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Por una sólida interacción entre riqueza natural y cultural


Por: Fernando Silva


El espinoso vínculo entre preservación de la biodiversidad y la prosperidad de la humanidad se ha hecho aún más visible con la pandemia de la COVID-19, por lo que se activa, con urgencia, el brindar estabilidad a los ecosistemas y culturizarnos con espléndidas erudiciones, ya que las tasas de extinción de las especies —incluyendo a la humana— son alarmantes, y las buenas intenciones por mejorar tal degradación por parte de las sociedades, empresas y gobiernos, aunque ocurren, son poco frecuentes, por lo que las lagunas políticas clave que pueden ser entendidas para frenar la pérdida de las múltiples formas de vida requieren de que se instrumenten reflexionadas reglas de información, divulgación, incentivos y financiamiento, para evitar el lamentable operar de un sobrepasado anacronismo que nos tiene a todos al borde de un caos que puede llegar a ser letal.

De acuerdo con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) debemos lograr para el 2030 un equilibrio armonioso entre la integridad ecológica y una prosperidad compartida en respeto y justicia, destinadas a la producción dentro de los límites que la naturaleza pueda mantener sin afectar su armonía, pero ¿cómo es posible un desarrollo sostenible y económicamente viable, respetando a los ecosistemas y reconociendo sus derechos? y ¿qué cambios se requieren para mantener a las regiones naturales y su biogeografía, al mismo tiempo que se proporciona seguridad alimentaria a millones de personas en el planeta? En esta dirección, la agrobiodiversidad nos puede ofrecer una ruta de conocimiento para los sistemas alimentarios resistentes al cambio climático, haciendo una planificación del uso del territorio para que el proceso de estabilidad sea posible y sostenible.

Por lo anterior, el crecimiento de los espacios urbanos debe hacerse en armonía con el medio ambiente, por lo que se deberían establecer hábitats verdes, propicios para la biodiversidad, resistentes al clima y saludables, en consecuencia, en bien de una mayor calidad general de vida y con una menor presencia de elementos químicos como el carbono; soluciones basadas en la naturaleza para ciudades superpobladas y sobrecalentadas, permitiendo la capacidad para adaptarse con resultados positivos frente a situaciones adversas que generan el calentamiento global como los contaminantes químicos, la deforestación, la generación excesiva de residuos, acidificación y contaminación del agua….

Obviamente, las actividades económicas como la agricultura, la pesca, la silvicultura seguirán operando de manera irregular hasta que se reglamente en defensa de los entornos naturales y respetando los derechos, la gobernanza, las normas, en bien de mejores prácticas —que todos deberíamos de promover— para preservar las zonas protegidas y conservadas, considerando al mismo tiempo el patrimonio cultural tangible e intangible, así como los usos de conocimientos tradicionales. También, colaborando con todas las partes interesadas para lograr un equilibrio óptimo, creíble y legítimo entre la extracción, el consumo y la conservación de recursos naturales, además de exigir la rendición de cuentas en estos sectores para que las industrias irresponsables reparen los daños en donde los hayan producido.

El principal desafío consiste en elevar la producción de alimentos para satisfacer la progresiva demanda de la humanidad; fortalecer la bioenergía y disminuir el consumo de cárnicos que, en su producción, demandan extensas áreas de tierra y elevados costos en la elaboración de pienso, manteniendo al mismo tiempo la salud de la biodiversidad y reduciendo la presión sobre los recursos naturales y los ecosistemas.

La Organización de las Naciones Unidas de la Alimentación y la Agricultura (ONUAA) o más conocida como FAO Food and Agriculture Organization, tiene amplia experiencia en el trabajo en pos de su objetivo de erradicar la pobreza y el hambre promoviendo el desarrollo agrícola sostenible, la conservación y uso razonable de la biodiversidad para la alimentación y la agricultura. En 1945, se celebró la primera sesión de la Conferencia de la FAO, en donde se reconoció la necesidad de introducir medidas de conservación para la pesca, dado que la escasez de alimentos en Europa y otros lugares tras la Segunda Guerra Mundial había estimulado entre otros aspectos la sobrepesca. Por lo que las políticas que rigen actualmente los sectores agrícolas, el uso de los recursos naturales, la protección y conservación de las especies, los hábitats y la biodiversidad en peligro, deben alinearse para proteger mejor el medio ambiente y reducir la desastrosa huella ecológica que va dejando la infausta agricultura, silvicultura y pesca.

Con fundamentos solidarios en bien de los esfuerzos por erradicar el hambre y proteger a la biodiversidad, buena cantidad de creadores de las bellas artes manifestamos con nuestro trabajo alta preocupación por la pobreza en el mundo, las injusticias sociales y el medio ambiente, interactuando con la naturaleza para concienciar a los diversos públicos sobre las grandes catástrofes que ha suscitado la cultura del consumismo. En ese sentido, observamos la rapidez que demanda el gusto por el instante y el ostensible ensimismamiento por decisiones cortoplacistas y vacías de toda responsabilidad social, cívica, ecológica, moral y ética. Incluso en numerosas relaciones afectivas, la gente se entrega a aquello que le parece «atractivo» sin brindar el tiempo necesario para conocer a fondo a las personas con las que interactúa.

Hasta cierto punto y más allá de su magnitud física para ordenar los sucesos, el tiempo tiene una dimensión cultural. Y quizá la noción que mucha gente tiene de la inmediatez y la satisfacción de necesidades efímeras, responde a ese llamado artificial que, consecuentemente, los distancia de los ritmos que rigen al universo del que somos parte.

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