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Tepoztlán resiste


Por Jorge Messeguer Guillén


Lamentamos mucho el fallecimiento del alcalde Rogelio Torres Ortega, hace apenas unos días anunció que se había contagiado de Covid19, hoy está muerto. Descanse en paz. El Tepozteco se quema muy rápido, los incendios devastan más de 320 hectáreas de bosque ante la mirada de asombro y de preocupación de los habitantes y de los visitantes de este pueblo mágico.

Los incendios son muy habituales en esta época del año, algunos como el actual se salen de control por la tardía intervención del estado, y amenaza a las comunidades aledañas. Recuerdo en 2013 un gran incendio que inició muy cerca de Tlayacapan y llegó hasta el Tepozteco. Fueron días de mucha tensión, de mucha incertidumbre, de mucho trabajo. Desde que se inició el fuego, nos percatamos que se extendía con mucha rapidez hacia el sur-poniente, amenazando a las poblaciones de Santo Domingo Ocotitlán, Amatlán de Quetzalcoatl y San Juan Tlacotenco.

Recuerdo que era un sábado ya entrada la noche cuando ante el peligro potencial que representaba el incendio, decidimos concentrar a todas, absolutamente a todas, las instancias de gobierno estatal, municipal y federal en una especie de cuarto de crisis coordinado por la Secretaría de Gobierno y la Sedena.

Al no contar con un helicóptero propio, decidimos rentar uno. Además el estado de México, la entonces PGR y el gobierno de la CDMX nos facilitaron helicópteros equipados con cisterna para poder combatir el fuego.

El gobernador solicitó de inmediato al gobierno federal su apoyo, acto seguido el Presidente de la República ordenó al secretario de Semarnat atender el incendio de manera personal. Al aterrizar en la XXIV Zona Militar sostuvimos una rápida reunión con los funcionarios federales y se decidió sobrevolar la zona siniestrada para verificar los daños y la superficie devastada.

Volamos por los altos de Tlayacapan y Tlalnepantla y constatamos que el fuego había sido provocado por la mano del hombre; se dijo que probablemente por un descuido en alguna quema agrícola. Siempre tuve la duda de que el fuego hubiera sido provocado de manera intencional por grupos delicuenciales.

Aterrizamos en el campo de futbol de Tepoztlán en donde habíamos establecido la coordinación de operación aérea. En dos días se logró contener el fuego y se pudo continuar con los trabajos en tierra para asegurar su total extinción. Un año después tuvimos otro incendio en las inmediaciones del Tepozteco, no tan extenso pero no menos peligroso por la zona de riscos en la cual se extendía el fuego. En esta ocasión, un voluntario y un regidor del ayuntamiento subieron a combatir el siniestro y quedaron atrapados por las llamas. Perdieron la vida de la manera más espantosa.

Hay que mencionar que Tepoztlán tiene grupos de voluntarios rescatistas que conocen perfectamente bien los caminos y las veredas de esos enigmáticos cerros, aunque a veces su valor, entrega y amor a sus cerros y a su tierra les cuesta la vida. Este año hemos tenido más de 50 incendios, pero en particular me referiré a dos de gran escala; el que se presentó en Huitzilac, en la zona de las lagunas de Zempoala, y al actual, en el Tepozteco.

El incendio de Huitzilac puso al descubierto a las mafias de talamontes que devastan impunemente el bosque ante la vista de la Guardia Nacional, la policía estatal y las autoridades omisas del municipio. Su atención fue tardía, lo que propició que el incendio se prolongara por varios días, llegando el humo hasta Cuernavaca, causando molestias en la población de Santa María y en toda la zona norte de la capital. Es preciso investigar y castigar a los culpables de los incendios. Mientras quede impune ese tipo de conductas, voluntarias o intencionales, se van a repetir año con año, con la agravante de que en años más secos el riesgo es mucho mayor. Los dos grandes incendios presentados hasta ahora en Morelos tienen en común un pequeñísimo detalle: la ausencia de la máxima autoridad del estado. No se ha visto al gobernador ni a su gabinete de primer nivel ni siquiera cerca de la zonas siniestradas. Las dimensiones de los incendios ameritaban la atención personal del titular del Ejecutivo. No ha sido así; debe andar en temas más importantes, o jugando golf en Tabachines. El gobierno federal, ante la magnitud del evento, envió a la directora de Protección Civil. Tampoco ha venido el secretario de Semarnat ni el titular de Profepa o algún secretario o subsecretario de estado, pero si el gobernador no los convoca, difícilmente vendrán. Como siempre, la sociedad civil se hace presente. Se han alzado voces de alerta y de auxilio de famosos artistas avecindados en Tepoztlán y de gran parte de la comunidad tepozteca. Ojalá estos llamados sirvan para sensibilizar a la autoridad máxima para voltear a ver a Tepoz y atender el incendio con más compromiso. ¡Urge! Mi reconocimiento a las brigadas estatales, federales y municipales que se la están rifando en un esfuerzo extraordinario. Ellos son los verdaderos héroes. A pesar de ausencias y omisiones, el pueblo de Tepoztlán se defiende, se organiza ¡y resiste!

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