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"Serotonina", novela sobre TU depresión


“El ambiente era relajante, había gente

un poco como yo pero peor, en la medida en que tenían veinte o treinta años

más que yo y para ellos el veredicto ya había sido dictado, estaban derrotados,”


Por Omar Garfias

El nuevo trabajo de Michel Houellebecq, es un libro cruel, obsesivo, descuajado, errante, misógino y empapado de prejuicios, encabezado por un protagonista miserable pero honesto en el análisis de su decadencia y, por ello, desternillante a ratos y tierno cuando se descuida dice la crítica literaria Lorena Maldonado

“Cuando le hube resumido mi vida en los últimos tiempos, convino en que, en efecto, necesitaba realmente un tratamiento y me preguntó si albergaba ideas de suicidio. No, respondí, la muerte no me interesa. Reprimió una mueca de descontento, adoptó un tono cortante”

Michel Houellebecq es un escritor francés que con su literatura muestra el corazón de la vida actual.

En su más reciente novela, cuenta, usando la voz del protagonista, la cotidianidad de un usuario del Captorix, una pastilla antidepresiva que libera serotonina, pero que conlleva un efecto secundario, la disminución de la testosterona y la desaparición del apetito sexual.

“Nada establecía claramente la peligrosidad de los transgénicos, y los ecologistas radicales eran en su mayoría unos imbéciles ignorantes, pero nada establecía tampoco su inocuidad, y mis superiores en la empresa eran simplemente unos mentirosos patológicos.”

Michel Houellebecq (1958) es poeta, ensayista y novelista, «la primera star literaria desde Sartre», según se escribió en Le Nouvel Observateur. Su primera novela, Ampliación del campo de batalla(1994), ganó el Premio Flore. En1998 recibió el Premio Nacional Francés de las Letras.. Su segunda novela, Las partículas elementales obtuvo el Premio Novembre, Premio de los lectores de Les Inrockuptibles y mejor libro del año según la revista Lire). Houellebecq obtuvo el Premio Goncourt con El mapa y el territorio, que se tradujo en treinta y seis países, abordó el espinoso tema de la islamización de la sociedad europea en Sumisión y ha vuelto a levantar ampollas con Serotonina.

Houellebecq ha sido galardonado también con el prestigioso Premio IMPAC (2002), el Schopenhauer (2004) y, en España, el Leteo (2005)

“Dios es un guionista mediocre, casi cincuenta años de existencia me han llevado a formarme esta convicción, y más en general Dios es un mediocre, todo en su creación posee el sello de la aproximación y el fracaso, cuando no el de la maldad pura y simple, por supuesto que hay excepciones, por fuerza tiene que haberlas, la posibilidad de la dicha debería subsistir aunque solo fuese como cebo, bueno, pierdo el hilo, volvamos a mi tema, que soy yo, no es que sea especialmente interesante pero es mi tema.”

La escritura de Serotonina parece algo deslavazada, como si Houellebecq escribiera dejándose llevar, a la deriva de sí mismo, y que los temas que trata surgen, en algunos casos, de forma imprevista y sin que se hubieran insinuado de ningún modo antes. También es cierto que la voz narrativa de Houellebecq, de la que ya he hablado más arriba, tiende a repetirse y el lector de sus libros anteriores tiene aquí una sensación de discurso ya recibido. Además, es posible que Serotonina tenga menos tensión narrativa que casi todas las novelas de Houellebecq y la sensación es que la trama se mueve a trompicones. Pero también es cierto que el lector asiduo a Houllebecq se sumergirá en estas páginas con el gusto acostumbrado y que, para alguien que no haya leído nada de este autor, Serotonina podría ser una buena puerta de entrada, aunque en ningún caso sea una de sus mejores novelas (que para mí serían Las partículas elementales, El mapa y el territorio y Plataforma). Si mañana se publicase una nueva novela de Houellebecq la leería también. Para mí, Michel Houellebecq es el escritor actual que mejor está sabiendo reflejar la decadencia de la sociedad del bienestar europeo, una de las voces más imprescindibles del panorama literario actual. Sostiene el crítico David Pérez Vega

- “No hay internet -me dijo con una inquietud repentina-. Imagino que usted ya lo sabía, estoy casi seguro de que lo puse en el anuncio.

Le respondí que lo sabía, que me había hecho a la idea. Entonces vi pasar por sus ojos un breve destello de temor. No deben de faltar los depresivos que desean aislarse, pasar algunos meses en el bosque para «una introspección a solas», pero los que aceptan sin pestañear estar sin internet un tiempo indefinido es que están en las últimas, leí en su mirada nerviosa".

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