• Ambiental News-Miguel Á.

Sólo para adultos


¡Qué Hay de Nuevo… Viejo!


+ Recordar es vivir


De repente me doy cuenta que Soledad ha querido entrar a mi casa. Sobre todo, quiere acompañarme en todo… O, más bien, todos los días me quiere colocar una venda simulada en los ojos, taparme los oídos y quitarme las fuerzas de mi cuerpo.

Por las mañanas me encuentro sin ganas, hasta que empiezo a escuchar el trinar de los pájaros. También se escucha un loro que grita, el cual me despierta. Al recorrer las cortinas de mi recamara entra el sol y se siente el calor. Tal vez por eso grita el loro. ¿Tendrá sed? Pero Soledad no quiere que yo vea o escuche todo lo que tengo a mi alrededor; quiere apoderarse de mí.

En los meses de este año 2020 no permiten visitas en la casa de retiro (asilo) en la que me encuentro, por las medidas sanitarias. Hace meses no veo a mis hijos… Tampoco a mis nietos. Soledad insiste en persuadirme para caer en la trampa de nostalgia, de la tristeza, de la desesperanza, sus aliadas para atraparme.

Pero no se lo he permitido. Mis sentidos deben estar alertas para vislumbrar cualquier engaño de Soledad. Por eso voy a pedir a mis hijos una planta, para cuidarla y que pase a mi lado el invierno que se avecina, y poder ver juntos la próxima primavera, con sus hojas nuevas. Esta planta será mi compañía.

En otoño veo cómo han caído poco a poco las hojas de los árboles, que dieron sombra a algunos en época de calor, cuando estaban frondosos. Las hojas que han caído han sido testigos del confinamiento, del encierro, del miedo, de las angustias del ser humano.

Soledad visitó muchas casas, donde la dejaron entrar y cayeron en su trampa. Los árboles estuvieron solos, sin gente por las calles. Los pájaros siguieron haciendo sus nidos, pero hubo animales que se atrevieron a salir porque no había gente en las calles. Ellos han tenido la suerte de seguir siendo libres.

También he visto llover, lo cual me hizo recordar cuando, jugando en la calle, no importaba el mojarse. Lo importante era estar con los amigos, en patines, en la bicicleta o jugando cualquier juego de aquellos tiempos. Hasta recordé la canción de Armando Manzanero: “Esta tarde vi llover, vi gente correr y no estabas tú”. ¡Ay, Soledad, vete! ¡No quiero compartir nada contigo! Déjame disfrutar mis propias vivencias, mis secretos íntimos, mis triunfos, mis conquistas, amorosas y laborales.

La música que escucho en la radio me anima mucho. Por eso no dejo que Soledad me tape los oídos. Cada canción tiene, para mí, su propia historia. Recuerdo que, caminando por San Juan de Letrán, hoy eje Central o Lázaro Cárdenas, llegaba al café “Super Leche”, (se cayó con el temblor de 1985), y sonaba “Bésame mucho”, de Consuelo Velázquez. La música es como un masaje para nuestra mente, pero también para el corazón.

También sonaba la canción “Naufragio”, cantada por Amparo Montes… Bueno, de esa mejor ni acordarse, que este naufragio se vaya con Soledad.

“Recordar es vivir” no es sólo una frase. Tiene sentido porque porque los recuerdos siempre te acompañarán. Resalta los buenos recuerdos; los malos, deja que se los lleve Soledad.

El buen humor es básico: una buena carcajada aleja a Soledad. Entonces no se acerca. Es el antídoto perfecto. “Recordar es Vivires como un mantra.

¿Por qué no escribir tus vivencias, tus anécdotas, los secretos que sólo tú sabes? ¿No te parece que ya es tiempo de darlas a conocer? Tal vez para tí eran secretas, pero ¿cuánto tiempo las vas a guardar? ¡Atrévete y dalas a conocer!

Ya ves, la vida no tiene palabra de honor. Ese secreto publicado puede dar alivio y paz a la conciencia. Es como las recetas de cocina: hay personas que no las comparten y se las llevan a la tumba. No sé para qué.

Es importante dar y recibir, para sentirte participativo. Soledad, te digo, quiere estar en todo. Por eso es importante no permitir su permanencia voluntaria. Dile que no pertenece a tu vida.“Recordar es vivir”.

Soledad no se va a rendir y te va a ofrecer alcohol. Dile no, simplemente. Incluso dile no al gel con alcohol, que te puede resecar la piel, sobre todo ahora que el frío lastima la piel de los adultos. Lavarse las manos es la alternativa.

Al darte cuenta de cuántas cosas tienes a tu alrededor y ver el progreso de cada una de ellas, participas de la vida, sin necesidad de estar con muchas personas.

La radio, que siempre ha tenido una excelente penetración en los hogares, sigue vigente. De hecho, muchas veces decimos: ¡Ay, ya son las 12 y va a empezar el programa…! No dejes de escuchar tu música ni tus programas. Haz equipo con tu radio para sacar a Soledad de tu vida.

Ella quiere meter ruido negativo en tu cabeza, en tus sentimientos, en el corazón. No permitas que lo haga. Sigue viendo, oyendo y escribiendo lo que acontece a tu alrededor.

Los hijos y los nietos viven un momento difícil, con cubrebocas, con miedo, con incertidumbre… Tal vez ellos se sientan más solos, porque desconocen el presente y, más aún, el futuro.

quehaydenuevoviejo760@yahoo.com.mx

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