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Siete siglos de historia (segunda y última parte)


CULTURA IMPAR


Por José Manuel Rueda Smithers


Esta noche será terrible, será triste, ¡oh, muy triste! (…)

Cuentan que Cortés oyó sombríamente

las nuevas palabras de aquella

inteligente Malinche…”

Heriberto Frías, puso en voz de la Malinche,

esa lúcida traductora, el presagio de la historia.

(Revista Arqueología Mexicana)


A partir de algunos comentarios -todos más que bien aceptados e interesantes, negativos y positivos- que amables lectores me hicieron llegar, sale esta segunda parte sobre la idea del gobierno de la Ciudad de México para conmemorar hechos históricos, cambios de nombres en algunas avenidas importantes y hasta de un pasaje que tiene que ver con el Árbol de la Noche Triste.

Me pusieron a leer, ¡y vaya que se podrían redactar columnas y columnas llenas de la vida de este México nuestro tan lleno de historia, cultura y tradiciones! Y sí, definitivo, hasta lleno de equívocos. Ya saben, como dijo Sir Winston Churchill, “la historia que se aprende, es la que escriben los vencedores”.

Y todo sale a relucir porque la idea que Claudia Scheinbaum dio a conocer hace unos días, de celebrar los 700 años de la Cuidad de México, a decir de muchos intelectuales es una “ocurrencia” de quien fuera secretario de Cultura y ahora funge como secretario de Gobierno de la Ciudad, José Alfonso Suárez del Real. Igual y estaba en su papel cuando le vino a la mente eso de sacudirse a los conquistadores y alabar a los vencidos. Aunque su idea original era iniciar hasta 2024.

A ciencia cierta, no hay una fecha exacta que marque la fundación del enorme conglomerado urbano que es la capital de México. Hay quienes señalan que el dato más claro que refieren a la fundación de México-Tenochtitlan, es 2-Calli, que correspondería a 1325, a partir de escritos de expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Me dicen que la realidad sobre la discusión de los 700 años ha sido muy ríspida y ha causado enemistades entre gente del INAH, los inventados (no todos) de la CdMx; sí, casi todos los de la 4t, y muchos de los arqueólogos e historiadores más importantes de México. No incluyo en esto a un necio -experto sin duda, pero demagogo a más no poder- que está detrás de la idiotez de que el Rey de España pida perdón a México. Cumplo con señalarlo y agradezco a quien sabe de lo que se trata.

Y doy crédito a la Jefa de Gobierno en cuanto a Pedro de Alvarado, personaje real al que se le apodó Tonatiuh (por güero), ya que decir que fue un tipo cruel es bien poco. Pedro de Alvarado era un verdadero enfermo, sanguinario y asesino. La matanza del Templo Mayor en la fiesta de Toxcatl fue cuando no estaba Cortés; aunque se dice que la aprobó, muchos cronistas e historiadores cuentan que se enojó con él. Pero ya lo hecho, hecho estaba. Fue la causa de la salida en la Noche triste y la muerte de Moctezuma y otros 40 ó 50 rehenes.

Alvarado tuvo un mal fin. También su esposa y sus riquezas. En apenas unos meses no quedó nada. Él murió en el Mixtón el 4 de julio de 1541; la mujer, el 10 de septiembre de ese año, un día después de que fue nombrada gobernadora de Guatemala al enviudar. Ella murió cuando el Volcán de Agua deshizo Antigua, Guatemala.

Alvarado encontró justicia divina en Jalisco, muy cerca de Cañadas de Obregón -donde nació mi Padre- y con los indios de Temaca (ahora en pleitos serios con la CFE), cuando les hizo guerra y le cayó encima su cabalgadura, que lo partió en dos.

Y me robo un texto de otro de mis lectores: “Si hay que hacer memoria de Pedro de Alvarado es para recordar lo negro que puede ser el corazón de las tinieblas, ese corazón maldito que llevamos dentro. Hay un cuento de Borges que se llama La escritura del dios, sobre Tzinacán preso por Alvarado. La realidad es que ahorcó a Tzinacán y a otro jefe cakchiquel por puro gusto...”

Y en cuanto a esa calle, se llama en realidad Puente de Alvarado porque la leyenda indicaba que saltó y se salvó, en un hecho casi inaudito. Bernal Díaz escribió que esas eran puras mentiras. Cambiar el nombre a México - Tenochtitlan a la calle, parece totalmente inocuo. El de México-Tacuba tiene 500 años. También podría ser para Iztapalapa.

En fin, son de esas cosas que vivimos en todas las ciudades y todos los países, cuando el gobierno nuevo quiere borrar el pasado, nomás porque se vivió antes… Aunque no aprendan de él ni una coma.

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