• Ambiental News-Miguel Á.

Tu derecho a votar


¿Por qué las personas no salen a votar?

¿Por qué tramitan una credencial para votar, pero no les interesa ejercer su derecho al voto?

Queda demostrado que la credencial para votar ha representado más un instrumento para identificarse con plena eficacia ante instancias públicas y privadas, distantes del mundo electoral, que para ejercer el voto. La credencial se ocupa en por lo menos 10 trámites diferentes al ejercicio del voto.

Las listas que tienen los funcionarios cuando llegamos a ejercer nuestro voto en la casilla, es lo que se denomina listado nominal, es decir, todas aquellas ciudadanas y ciudadanos que estamos en aptitud legal de ejercer nuestro voto.

A manera de ejemplo, si la participación ciudadana en una elección intermedia como la federal del 2021, es de aproximadamente el 50% de los que aparecen en un listado nominal, salvo algunas excepciones, eso quiere decir que el 50% que no ejerce su voto, tramita su credencial porque le es útil para otros fines que son ajenos a los electorales.

Para tramitar la credencial para votar no se requiere que el ciudadano aporte un solo peso de manera directa, su costo lo absorbe el INE tantas veces como cambios de domicilio o extravíos se puede gestionar o reponer, con lo cual, un porcentaje importante del costo de la democracia está orientada a que la ciudadanía cuente con un instrumento para votar que paradójicamente no lo ocupa con esa finalidad, de acuerdo con su naturaleza.

Si bien el INE está obligado a garantizar el derecho al voto de todas y todos los ciudadanos que cuenten con una credencial para votar, habrá que sumar, el costo de las boletas electorales que se mandan a imprimir para que el 100% del listado nominal esté en condición de votar, eso quiere decir, que habrá un 50% de boletas electorales para efectos prácticos sin uso, con su consecuente afectación al medio ambiente.

En consecuencia, en esos rubros, el costo de la democracia es por lo menos un 100% mas caro, si se establece una relación directa en cifras, del número de ciudadanos que teniendo el derecho a ejercer su voto no lo hacen.

Esos costos, no son responsabilidad directa del ciudadano que no ejerce su voto, en buena medida, quizá no lo hace, porque las propuestas de los partidos políticos, candidatas y candidatos no constituyen soluciones reales que atiendan a sus problemas, por lo que, si no son capaces de conectar con la ciudadanía en una campaña electoral, difícilmente van a conectar con la ciudadanía ya siendo autoridad.

Me explico. Del total de ciudadanas y ciudadanos que en un proceso electoral votan por un candidato que resulta el ganador para un cargo determinado, quizá en el mejor de los casos, obtiene el 50% de los votos, lo que en términos reales representa tan solo una cuarta parte del total de la ciudadanía con derecho a votar, considerando que hay un 50% que no ejerció su voto y del 50% que votó, solo la mitad lo eligió.

Es probable, que algunas de sus propuestas hayan encontrado buena aceptación en el 50% de la ciudadanía que decidió votar por él, pero que no representa la mayoría de los ciudadanos con derecho a votar, mucho menos la mayoría de la población total.

En ese ejemplo en concreto, la mayoría de la población al escuchar a su representante, una vez que ganó la elección, no hace clic con sus palabras, con sus propuestas, con sus ideas, dado que, si en su momento como candidato no los convenció para que votaran por sus propuestas, ya en el cargo, se encontrará descontextualizado de la realidad de la mayoría de las personas a las que representa.

Si bien, lo descrito es común a prácticas democráticas, lo cierto es que quien gobierna, puede encontrarse tan lejano de la realidad de la población como el número de votos que consiguió que no son la mayoría de la ciudadanía que tiene derecho a votar, no obstante ello le autoriza a imponer su voluntad o sus ideas, por encima de quienes decidieron no votar, que tienen tanto derecho como la que ejerció su voto a su favor o quien decidió una opción diferente.

El costo de la democracia entonces, no solo se traduce en dinero que nos cuesta a todas y todos, y que estoy seguro, no debemos aceptar tácitamente en pagarlo, se traduce en miles o millones que no somos escuchados en nuestros problemas.

Nuestro derecho como ciudadanos es identificar que los resultados en la gestión de nuestros gobernantes deben ser un libro abierto con un índice conocido por toda la ciudadanía, sin tomos ocultos ni libros secretos y con políticos que sean humanos y sepan reconocer que todas las personas nos podemos equivocar dado que ganar una elección contrario a las prácticas de nuestro país, no te convierte en un ser perfecto.

Mtro. Antonio Gamboa Chabbán

Director General de Evidens, SC

antonio.gamboa@evidensmexico.com

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