiosas técnicas de urbanización. Al final de lo que se trata es de fomentar los valores que dan sentido a una convivencia en sustentabilidad y con respeto a los derechos humanos y ambientales.

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