• Ambiental News-Miguel Á.

Provocará nuevas pandemias la presión humana sobre el planeta


+ Las presiones planetarias impuestas por la actividad humana en México generan

pérdidas de 5.9% en el desarrollo alcanzado, al pasar de 0.779 a 0.733


La pandemia de la COVID-19 es la crisis más reciente que ha enfrentado el mundo, pero no será la última a menos que los humanos moderen las presiones que ejercen sobre el planeta, señala el informe recién publicado del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Con un nuevo índice experimental sobre desarrollo humano, que integra las emisiones de dióxido de carbono y la huella material de los países (una medida de la extracción de materias primas en el mundo para cubrir la demanda nacional), el documento indica:

El poder de los humanos sobre el planeta no tiene precedentes. Frente a la COVID-19, temperaturas que rompen registros históricos y una desigualdad que se reproduce, ha llegado la hora de utilizar ese poder para redefinir lo que se entiende como progreso, de manera que nuestras huellas de carbono y de consumo dejen de permanecer ocultas”.

Achim Steiner, administrador del PNUD, explica que la edición del 30 aniversario del Informe sobre Desarrollo Humano, “La próxima frontera: desarrollo humano y el Antropoceno”, considera que las personas y el planeta estamos entrando en una era geológica completamente nueva, el Antropoceno o era de los seres humanos.

En este contexto, los autores afirman ha llegado la hora de que todos los países, ricos y pobres, rediseñen sus trayectorias de progreso asumiendo de manera plena, el estrés que ejercemos sobre la Tierra, y desmantelar los enormes desequilibrios de poder y de oportunidades que impiden el cambio.

El informe introduce una variante experimental del Índice de Desarrollo Humano (IDH). Al ajustar el IDH, que mide la salud, la educación y el nivel de vida de los países, para incorporar otros dos elementos -las emisiones de dióxido de carbono y la huella material de los países-.

El nuevo índice ilustra la transformación que podría darse en el ámbito del desarrollo, si tanto el bienestar de las personas como la integridad del planeta fueran considerados de manera conjunta como piedras angulares de la definición de progreso humano.

El Informe presenta a los líderes mundiales una cruda realidad: “señala la urgencia de hacer una transformación sistémica que nos ayude a repensar cómo nos relacionamos los humanos con el planeta, y a cambiar las normas sociales y los sistemas de gobernanza para crear sociedades productivas, inclusivas y resilientes que trabajen de la mano de la naturaleza”, añadió Luis-Felipe López-Calva, director regional del PNUD para América Latina y el Caribe.

El Índice de Desarrollo Humano ajustado por presiones planetarias (PHDI, por sus siglas en inglés) muestra un nuevo panorama mundial, con una perspectiva menos idílica y más sincera sobre el progreso humano.

Más de 50 países abandonan el grupo de desarrollo humano muy alto, como reflejo de su dependencia de los combustibles fósiles y su huella material; países como Costa Rica, Moldavia y Panamá suben al menos 30 puestos, mostrando que es posible reducir la presión sobre el planeta.

Nuevas estimaciones prevén que en el año 2100 los países más pobres del mundo podrían experimentar hasta 100 días anuales más de clima extremo debido al cambio climático, cifra que podría rebajarse a la mitad de implementarse plenamente el Acuerdo de París.

A pesar de esto, se siguen subsidiando los combustibles fósiles: según datos del FMI mencionados en el Informe, se calcula que el costo total para las sociedades derivado de subsidios públicos a los combustibles fósiles -incluidos los costos indirectos- supera los 5 billones de dólares anuales, lo cual equivale al 6.5 por ciento del PIB mundial.

En cambio, las medidas relacionadas con la reforestación y la mejora del cuidado de los bosques podrían cubrir, por sí solas, aproximadamente la cuarta parte de las acciones necesarias antes de 2030 para evitar un aumento global de temperaturas de 2 grados Celsius respecto a niveles preindustriales.

La próxima frontera del desarrollo humano no debe entenderse como un dilema entre personas y el medioambiente, sino reconocer que, hoy, el progreso humano sostenido por un crecimiento desigual y basado en el carbono es un ciclo completamente agotado”, señaló Pedro Conceição, director de la Oficina del Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD.

El Informe muestra que las desigualdades entre países y dentro de ellos, con sus profundas raíces en el colonialismo y el racismo, derivan en que las personas que más tienen capturan los beneficios de la naturaleza y exportan los costos, lo que ahoga las oportunidades para las personas que tienen menos y limita drásticamente su capacidad de actuar.


IDH de México, con retos ante desigualdades y presiones planetarias

En el caso de México, se observan mejoras en el desarrollo de capacidades medidas con el IDH, que lo colocan como un país de desarrollo humano alto, pues para 2019 el IDH del país fue de 0.779, en la posición 74 de 189 países.

Sin embargo, las nuevas metodologías permiten observar que el progreso no ha sido homogéneo entre la población y que ha tenido efectos negativos en el planeta. Las pérdidas en desarrollo humano debido a las desigualdades equivalen al 21.3 por ciento, cifra superior en 3.4 por ciento al promedio de países de IDH alto. Por otro lado, las presiones planetarias impuestas por la actividad humana en México generan pérdidas en el desarrollo alcanzado de un 5.9 por ciento, pasando de 0.779 a 0.733.

Aunque el Informe 2020 no incorpora información referente al impacto de la COVID-19 en los países, se anticipa que todos los rubros relacionados con el desarrollo humano se vean afectados y se genere un retroceso de décadas, lo que requerirá medidas decididas para recuperar el desarrollo de capacidades de la población, para reducir las presiones sobre el planeta y para combatir las desigualdades persistentes.

El Informe añade que estas desigualdades podrían abordarse con actuaciones desde el sector público, y ofrece ejemplos que van desde la aplicación de regímenes fiscales más progresivos hasta la protección de las comunidades costeras a través de mecanismos de inversión preventiva y aseguramiento, medidas que podrían llegar a proteger a 840 millones de habitantes en las regiones costeras de todo el mundo.

Sin embargo, es preciso que los esfuerzos se realicen de manera concertada a fin de garantizar que las medidas que se tomen no contribuyan aún más al enfrentamiento de las personas con el planeta.

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