• Ambiental News-Miguel Á.

Sacrificarán los autos eléctricos a los desiertos


+ La minería de litio y cobre para abastecer el auge de las baterías y luchar contra el cambio climático destruyendo un frágil ecosistema en Chile


Santiago, Chile.- El desierto de Atacama, en el norte del país, está amenazado de muerte por la minería de litio y cobre para abastecer el suministro que requieren las baterías que usarán los autos eléctricos, en la carrera para combatir el cambio climático.


Atacama se ha vuelto uno de los distritos mineros más activos del planeta, tras los descubrimientos de depósitos masivos de cobre y litio. En los últimos años, Chile exportó casi mil millones de dólares de litio, cuadruplicando el valor de exportación de hace cuatro años.

La búsqueda de este mineral a menudo se ve como algo bueno para el medio ambiente, y los fabricantes de automóviles eléctricos quieren que sea más fácil y más barato para los conductores adoptar este reemplazo limpio para los vehículos de combustión interna.


Sin embargo, las baterías son la parte más cara de los autos eléctricos, por lo que extraer más litio ayuda a bajar los precios. Se considera que poner más autos eléctricos en circulación es una de las formas más poderosas de mitigar los efectos del cambio climático, reduciendo el 15.6 por ciento de las emisiones globales de carbono provenientes del transporte.


Extraer el litio de Atacama significa bombear grandes cantidades de agua y agitar el lodo salado, conocido como salmuera, y eso tiene un impacto irreversible en el medio ambiente local, ya que destruye un ecosistema frágil y agota las reservas de agua potable.


“Nos estamos engañando si llamamos a esto minería sostenible y verde”, afirma Cristina Dorador, una bióloga chilena que estudia la vida microbiana en el desierto de Atacama. “La fiebre del litio debería disminuir porque daña directamente las salinas, el ecosistema y las comunidades locales”.


Dorador estudia la vida microscópica que se encuentra en las lagunas, que se alimentan de embalses subterráneos y delgadas corrientes que descienden de las montañas. Durante milenios, esa agua ha depositado los codiciados minerales en el corazón del salar, pero también ha sido la clave para mantener la vida en un lugar tan hostil que los científicos lo usan para simular condiciones en Marte.


Las mineras también han estudiado el agua. La mina de cobre más grande del mundo, Escondida de BHP Group Ltd., bombea agua de los pozos en la parte sur del salar; también lo hace la operación de cobre Zaldivar de Antofagasta Plc. Los mineros de cobre usan agua en cada paso del proceso para convertir las rocas en una losa de 99.9 por ciento de mineral puro.


Las rocas ricas en cobre se trituran en un polvo que se mezcla con agua para fluir a través de tuberías gigantes, y luego se usa agua mezclada con productos químicos para separar el cobre de la lechada.


Sacar el litio necesita menos agua dulce, pero requiere bombear grandes cantidades de salmuera, rica en minerales, que se deja en grandes piscinas para que se evapore antes del procesamiento.


Los dos mineros de litio más grandes del mundo, Albemarle Corp. y Soc. Quimica y Minera de Chile, actualmente extraen salmuera del salar a niveles sin precedentes.

Las lluvias poco frecuentes de Atacama y la radiación solar más alta del mundo provocan una evaporación rápida y permiten a los mineros producir litio de alta calidad a bajo costo, pero ese método de minería da como resultado la pérdida de grandes cantidades de agua.


Los prados y lagunas en la parte sur del salar se han reducido en los últimos años, y la población de flamencos ha disminuido, según el Consejo Popular de Atacama, grupo que representa a las 18 comunidades indígenas que viven alrededor del salar. “Cada compañía tiene sus propios estudios, que cumplen totalmente con las reglas”, señala Francisco Moncada, coordinador de asuntos ambientales.


“El problema es que las reglas son débiles. El agua, la flora y la fauna se miden por separado, por lo que no sabemos cómo un cambio en uno impacta al otro”, por lo que el consejo estableció el mes pasado su primera estación de monitoreo en una laguna en el salar, que monitoreará continuamente los niveles de agua. Hay planes para construir 14 estaciones adicionales durante el próximo año.


Según Dorador, aproximadamente el 40 por ciento de las salinas de Chile ahora son exploradas en busca de litio, por lo que si la forma actual de minería continúa, existe el riesgo de que las salinas se queden sin agua.


Esta podría ser la ironía final de la revolución verde que estimula la demanda de vehículos eléctricos y baterías de litio. Los científicos han llegado a ver el frágil entorno de Atacama como clave para comprender los orígenes de la vida y los efectos del cambio climático. Hace millones de años, el salar era un lago que se secaba lentamente, un proceso similar a lo que podría suceder en otros lugares del planeta a medida que aumentan las temperaturas.


“Es una imagen de cómo se verán nuestros lagos en el futuro”, concluye Dorador. “Bombear agua de este ecosistema agonizante significa tomar su último aliento antes de que los científicos hayamos tenido la oportunidad de comprenderlo por completo”.

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